¿Qué cambios ha provocado la crisis del coronavirus en la estrategia “De la Granja a la Mesa” de la UE?

¿Qué ha cambiado la crisis del coronavirus en la estrategia “De la Granja a la Mesa” de la Unión Europea (UE)? Una de las principales “lecciones” que se podrían extraer de esta pandemia global es la necesidad de transformar urgentemente nuestros sistemas alimentarios para que sean sostenibles, según aseguran los expertos Nick Jacobs, Celia Nyssens y Nikolai Pushkarev.

¿Está la pandemia de coronavirus demostrando la “resiliencia” de nuestros sistemas alimentarios, o pone en evidencia que esos sistemas están “rotos”? A falta de pocos días para la presentación de la estrategia “De la Granja a la Mesa” de la UE, y con muchos de sus elementos clave todavía por definir, está demostrando ser uno de los principales campos de batalla del panorama “post-COVID” en Europa.

Pero la cuestión de si los sistemas alimentarios europeos están “resquebrajados” o no, nos hace perder de vista el asunto central: Una casa con un techo que tiene goteras y cimientos que se oxidan rápidamente no está destrozada, e incluso puede parecer sólida vista desde fuera,  pero desde luego no es un lugar seguro para vivir.

Mientras las cuarentenas y los cambios en la demanda han interrumpido (brevemente) las cadenas de suministro, los alimentos -por lo general- han seguido fluyendo. Eso ha hecho que algunos aseguren que el sistema es “resistente”: la casa sigue en pie, sí. ¿Pero es una prueba de la sostenibilidad del sistema alimentario?

Probablemente no. La pregunta fundamental es pues: ¿son capaces los sistemas alimentarios de proporcionar dietas saludables y sostenibles para todos, y medios de vida dignos para los trabajadores del sistema alimentario, ahora y en un contexto futuro de volatilidad creciente y crisis climáticas?

La ONU prevé que la hambruna se duplique por la pandemia

En esos casos, la COVID-19 deja en evidencia grandes grietas bajo de la superficie. Los sistemas alimentarios no funcionan para los agricultores con ingresos siempre bajos, y que ahora no pueden vender sus productos. No están trabajando para trabajadores agrícolas estacionales obligados a vivir y desempeñar su tarea en condiciones insalubres en medio de una pandemia, o para conductores de reparto con contratos de “cero horas” sin derecho a baja por enfermedad.

Tampoco satisfacen las necesidades de las poblaciones de bajos ingresos con poco acceso a alimentos saludables que sufren de manera desproporcionada patologías relacionadas con la dieta. Y los sistemas alimentarios, sin duda, no están funcionando para las personas más pobres del mundo, y además, la ONU prevé que la hambruna se duplique a raíz de la pandemia.

Evitar seguir “con lo de siempre”

Además, como han señalado los asesores científicos de la Comisión, los sistemas alimentarios son esencialmente insostenibles en todos los aspectos: ambientales, económicos y sociales. “Continuar con `lo de siempre´  pondrá en peligro de manera notable los recursos naturales, nuestra salud, el clima y la economía”.

Lo que sí ha demostrado su “resiliencia”, por lo tanto, es la capacidad del modelo de sistema alimentario industrial y desigual de seguir funcionando a pesar de la prueba cada vez más evidente de sus deficiencias. La crisis actual se ha aprovechado como una oportunidad para revertir el progreso, es decir, frenar la estrategia “De la Granja a la Mesa”, blindar a la Política Agrícola Común (PAC) ante una reforma en profundidad y, con el pretexto de impulsar la “seguridad alimentaria”, distraer la atención hacia la generación  de calorías en lugar de centrarla en la nutrición.

La estrategia “De la Granja a la Mesa”, y el Pacto Verde Europeo ampliado, ofrecen la oportunidad de demostrar que la sostenibilidad y la seguridad alimentaria están indisolublemente ligadas, de identificar la transición a sistemas alimentarios sostenibles como la vía hacia la “resiliencia” y la seguridad alimentaria, y de poner en marcha una transformación a largo plazo de nuestro sistema alimentario que los científicos, la sociedad civil y los grupos agrícolas llevan pidiendo.

Mientras nos preparamos para el mundo “post coronavirus”, necesitamos políticas transformadoras para reparar las grietas y ampliar y apoyar las nuevas innovaciones sociales que han surgido durante la crisis. Por lo tanto, la estrategia “De la Granja a la Mesa” debería cumplir con las siguientes metas:

Garantizar el sustento en base a condiciones seguras y sueldos dignos. La estrategia ofrece una oportunidad única para romper los ciclos de precios agrícolas a la producción, ingresos agrícolas inseguros y dependencia de los subsidios de la PAC. La COVID-19 ha demostrado que los agricultores y trabajadores del sector alimentario se enfrentan a enormes riesgos y recogen muy poco valor, haciendo que esta situación sea cada vez más insostenible.

Apoyar la innovación social y las cadenas de suministro cortas. Al igual que los amortiguadores, las asociaciones de ciudadanos y los productores han encontrado formas innovadoras de vender, transportar y distribuir alimentos durante la crisis. En toda la UE (por ejemplo, en Francia y Polonia), la demanda se ha disparado por programas agrícolas con apoyo comunitario (CSA) y otras modalidades de venta directa. Estas cadenas de suministro cortas en general están funcionando bien en medio de las tensiones de la crisis, y ahora deben ampliarse.

Acelerar el cambio hacia la agricultura ecológica. La construcción de un sistema alimentario sostenible y “resiliente” requiere diversidad a todos los niveles, desde el campo, a los niveles agrícolas y regionales, a través de un cambio de paradigma hacia la “agroecología”, tal como han admitido la FAO, el IPCC y el IPBES. Este cambio puede incrementar la capacidad de recuperación, al ralentizar la destrucción del hábitat que provoca brotes de enfermedades y proporcionar empleos seguros durante todo el año, lo cual reduce la dependencia de las fuerzas laborales temporales.

Crear “entornos alimentarios” que impulsen dietas saludables y sostenibles. Una transición de sistemas alimentarios sostenibles requiere un cambio colectivo en los patrones de alimentación hacia dietas saludables y más ricas en plantas. No se trata de decirle a la gente qué comer o de “imponer una dieta global”. Significa crear entornos alimentarios propicios donde las opciones de alimentos saludables y sostenibles sean alternativas predeterminadas, más atractivas y asequibles.

Para catalizar esos cambios, la UE tendrá que fijar objetivos ambiciosos respaldados por acciones y recursos, por ejemplo, para reducir el uso de pesticidas y fertilizantes, pero también relacionados con la nutrición, el empleo o la protección del suelo, por nombrar solo algunos.

El hecho de que las cadenas de suministro de alimentos no se hayan hundido no significa que sean sostenibles o justas. A medida que comenzamos a planificar el mundo posterior al coronavirus, debemos seguir transitando de la mano de científicos y expertos. Y su opinión es unánime: “es necesario un cambio drástico del sistema en su conjunto”.

Hacer “lo de siempre” (business as usual) “ya no es una opción viable”.

Esta tribuna ha sido publicada inicialmente en el portal EURACTIV.com, socio de EFE / Traducción-translated by F.Heller

Nick Jacobs es director del Grupo Internacional de Expertos en Alimentos Sostenibles (IPES-Food)

Celia Nyssens es experta en políticas agrícolas en la plataforma ambiental paneuropea (EEB)

 

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