Vidas Suspendidas (Protegiendo la Dehesa)

La biodiversidad y la agricultura tradicional es la solución para la seca. Esta es una de las conclusiones que se puede sacar de este magnífico documental que a través de la cultura popular y de la observación de aquellos/as que están, día a día y trabajan codo con codo con con la naturaleza, nos transmiten.
Paco Volante, es una de esas personas que a través de los conocimientos adquiridos mediante la observación, la sabiduría heredada de su abuelo y el que ha estado aprendiendo de su quehacer diario, nos previene a la vez que nos da una posible solución, ya contrastada por él, de los conflictos con los que se encuentra dentro del medio donde vive, trabaja y ama, la dehesa. En este corto, que es muy recomendable su visionado, podemos llegar a entender un poco la problemática del campo, la dehesa y el punto de vista de nuestro protagonista.

Con el documental Vidas Suspendidas buscamos dar una pincelada a algunos de los factores que intervienen en la desertización y el deterioro de nuestras dehesas. Se hace hincapié en la existencia de prácticas efectivas para evitarlo, como las que propone el protagonista del cortometraje, Paco Volante, ejemplo del compromiso de personas particulares que están consiguiendo abrir una vía esperanzadora de solución.

Paco, ha dedicado los últimos años de su vida a crear sus «cajas de biodiversidad» que, junto a otras buenas prácticas de suelo y de cuidados, ha logrado unas condiciones inmejorables de salud y control de plagas (en su finca, y en otras muchas).

El documental, además de rendirle un merecido homenaje, expone —mediante lenguaje cinematográfico— la sabiduría acumulada de Paco, desvelando las razones que, según su experiencia, nos ha llevado a esta situación.

Paco relata secuencialmente las prácticas que habían venido demostrando su sustentabilidad y que han sido aparcadas y sustituidas por otras que están suponiendo la ruptura del equilibrio biológico que mantenía sanas nuestras dehesas. Algunas de estas prácticas son:

La poda

La dehesa es un ecosistema con un grado elevado de intervención humana. Para aumentar su productividad, se favorecen pastos herbáceos, que alimentan al ganado en un ambiente caracterizado por la presencia de arbolado disperso de encinas y/o alcornoques. Nuestro protagonista hace una referencia clara a la necesidad de realizar podas con mucha precaución: «Mi abuelo me decía que las podas había que hacerlas con la parte de atrás del hacha». La poda debe realizarse por manos expertas. Podas excesivas pueden provocar infecciones del árbol que contribuyen a su debilitamiento, pudiendo acarrearles la muerte.

La carga ganadera. La trashumancia

Una de las afecciones que padece la dehesa es su intensificación, para adaptarse al modelo industrial  generalizado de producción  ganadera. Esto lleva a la sobreexplotación, introduciéndose más ganado del que puede soportar. Los suelos se quedan desnudos y fácilmente erosionables, lo que lleva a la desertificación.

Tradicionalmente, estos terrenos se podían dejar descansar gracias a la trashumancia de los ganados, que se desplazaban a pastos de montaña durante los meses de verano. Este trasiego ha sido posible gracias a la red de vías pecuarias, espacios de uso comunal, que se implantaron en todo el territorio.

Desafortunadamente el abandono de la trashumancia, vinculado a la estabulación del ganado con aporte de forraje externo a la finca, ha favorecido la usurpación y pérdida de miles de kilómetros de vías pecuarias.

La pérdida de biodiversidad

Uno de los problemas más graves de las dehesas es la pérdida de biodiversidad, que ha venido sufriendo desde hace 50 años, siendo la seca, y el decaimiento en general, síntomas de que el equilibrio biológico se ha roto, y «especies que criaban ahora no crían». Destacamos dos elementos, por un lado la intensificación del tratamiento de las plagas del arbolado mediante el abuso de pesticidas, y por otro, el desequilibrio de la cadena trófica, originado por la introducción de las enfermedades que han afectado al conejo.

Respecto al uso generalizado de pesticidas, apuntamos que tienen un rango de afección amplio, y no es nada específico, llegando a mermar las capacidades reproductivas de muchas especies. Se producen mortandades masivas en los casos más tóxicos como el DDT, que además presentan una pervivencia prolongada en el ecosistema y una transferencia entre especies.

«El conejo está en la base de la cadena trófica,» apunta Paco. La población de conejo ha descendido drásticamente debido a enfermedades como la mixomatosis y la neumonía hemorrágica vírica. Sin conejo, la cadena trófica se trastoca, y desaparecen las especies especialistas como el lince, que lo tenían como base de su dieta —«cuando yo era chico también había linces»—. El lince mantenía a raya poblaciones de depredadores generalistas, como zorros y meloncillos, que tienen una dieta más variada, y su aumento puede llegar a poner en peligro alguna de las especies que predan.

La simplificación del ecosistema, también facilita la expansión de otro generalistas depredadores, como córvidos o ratas, que afectan a las poblaciones de pajarillos insectívoros, los principales aliados en el control de las plagas de la dehesa.

Mientras, la Consejería de Medio Ambiente, consciente del problema, está desarrollando un Plan Director de la Dehesa en Andalucía, con un buen trabajo de diagnóstico de la situación, pero con propuestas que entendemos no son acordes a la gravedad del problema.

Para Ecologistas en Acción, uno de los patrocinadores del documental, ese plan debe incluir la figura de «dehesa en peligro», ya que no basta con políticas de fomento de buenas prácticas, dirigidas a incrementar los ingresos de la propiedad, sino que hay que garantizar la conservación de este ecosistema de gran valor socio-ambiental. Si estas buenas prácticas de conservación no se atienden, habrá que actuar esgrimiendo como último recurso la función social, y también ambiental, que entendemos tiene la propiedad para revertir a patrimonio público este bien común.

La situación es grave, las dehesas vienen sufriendo un proceso de deterioro por diversos factores, derivados de cambios de uso, intensificación de éstos, malas prácticas y abandono de otras, que están llevando al colapso a buena parte de las dehesas andaluzas. Se estima la pérdida de más de dos millones de árboles en los últimos diez años.

Ahora bien, ni el deterioro progresivo de las dehesas al que venimos asistiendo, ni su falta de rentabilidad puede ser argumento para que se permita su paulatina transformación en cultivos agrícolas o forestales, como viene ocurriendo con la complacencia de la administración ambiental. Estas transformaciones sólo agravan el problema, amplificando el deterioro ambiental. La dehesa representa el máximo potencial productivo con criterios de sostenibilidad, no soportando mayores intensificaciones de uso sin caer en procesos de erosión y desertificación.

Juan Cuesta de Ecologistas en Acción y Anna Elías autora del documental

 

 

 

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