Medidas para la conservación de la biodiversidad de los polinizadores en la península ibérica

A pesar de que España es uno de los países con mayor diversidad de polinizadores silvestres y, que de su conservación depende el futuro de nuestros cultivos y por tanto de nuestra alimentación, lo cierto es que hoy día seguimos sin conocer el estado de conservación de gran parte de esta fauna, una demanda histórica de la sociedad científica que sigue sin cubrirse en la actualidad.

Una treintena de especialistas en ecología terrestre han reclamado una protección especial para los polinizadores silvestres de la Península Ibérica y han elaborado un decálogo de medidas urgentes para la conservación de estas frágiles especies vulnerables a los cambios.

Los expertos han revisado la literatura científica sobre el declive de insectos polinizadores desde principios de siglo XX y han recogido sus conclusiones en el monográfico Pérdida de polinizadores’ que publica la Revista Ecosistemas de la Asociación Española de Ecología Terrestre (AEET).

Los autores defienden que conservar la diversidad de estas especies más vulnerables no depende solo de iniciativas estatales sino que existe multitud de cosas que se pueden hacer como sociedad. Además, señalan que aunque la polinización por insectos suele ir asociada a las abejas de la miel, «lo cierto» es que el éxito de la polinización en cultivos agrícolas y especies silvestres reside en la abundancia y diversidad de los insectos polinizadores silvestres que los visitan, los cuales en su conjunto resultan ser «más eficientes que especies domésticas como la abeja de la miel».

Los autores afirman que la contribución de los polinizadores silvestres a la polinización es «mucho mayor de la que tradicionalmente se les ha atribuido».

En este contexto, apuntan que de las 1.100 especies de abejas conocidas en España, el 2,6 por ciento están amenazadas según la Lista Roja de las Abejas de Europa, porcentaje que será probablemente mayor si tenemos en cuenta que a nivel europeo se desconoce el estado del 52% de estas especies y que existen muchas especies no reconocidas hasta el momento.

En cuanto al número de mariposas y polillas (lepidópteros) se estima que existen en la península Ibérica unas 5.000 especies, sobre las que se han registrado descensos a nivel europeo de hasta el 30 por ciento en el caso de las mariposas diurnas desde 1990.

En cuanto a los escarabajos florícolas (coleópteros polinizadores) presentes en la península Ibérica, se estima que hay más de 750 especies, de las cuales una decena está incluida en la lista roja de España.

Los autores coinciden en que entre las principales amenazas figuran las que están relacionadas directa o indirectamente con la actividad humana, los cambios de uso del suelo, el uso de pesticiedas, enfermedades infecciosas emergentes, especies domésticas introducidas o los efectos del cambio climático.

El trabajo destaca que entender «al menos» los factores que limitan a los polinizadores y su por qué dará las claves para corregir «determinadas prácticas» que ponen en peligro su supervivencia. Sin embargo, destaca que los hábitat transformados pueden ser aún lugares adecuados para los polinizadores si se toman las medidas de conservación, restauración y manejo oportunas.

Entre las recomendaciones apuestan por preservar o incrementar las áreas naturales o seminaturales y la cantidad de flores autóctonas porque esto aumentaría la abundancia y riqueza de los polinizadores en los paisajes agrícolas o silvestres.

Asimismo, aconsejan «romper» con la intensificación y homogeneización de los monocultivos, porque la biodiversidad de polinizadores disminuye conforme aumenta su aislamiento respecto a hábitat seminaturales, lo que condiciona su capacidad de desplazamiento desde los lugares donde tienen sus nidos fijos hasta los cultivos.

Por ejemplo, aconseja sembrar semillas de flores autóctonas en los márgenes de fincas de cultivos y en zonas verdes de las ciudades y respetar los recursos de nidificación y oviposición para reducir la perturbación de los suelos y bordes de los cultivos.

Otras medidas pasan por reemplazar los fertilizantes y pesticidas sintéticos por métodos alternativos de bajo impacto ambiental y fometnar la agricultura ecológica.

Por último, aconseja adoptar medidas legislativas que protejan a las especies más sensibles, impulsar la investigación y la sensibilización a la sociedad en general y a los agricultores en particular.

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