¿Puede el arroz sobrevivir al cambio climático?

Cada mes de junio, los campos tailandeses se llenan de millones de agricultores que comienzan a plantar el tradicional arroz, la base de la alimentación del país. Sin embargo, en 2015, la tierra estaba tan seca que el gobierno les pidió que retrasaran el inicio de la temporada y que se abstuvieran de realizar una segunda cosecha durante la época invernal. Aquel año la producción cayó un 15% y el segundo exportador mundial de arroz tardaría dos años en recuperar los niveles previos de producción.

Tailandia no es el único país del mundo cuyo arroz está amenazado por los cambios en los patrones de lluvias y temperaturas que se han anunciado con la emergencia climática. En Vietnam, la subida del nivel del mar salinizará tanto los campos que dejarán de ser productivos. En Bengala Occidental, al este de la India, las inundaciones y las sequías ya provocan malas cosechas recurrentes. “El arroz es muy vulnerable al cambio climático, de forma que elementos como el nivel del mar, la salinidad, el incremento de la temperatura afectarán la producción de arroz”, asegura el investigador y consultor sobre asuntos agrícolas Wyn Ellis.

Numerosas investigaciones científicas han confirmado esta vulnerabilidad del arroz ante el cambio climático. Así, según un estudio publicado en la revista Nature, el incremento de las temperaturas podría aumentar la concentración de arsénico en los campos de arroz y reducir su productividad casi un 40% de aquí a 2100. Otros estudios prevén también caídas en la producción en lugares tan dispares como Kenia o India si no se establecen medidas de adaptación.

En un mundo en el que casi la mitad de la población -3.500 millones de personas según la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO)- depende del arroz para su subsistencia, sobre todo en Asia, esta reducción de la productividad podría ser fatal para la soberanía alimentaria global. Sin embargo, la escasez de arroz se sentiría en todo el mundo, ya que este cereal supone aproximadamente el 20% de las calorías totales consumidas en el mundo.

Irónicamente, el arroz es al mismo tiempo uno de los cultivos que más contribuye al cambio climático, ya que produce el 10% de las emisiones globales de metano. Por ello, un total de 48 países han incluido el arroz dentro de sus estrategias nacionales de reducción emisiones (NDCs, en inglés) para luchar contra el cambio climático.

El arroz acapara además entre el 34 y el 43% del total del agua utilizada para irrigación en el mundo. “El arroz utiliza más agua que cualquier otro cultivo”, asegura Ellis (que coordina la plataforma Sustainable Rice Platform -SRP-). Su cultivo intensivo también desgasta el suelo y reduce su fertilidad. “El monocultivo intensivo de arroz en Asia con dos y tres [temporadas] está asociado con la disminución de los micronutrientes del suelo, el aumento de la toxicidad del suelo y una alta incidencia de plagas y enfermedades”, dice la FAO en un informe. El arroz es también el tercer cultivo con una mayor extensión dedicada en el mundo, con un total de 167 millones de hectáreas en 2018, sólo por detrás del trigo y el maíz.

Sin embargo, apenas hay concienciación en comparación a otros cultivos, como el aceite de palma, la soja o la madera. “Se ignora el arroz a pesar de que el impacto medioambiental [de estos otros cultivos] es mucho menor”, asegura el coordinador de la SRP. “Tenemos que desplazar nuestra atención de los cultivos de alto perfil a los cultivos de alto impacto”.

Es lo que el propio Ellis está intentando hacer al frente de la Plataforma por un Arroz Sostenible (SRP), un proyecto que establece estándares de sostenibilidad social y medioambiental para el arroz, bajo el auspicio de Naciones Unidas y el Instituto Internacional de Investigación sobre el Arroz (IRRI, en sus siglas en inglés).

La Plataforma, que en la actualidad trabaja con 5 millones de agricultores en 22 países, funciona como un sello de sostenibilidad con criterios que los campesinos tienen que cumplir para obtener la certificación. Entre esos criterios se incluye la reducción del uso de fertilizantes, la gestión integrada de plagas, y, recibe especial atención, el buen uso del agua. “El arroz tiene que ser visto no sólo como una materia prima, sino como un cultivo que es parte de un paisaje […] donde el agua tiene que ser utilizada de forma más inteligente”, asegura Ellis.

La Plataforma espera que la llegada del sello a los estantes de los supermercados haga reflexionar a los consumidores sobre los impactos de esta industria y que premien con su compra el cultivo sostenible de arroz. “Si no actuamos vamos a ver más volatilidad y cadenas de producción menos estables [por lo que] los precios se dispararán en los próximos 25 años”, explica Ellis.

Nuevos calendarios de siembra y rotaciones de cultivos

Al igual que los agricultores tailandeses, los campesinos en Vietnam también están modificando su calendario de siembra. Sin embargo, en su caso, el problema no es la falta de agua, sino su exceso. Pero de un agua que no permite crecer al arroz: el agua del mar.

El delta del río Mekong lleva años sufriendo problemas de intrusión del agua del mar, lo que está afectando a las cosechas de una región que produce hasta el 50% del arroz del país. El aumento del nivel del mar no es la única razón; la construcción de presas y la escasez de lluvias en la zona alta del río también hacen que el Mekong llegue con menos caudal al delta y que no tenga fuerza para empujar el agua de mar, explica Leo Sebastian, investigador del IRRI. “Ya se está viendo que el cambio climático y eventos como El Niño están teniendo un gran impacto en el delta del Mekong”, asegura el científico. El Niño es un evento meteorológico que suele venir acompañado de sequías.

Para reducir el daño ocasionado por la intrusión salina, Sebastian está trabajando en un mapa que identifica las zonas de mayor riesgo para que los campesinos sepan cuándo tienen que plantar. “Normalmente se recoge la siembra a finales de febrero o en marzo pero si plantan antes, pueden recoger a principios de febrero y evitar que la intrusión salina destroce la cosecha”, explica Sebastian. En El Niño de 2016 (antes de que se pusiera en marcha el mapa), 200.000 hectáreas de arroz sucumbieron a la subida del mar.

Sin embargo, a pesar de las medidas de adaptación, que también incluyen diques y sistemas de irrigación adaptados, en algunas zonas del delta se verán obligados a sustituir el arroz por cultivos resistentes, como el coco. “Siempre habrá cultivos que se puedan plantar. Es la naturaleza humana [buscar soluciones], pero también habrá siempre cultivos que se pueden adaptar a condiciones diferentes”, asegura Sebastian. Otra opción, apunta el científico, es que proliferen aún más las piscifactorías de gambas que son ya populares en la zona. “El mercado será quien decida qué se produce”, afirma.

En otros lugares del mundo, se están ensayando otras alternativas para que el arroz sobreviva a estas condiciones cada vez más hostiles. Así, en algunos lugares, como en Tailandia, se está rotando con otros cultivos, como el cáñamo marrón.

“Estamos intentando desalentar el cultivo intensivo y que haya rotaciones con otros cultivos”, explica Ellis. También se está probando el llamado arroz aeróbico, capaz de crecer con menor cantidad de agua. A lo que se une que algunas regiones están desechando la famosa variedad IR8 (que con su alta productividad fue la base de la Revolución Verde a partir de los años 60) para volver a variedades autóctonas menos agresivas con el suelo. El IRRI, de donde salió ese mismo IR8, está desarrollando también un arroz tolerante al agua salada, y varios laboratorios están trabajando en variedades que soporten mejor las sequías.

Y aunque hoy la historia del arroz se cuenta en Asia, Ellis asegura que la adaptación de este cereal será clave en el desarrollo de regiones como África -que se ha convertido en el continente donde más crece el consumo- y en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible a nivel mundial. “Todos nosotros tenemos un papel para asegurar que podemos tener una provisión sostenible de comida durante los próximos años”, concluye el coordinador de la Plataforma por un Arroz Sostenible.

informe FAO: http://www.fao.org/ag/save-and-grow/MRW/en/1/index.html

estudio publicado en la revista Naturehttps://www.nature.com/articles/s41467-019-12946-4.pdf

 

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