‘No quiero guerra, quiero tierra’ : 24 años de la masacre de Eldorado dos Carajás, símbolo de la impunidad contra los sin tierra en Brasil

“Viva el MST”. Oziel Alves Pereira tenía 19 años. Pocas horas antes, esa era la consigna que decía en el micrófono del carro de sonido de una marcha de cientos de trabajadores rurales Sin Tierras en la carretera BR 150 en el Estado de Pará. Ahora se encontraba herido, arrodillado y bajo la mira de un arma. Los policías decían “grita de nuevo si tienes coraje”. Y Oziel repitió “Viva el MST”. Fueron sus últimas palabras. No sabemos cuáles fueron las últimas palabras de las otras veinte personas muertas por la Policía Militar brasileña en aquél día, pero conocemos sus nombres: Altamiro Ricardo da Silva, Antonio Costa Dias, Raimundo Lopes Pereira, Leonardo Batista Almeida, Graciano Olimpio de Almeida, José Ribamar Alves de Souza, Robson Vitor Sobrinho, Amâncio dos Santos Silva, Valdemir Ferreira da Silva, Joaquim Pereira Veras, João Rodrigues Araújo, Manoel Gomes de Souza, Lourival da Costa Santana, Antonio Alves da Cruz, Abílio Alves Rabelo, João Carneiro da Silva, Antonio, José Alves da Silva.

Así como otros 69 heridos, todos eran trabajadores sin tierra, todos marchaban en dirección a la capital del Estado para reivindicar la reforma agraria. En un Estado donde, entre 1971 y 2007, 819 personas fallecieron en conflictos por la tierra, estos nombres estarían ligados a la estadística de la violencia de un territorio donde los intereses del Estado, del latifundio y de grandes empresas se confunden; donde la vida humana vale poco, muy poco.

Cuando el Gobernador Almir Gabriel, del PSDB, mismo partido del entonces presidente Fernando Henrique Cardoso, ordenó la retirada de los manifestantes de la ruta, quería hacer de ello una acción ejemplar. Y lo fue. 155 policías, sin identificación, mezclados con pistoleros de grandes latifundios y transportados con recursos de la empresa Vale do Rio Doce.

La masacre sería ejemplo, además, de la acción de la Justicia Brasileña: de los 144 policías llevados al banco de los acusados, sólo dos fueron condenados. Los responsables políticos, incluso el Gobernador, hoy fallecido, jamás fueron responsabilizados. Entre los heridos, pocos recibieron indemnización del Estado y los que reciben, ganan poco más de 100 dólares mensuales de indemnización.

“Todo el día, todo el día, todo el día”. Es así que Maria Raimunda Agapito, 62 años, se refiere a los recuerdos del 17 de abril de 1996 – día en que ocurrió la Masacre de Eldorado dos Carajás. “Cuando recuerdo, de noche, cierro los ojos, parece que estoy viendo. Nunca salió de mi cabeza. Todo el tiempo”, relató la sobreviviente.

Raimunda hacía parte de un grupo de más de 1,5 mil personas, entre mujeres, hombres y niños organizados en el MST, que marchaba rumbo a Belém – la capital del estado de Pará – para reivindicar la desapropiación de la Hacienda Macaxeira, ubicada en Eldorado dos Carajás, ocupada desde noviembre de 1995. Ellos pedían también políticas de asistencia para el Asentamiento Palmares, en la ciudad de Parauapebas – en el Sur de Pará –, desde donde partió la caminata.

Después de siete días de andar, cansadas y sin comida, las familias decidieron ocupar la ruta para negociar alimentos y transporte con el gobierno del estado, en la época comandado por Almir Gabriel (Partido Social Democrático Brasileiro – PSDB).

“Las negociaciones eran de que 50 ómnibus vinieran al encuentro de nuestra marcha, que serían providenciados por el gobierno del estado. Los coches no vinieron. Se fue percibiendo que no había intención del gobierno de transformar la marcha en una caravana hasta Belém”, apuntó Jorge Néri, dirigente estadual del movimiento.

Él recuerda que, en vez de apoyo a los sin-tierra, estaba siendo planeada una operación policial para desestructurar la lucha por la tierra en la región. “El estado y las oligarquías se articularon para aniquilar físicamente a líderes del MST”, destacó Néri, mientras recordaba que según las pericias de la morgue muchas de las muertes ocurrieron por tiros a quema-ropa.

‘No quiero guerra, quiero tierra’ : 24 años de la masacre de Eldorado dos Carajás, símbolo de la impunidad contra los sin tierra en Brasil

Impunidad

Pasados 24años, los dos comandos de las tropas están presos. Ellos son el coronel Mário Colares Pantoja y mayor José Maria Oliveira, que recibieron penas de 280 y 158 años, respectivamente. Los policías de patente inferiores también fueron al juzgados, pero todos fueron absueltos.

De acuerdo con el fiscal Marco Aurelio Nascimento, que actuó en el caso, la manipulación de la escena del crimen por la policía con la retirada de los cuerpos, la ausencia de identificación en el uniforme de los agentes, la desaparición del registro de armas (que identifica cual armamento fue usado por los policías) impidieron la individualización de las responsabilidades y, por los tanto, la condena de ellos.

Para el abogado de la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT), José Batista Afonso, que fue asistente de acusación en el juzgamiento, la Masacre de Eldorado dos Carajás “fue un caso típico de impunidad”. “El entonces gobernador del estado, Almir Gabriel; el Secretario de Seguridad Pública, Paulo Sette Camara; y el entonces comandante de la PM, Fabiano Lopez, fueron absueltos del proceso de investigación, y, consecuentemente, no fueron denunciados. Restó la tentativa de responsabilizar a los 155 policiales que participaron de la acción. O sea, esa cadena de comando desde el inicio fue rota”, analizó

La memoria de los sobrevivientes

Liberar la ruta, mismo que fuera necesario el uso de la fuerza. Esa fue la orden, según el Ministerio Público, dada por el secretario de Seguridad Pública de Pará en la época, Paulo Sette Câmara, al comando de la PM en aquel 17 de abril. Más de 150 policiales, siendo 85 de Marabá y el resto de Parauapebas, cada tropa de una la carretera, acorralando a los trabajadores. El resultado fue 19 trabajadores asesinados en el local y 69 heridos. Dos trabajadores murieron como consecuencia de las heridas después de la masacre.

De lado de la policía, ninguna muerte y algunos heridos leves. “Apenas un policía tuvo heridas más graves, fue una piedra que recibió en el ojo”, esclareció el promotor Marcos Aurelio Nascimento, que actuó en el caso.

“Los policías bajaron uno atrás del otro, se enfilaron, unos con escudos, otros con armas. Los sin-tierra gritaban: ‘No quiero guerra, quiero tierra’. El tiroteo fue raido”, recordó el labrador Josimar Pereira Freitas, 53 años, quien recibió una bala en la pierna. Él cuenta que muchos corrieron para el mato al lado de la carretera y otros fueron perseguidos por policías. “La gente estaba en el mato y daba para escuchar [a policías llamando a los referentes]. ‘Ferrari, Toto, ¿ustedes no son buenos? Aparezcan, cobardes’. Los policías, especialmente los de Parauapebas, nos reconocían a todos”, contó Eurival Carvalho, de 49 años, conocido como Toto.

Para Marlene Moreira Paixão, 35 años, fueron por lo menos seis horas dentro de la mata con el tío que estaba baleado. “Él pidió para que rasgara su ropa. Yo rasgué la camisa y amarramos su pierna para que dejara de sangrar. Él estuvo todo el tiempo consciente”, relató. Con el pasar de las horas, después de evaluar que ya estaban seguros, ella deicidio retornar a la carretera y caminar por cerca de 4 kilómetros hasta llegar a Eldorado dos Carajás y buscar ayuda. “Dejé a mi tío en el mato y fui en casa de otra tía. Ella vino con la ambulancia y fuimos para Marabá”, contó.

Las horas que siguieron a la llegada de los policías también fueron de horror para Inacio Pereira, de 76 años. Por estar inconsciente, él fue dado como muerto y colocado en una camioneta con las demás víctimas, apenas en el hospital el error fue corregido. Otros sobrevivientes recordaron con frecuencia la historia de Inacio, pero él prefiere no recordar aquel día.

“Cosas feas, la gente no cuenta, porque es como revivirlas”, dijo. La pérdida de un hijo en aquella ocasión torna el hecho aún más difícil para él, que, a pesar de todo, se enorgullece de la tierra conquistada. “La vida en el campo es buena. Teniendo nuestra tierra, porque en la tierra de los otros, somos humillados”, declaró.

Matanza

La tesis inicial del enfrentamiento del gobierno estadual, y reproducido por grandes vehículos de prensa, fue denostada por las pericias de los cuerpos y por el análisis de las imágenes tomadas por un canal de TV local. “Las personas fueron muertas con tiros a quema-ropa, por la espalda, en la nuca”, apuntó el promotor del caso. Según Nascimento, uno de los sin-tierra fue asesinado con arma blanca, teniendo un tercio de la cabeza cortada. “Fue una verdadera matanza. La cantidad de tiros es una cosa asombrosa. En el día siguiente, fuimos al local y había cápsulas de balas esparcidas, fueron centenares de tiros”, agregó.

El médico-legalista Nelson Massini, indicado para el caso por la Comisión de Derechos de la Cámara Federal, apuntó que por lo menos 13 víctimas fueron asesinadas sumariamente. Una de las principales pruebas de la acción deliberada de la policía fue la pericia realizada por la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp), a pedido de la Fiscalía, firmado por el perito Ricardo Molina.

Él analizó las imágenes tomadas por la TV Liberal que muestran los primeros momentos de la masacre. Él esclareció que en la escena en que los sin-tierra lanzaron piedras y palos en dirección a la policía, en verdad, era un intento de rescatar un trabajador que ya había sido herido.

“Ellos no estaban atacando a la policía. Ellos querían aproximarse porque vieron que Amâncio [dos Santos Silva] estaba caído, atrás. Y allí ya comenzó el tiroteo y varios sin-tierra fueron heridos”, explicó. Al siguiente momento, el video analizado por Molina, aunque esté con una fuerte mancha blanca, mostraba, luego del mejoramiento de la imagen, personas muertas con tiros en las espaldas.

“Lo que sería, entonces, la prueba definitiva que hubo una masacre y no necesariamente un enfrentamiento, porque ustedes tenían ya una persona caída allí cerca del barrancón con un tiro en la espalda. Era una prueba contundente de que hubo ejecuciones y no enfrentamiento”, acrecentó.

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