Un nuevo marco mundial para la protección de la biodiversidad

Todas las especies están interconectadas. El hecho de que no podamos ver sus vínculos o medir su llamado beneficio o servicio a la humanidad, no significa que no contribuyen al equilibrio de nuestro planeta. Un ambiente sano es un derecho humano en muchas maneras. Nos permite disfrutar de nuestros derechos básicos, pero también vivir en paz. La evidencia creciente muestra que el declive de la biodiversidad y el deterioro y la destrucción de los ecosistemas conducen a crisis sociales y humanitarias masivas, e incluso a conflictos armados.

Hace casi diez años, el Convenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica aprobó los Objetivos de Aichi para la protección global de las especies. Las evidencias muestran que las medidas tomadas no han sido suficientes. ¿Cómo debería ser un nuevo marco general de protección de la diversidad biológica?

En el año 2010, la comunidad ambiental global celebró la aprobación de una significativa decisión del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CBD, por sus siglas en inglés). Las partes establecieron un nuevo plan de trabajo [1] para el periodo de 2011 a 2020, implementado a través de los Objetivos de Aichi, como parte de un amplio marco sobre biodiversidad para todo el sistema de Naciones Unidas.

Hoy, casi llegando al fin del plan de trabajo, las evidencias muestran que las acciones realizadas no han sido suficientes para alcanzar los objetivos y que más medidas urgentes y efectivas son necesarias para reducir las amenazas a la biodiversidad. La evaluación intermedia sobre la consecución de los objetivos mostró que ningún objetivo estaba en camino de estar cumplido, salvo el Objetivo 16, relativo a la entrada en vigor y funcionamiento del Protocolo de Nagoya. En su sexta sesión plenaria, la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES, por sus letras en inglés) aprobó una serie de evaluaciones regionales y subregionales de biodiversidad y servicios ecosistémicos, y proporcionó resúmenes de estas a tomadores de decisiones. Aunque todos destacan la importancia de la biodiversidad para el bienestar de los seres humanos, también señalan que las amenazas a la biodiversidad continúan incrementándose, incluyendo al cambio climático, las especies exóticas invasoras, la contaminación y el uso insostenible de los recursos.[2]

El reporte global sobre biodiversidad, publicado en mayo de este año por la IPBES y aprobado durante su séptima sesión plenaria en París, es una de las más extensas evaluaciones de este tipo. Muestra una disminución de los hábitats naturales sin precedentes en la historia de la humanidad, con la alarmante cifra de un millón de especies que enfrentan la extinción.

El mensaje principal aclara que la naturaleza está produciendo más alimentos, energía y materiales para los seres humanos que nunca, pero esto es a expensas de su capacidad de seguir haciéndolo en el futuro. Además, muestra con ejemplos claros la distribución desigual de los recursos naturales. Quizá uno de los casos más alarmantes es el de la producción alimentaria: mientras hay suficiente alimentos para cubrir las necesidades globales, el 11% de la populación global sufre mala nutrición.

Cabe señalar que el resumen para tomadores de decisiones[3] utiliza un lenguaje claro para nombrar a los impulsores del declive de la naturaleza: el crecimiento continuo de la población, el aumento del poder adquisitivo y del consumo per cápita. Además, enuncia claramente que un “todo sigue igual” ya no es posible y subraya la necesidad urgente de cambios sustanciales hacia reformas del mercado.

En 2020, la 15ª Conferencia de las Partes del Convenio sobre la Diversidad Biológica (COP 15) deberá aprobar un nuevo Marco Global de Biodiversidad (GBF, por sus siglas en inglés), que podría representar una nueva oportunidad para responder a estas crisis urgentes. La Decisión 14/343[4], aprobada en Sharm El Sheik durante la COP 14, define los pasos hasta la COP 15. Se estableció un grupo abierto de trabajo, que se reúne durante el periodo entre las sesiones para apoyar la preparación del GBF posterior a 2020 e invita a la Asamblea General de las Naciones Unidas a que convoque a una cumbre de alto nivel sobre biodiversidad en 2020, a nivel de Jefes de Estado y Jefes de Gobierno. La Decisión también formula una serie de principios que forman la base del plan de acción y establece un proceso de consulta abierto a la sociedad civil. Esto incluye la posibilidad de asistir a reuniones regionales de consulta y, mediante propuestas, realizar aportes a los documentos de discusión preparados por el Secretariado de la Convención.

La sociedad civil tiene una influencia relevante en el CBD

Es justo reconocer que el CBD está abierto en gran medida a la sociedad civil, pero no debemos perder de vista que cuando se abre una puerta para quienes son titulares de derechos y partes interesadas, es posible que se abra una puerta aún más grande para los intereses privados. La influencia de las corporaciones en los organismos ambientales de la ONU es evidente y, desafortunadamente, está creciendo en el CBD. En 2017, un grupo de organizaciones de la sociedad civil alertó de que una empresa de relaciones públicas de biotecnología había contratado a varias personas para participar en un foro de expertos en línea, organizado por el Secretariado del CBD, que debía proporcionar asesoría sobre biología sintética.[5] Las evidencias mostraron que, aunque las personas fueron nominadas como expertos independientes, estaban claramente coordinadas para influir las discusiones. Gracias a las acciones inmediatas de la sociedad civil, la COP 14 adoptó un procedimiento para evitar o enfrentar conflictos de interés en los grupos de trabajo.[6] Este fue ciertamente un paso importante, pero aún no es suficiente para detener y prevenir la influencia de las corporaciones en la Convención en su totalidad.

En este contexto, la participación de la sociedad civil en la adopción de un nuevo Marco Global de Biodiversidad es más relevante que nunca. En la primera ronda de propuestas, diversas organizaciones mencionaron varios problemas comunes , que incluyen:

  • La necesidad de abordar los verdaderos impulsores y responsables del declive de la biodiversidad. A este respecto, se han mostrado niveles de progreso bajos a moderados en el llamado proceso de integración dentro de la Convención; recientemente se ha establecido un grupo de trabajo para trabajar en un plan de acción a largo plazo.
  • Un mecanismo efectivo de rendición de cuentas, que está ausente no solo en el CBD, sino en todos los principales acuerdos ambientales; se debe implementar un mecanismo para garantizar que las Partes cumplan con sus compromisos.
  • La crítica a la idea de incluir un sistema de compromiso voluntario en el nuevo GBF, similar al Acuerdo de París bajo el proceso de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Mientras que algunos argumentan que podría crear la voluntad política tan necesaria, otros opinan que este sistema tiene varias desventajas, incluida la inevitable brecha entre lo que debe hacerse y lo que las Partes están dispuestas a hacer.

Una de las ideas comunes entre varias organizaciones es, que el nuevo Marco Global de Biodiversidad debe tener un enfoque sólido basado en los derechos y para eso hay buenas razones. Según un informe de Global Witness, el año 2017 ha sido el más mortífero para los defensores ambientales de que se tenga registro. Al menos 207 personas fueron asesinadas, y se ha vinculado a la agroindustria con la mayoría de estos crímenes..[7] Aunque es inconcebible que tantas vidas humanas sean perdidas en aras de las ganancia, es esta misma codicia la que está llevando a la extinción de varias especies – con una tasa de extinción entre 1,000 y 10,000 veces mayor que la natural-. ¿Quién debe protegerlas si no pueden hablar por sí mismas?

Todas las especies están interconectadas. El hecho de que no podamos ver sus vínculos o medir su llamado beneficio o servicio a la humanidad, no significa que no contribuyen al equilibrio de nuestro planeta. Un ambiente sano es un derecho humano en muchas maneras. Nos permite disfrutar de nuestros derechos básicos, pero también vivir en paz. La evidencia creciente muestra que el declive de la biodiversidad y el deterioro y la destrucción de los ecosistemas conducen a crisis sociales y humanitarias masivas, e incluso a conflictos armados. Un ejemplo claro es la extinción del Lago Chad en África, que ha provocado el desplazamiento de alrededor de 2 millones de personas. Muchas de ellas han llegado a estados tan vulnerables que, debido a la competencia por los recursos, han surgido conflictos armados.

Se deben considerar algunos elementos técnicos al adoptar un nuevo Marco Global de Biodiversidad, pero reconocer que la biodiversidad es vida probablemente debería ser el punto de partida para su elaboración. Para proteger la vida, necesitamos justicia y acciones concretas para alejarnos de las vías de desarrollo que la amenazan.

 

[1] UNEP/CBD/COP/DEC/X/2

[2] Accessible en https://www.ipbes.net/outcomes

[3] Accessible en https://www.biodiversidad.gob.mx

[4] CBD/COP/DEC/14/34

[5] http://genedrivefiles.synbiowatch.org/2017/12/01/conflict-of-interest-cbd/

[6] CBD/COP/DEC/14/33

[7] Global Witness. (2017). At What Cost? Irresponsible Business and the Murder of Land and Environmental Defenders in 2017. Accessible en: https://www.globalwitness.org/en/campaigns/environmental-activists/defenders-annual-report/

 

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