Profesionales médicos alertan de los riesgos para la salud pública de las macrogranjas

Clamor sanitario contra las macrogranjas de cerdos

Las macrogranjas de cerdos tienen efectos secundarios. “La contaminación del agua causada por la filtración de purines altera el equilibrio del ecosistema acuático, favorece la resistencia a los antibióticos y puede ser vector de transmisión de varias enfermedades”. “El aire también puede verse contaminado por las emanaciones producidas en las granjas”, lo que se traduciría en consecuencias nocivas para la salud. Y es que, sólo el olor, puede acabar provocando estrés e hipertensión. Médicos como el neumólogo Jesús Martínez-Moratalla o la intensivista Ángela Prado Mira han alzado la voz, citando decenas de artículos científicos, para advertir que las macrogranjas de cerdos pueden suponer un problema de salud pública por los residuos que generan, los purines.

lpera, Ayora, Tarazona de La Mancha, Pozuelo o Montealegre del Castillo. Los macroproyectos de granjas de cerdos planean sobre pequeñas poblaciones que están en pie de guerra. Así, el informe de la intensivista albaceteña advierte de que hasta ahora se ha prestado poca atención a cómo el uso de antibióticos en las granjas contribuye al problema general de la resistencia. La Medicina Veterinaria cada vez concede mayor importancia al uso restringido de estos fármacos en animales criados para consumo humano. Y es que si suministramos antibióticos de forma indiscriminada a los animales destinados al consumo humano, estos desarrollarán cepas comensales resistentes a los antibióticos, que posteriormente podrían pasar al ser humano a través de los diferentes productos alimentarios.

Para acelerar la ganancia de peso en los animales y prevenir enfermedades, macrogranjas de cerdos de cría intensiva suministran antibióticos. De hecho, Entre 2001 y 2009, el consumo de antibióticos en la producción animal aumentó un 45%, y más del 80% de los fármacos recetados fueron utilizados en el sector porcino.

Pero el problema no está sólo en el agua, en la tierra y en la carne. Se pueden producir malos olores causados por gases tóxicos como el sulfhídrico y el amoniaco, con el consecuente impacto sobre el paisaje y la comunidad de vecinos. La atmósfera sería irrespirable durante casi todo el año en un radio de varios kilómetros en torno a las explotaciones, las balsas de decantación y las parcelas sujetas a abonado de purines. Este hecho, junto a la existencia de moscas y demás fauna oportunista, erosionarían gravemente el potencial turístico de los municipios colindantes.

El doctor Martínez-Moratalla también insiste en que parte de los purines pasan al aire en forma de gases que se pueden transformar en aerosoles respirables, unos irritantes que, mantenidos en el tiempo, pueden producir inflamación de la vía aérea y causar enfermedades respiratorias. A su juicio, estas macrogranjas de cerdos son un problema de salud para los trabajadores y para la población colindante.

“Cerdos siempre ha habido, pero es cuestión de dosis”, insiste el neumólogo albaceteño. En su opinión, como médico y posible afectado, el problema radica en las macrogranjas no en las pequeñas explotaciones dispersas. “No se puede asumir tanto producto. El peligro está en la desproporción”.

El Informe, redactado por la Dra. Ángela Prado pone de manifiesto los peligros de estas instalaciones industriales en la salud pública.

El Informe titulado “Riesgos para la Salud Pública relacionados con la instalación de macrogranjas porcinas” ha sido redactado por la Dra. Ángela Prado, médico intensivista del Hospital General de Albacete, ante la oleada de solicitudes de explotaciones industriales de porcino en Castilla-La Mancha. Como indica en la introducción al estudio, esta avalancha viene dada por los problemas que está causando esta industria en otros países europeos, los cuales han endurecido su legislación con el fin de controlar sus efectos adversos, es el caso de Holanda y Dinamarca. “Es debido a esta política restrictiva que muchas empresas hayan decidido trasladar sus explotaciones a otras zonas de Europa donde la normativa ambiental no es tan estricta, como España”, concluye.

Entre sus conclusiones, destaca como el problema de la resistencia a los antibióticos, afirmando que “si suministramos antibióticos de forma indiscriminada a los animales destinados al consumo humano, estos animales desarrollaran cepas comensales resistentes a los antibióticos, que posteriormente podrían pasar al ser humano a través de los diferentes productos alimentarios”.

El problema generado en el agua por la contaminación de nitratos de los purines, residuos de estas instalaciones, queda patente también en el estudio, ampliamente documentado, subrayando que “publicaciones científicas han identificado la relación entre el tamaño de la cabaña porcina en una zona determinada y las elevadas concentraciones de nitratos en las fuentes locales de agua”.

Las gases generados es otro de los aspectos estudiados, especialmente el amoniaco y el sulfuro de hidrógeno. Según se indica, “España está obligada a introducir en el Registro Estatal de Emisiones y Fuentes Contaminantes aquellos valores que superen el umbral permitido de 10.000 kilos al año. En la última década, 2330 empresas de nuestro país se excedieron en sus emisiones de amoniaco a la atmósfera. De ellas, casi el 94% eran granjas”. “Niveles altos de amoníaco se pueden producir cuando se aplican purines que contienen amoníaco o compuestos de amonio a terrenos agrícolas, y de esta manera provocar varios síntomas, en función de la concentración, tiempo de permanencia, temperatura ambiente, distancia al foco, susceptibilidad individual, etc.”

Ante el evidente riesgo que supone la ganadería industrial para la Salud Pública, la Dra. Ángela Prado sostiene finalmente en su Informe con respecto a estas explotaciones que “los beneficios que puedan conllevar en modo alguno superan los perjuicios que suponen”.

Para descargar el informe completo : Riesgos_para_la_Salud_Publica_relacionados_con_la_instalacion_de_macrogranjas_porcinas,_Dra._Angela_Prado_Mira

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