Luchadoras – Mujeres rurales en el mundo (libro)

Indicadores, testimonios y experiencias de campo “gritan” sobre la invisibilidad de la mujer rural, sobre la falta o el insuficiente acceso a la propiedad de la tierra, a recursos productivos, a financiamiento, conectividad, agua potable, educación y capacitación, salud y justicia.

Un verdadero enfoque de género requiere incorporar la experiencia, el conocimiento, los intereses y necesidades de las mujeres con el objetivo de su empoderamiento.

Descargar el libro aqui: Luchadoras

Este libro, editado por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), reúne escritos que abordan, desde diversas perspectivas, la situación de las mujeres del campo y su verdadero aporte a la actividad agropecuaria y al desarrollo de los territorios rurales.

Cafetal  Sierra de los Cuchumatanes,  Guatemala  2006  ©Sebastião Salgado

Su propósito es conmemorativo del Día Internacional de las Mujeres Rurales, establecido por la ONU el 15 de octubre de cada año, y también el de generar un potente espacio de reflexión sobre el tema, marco inicial para la formulación de políticas públicas sólidas dedicadas a esta cuestión.
Autoras y autores desmenuzan datos y estadísticas sobre la vida de las mujeres rurales, responden por qué es urgente crear oportunidades que las empoderen; explican por qué deben tener un lugar preferencial en las agendas nacionales e internacionales con miras a lograr el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU; y brindan testimonios personales e íntimos de su propio origen rural.

Sebastião Salgado cedió generosamente al IICA las cuatro fotografías que forman parte integral de esta publicación.

Indicadores, testimonios y experiencias de campo “gritan” sobre la invisibilidad de la mujer rural, sobre la falta o el insuficiente acceso a la propiedad de la tierra, a recursos productivos, a financiamiento, conectividad, agua potable, educación y capacitación, salud y justicia.

Casi un 40 % de las mujeres que viven en el campo en América Latina y el Caribe no tienen ingresos propios, ante un 14 % de los hombres rurales. Menos de un tercio de las mujeres rurales, además, posee la titularidad de la tierra que habita. En el medio rural, también, existe una generalizada ausencia de reconocimiento a los diversos tipos de trabajo que realizan las mujeres.

Las mujeres rurales están en desventaja con los hombres que viven en el campo y con las mujeres urbanas, y reducir esas brechas compete no sólo a los gobiernos, también a la sociedad civil, que debe adoptar un compromiso para paliar esta problemática.

Esa tarea requiere, también, un trabajo de sensibilización entre los medios de comunicación masivos, gestionando y promoviendo el interés en el abordaje de una temática sin el espacio suficiente para lograr que se integren a una gran coalición social transformadora de la realidad.

Los estudios de las relaciones de género en asentamientos rurales son, vistos desde el medio urbano, una suerte de retrato con forma de daguerrotipo o una foto en sepia, aunque realizados en la era contemporánea.

Recolectora de café  San Marcos de Tarrazú,  Región Central, Costa Rica  2013  ©Sebastião Salgado

Manifiestan una parte constituyente de esas relaciones, que se reflejan en frases como “ella ayuda en las tareas de campo” o “ella no tiene responsabilidades económicas”, recogidas en el imprescindible trabajo “¿Compañeras de lucha o coordinadoras de cacerolas?”, de las investigadoras Maria das Graças Rua y Miriam Abramovay.

Lo cierto es que las mujeres rurales no solamente cumplen un papel fundamental en el hogar, sino que también tienen un alto peso en las tareas productivas. Es decir, son corresponsables del desarrollo productivo y además aseguran la estabilidad y la sobrevivencia de sus familias.

Pese a ello, los censos agrícolas confirman el innegable estado de fragilidad social que tanto nos alarma al subestimar la participación de las mujeres en la agricultura, muchas veces debido a la omisión, también por ellas mismas, de sus nexos con la actividad agrícola en detrimento de privilegiar los trabajos hogareños.

Pese a los progresos registrados en los últimos años en el empoderamiento de las mujeres y en la atención de la igualdad de género, en el medio rural ellas siguen siendo las principales encargadas del cuidado de los hijos y de la casa, de preparar la comida, de conseguir la leña y el agua. El trabajo doméstico no es reconocido como trabajo. Es considerado “natural y obligatorio” y su valoración es escasa.

Reunión del Movimiento de los Sin Tierra (MST), antes de una ocupación  Paraná, Brasil  1996  ©Sebastião Salgado

Las mujeres que viven en zonas rurales de América Latina y el Caribe son quienes más sufren la disparidad social, política y económica de nuestros países.
Se hace necesario entonces estimular la participación política de las mujeres rurales para hacer visibles sus problemáticas y comenzar a resolverlas a través de su genuina representación en el seno de sus comunidades, en los parlamentos y en los gobiernos nacionales, provinciales y municipales. De esto también se trata el empoderamiento.

En todos los ámbitos, el avance sin precedentes de las tecnologías de la comunicación y de la información permite un extraordinario intercambio de ideas y reflexiones a escala mundial. Este libro también es producto de estos fenómenos, al reunir, con el foco puesto en la problemática de género en el campo, a especialistas y personalidades de los cinco continentes.

Autorsa y Autores captan, describen, interpretan y transmiten realidades, y con ellas experiencias, estados de ánimo, emociones, compromisos y puntos de vista, en artículos en los que caben la indignación, las historias íntimas y familiares, y por sobre todo ideas y propuestas, revelando hechos y dimensiones que permanecerían en la opacidad si no fuese por la sensibilidad y el sentimiento de libertad que caracterizó a esta iniciativa.

Los aportes destacan reiteradamente la deuda pendiente respecto a la participación económica de la mujer rural, machacan en la necesidad de garantizar su acceso pleno a la educación, el empleo, la propiedad, la salud y la justicia, y en la urgencia de favorecer su involucramiento en la toma de decisiones.

En ellos están presentes fundamentados reclamos y pertinentes llamados a la implementación de políticas públicas sólidas y de largo plazo que las beneficien. Es que sin una mayor atención del poder público y de la sociedad civil ante la situación de vulnerabilidad que padecen, se ahondarán brechas que acarrearán dolorosas consecuencias sociales.

Llama la atención además sobre la ausencia de incentivos para que las mujeres jóvenes desarrollen ideas novedosas en sus lugares de origen. Recuerdan que la migración de la población rural responde a la carencia de servicios y que el arraigo poblacional depende directamente de las mujeres.

Insisten en que es imprescindible aprovechar y maximizar oportunidades a través de las denominaciones de origen de los productos agrícolas y de la recuperación de artes y oficios artesanales que la sostenibilidad ha consagrado como nuevos nichos de mercado.

Considerar prioritario ese objetivo es una apuesta segura, ya que construye ciudadanía y capacita recursos humanos por la formulación de planes estratégicos enriquecidos por la cooperación técnica internacional, una de las avenidas por la que transitan las relaciones internacionales. Además de la dimensión solidaria, esa cooperación tiene la capacidad de impulsar el desarrollo, al incentivar la modernización del sector productivo, la innovación de la gestión pública y el comercio.

Los autores y autoras de este libro refuerzan, también, la necesidad de entender a la actividad agropecuaria como capaz de impulsar oportunidades de progreso y agregación de valor, promoviendo acciones osadas en busca de cohesión social y territorial.

Otro llamado de atención que atraviesa los textos aquí reunidos, cuya singularidad y diversidad potencian el conjunto y hacen de este libro un documento de gran relevancia, es el que refiere al significado de un enfoque de género.

Queda claro y establecido que no alcanza un componente femenino o de equidad de género en un proyecto o en cualquier iniciativa. Tampoco se trata apenas de aumentar en ellos la participación de las mujeres. Un verdadero enfoque de género requiere incorporar la experiencia, el conocimiento, los intereses y necesidades de las mujeres con el objetivo de su empoderamiento.

Trabajadora rural en el Semiárido brasileño Ceará, Brasil 1983 ©Sebastião Salgado

Ese es el camino indicado a recorrer para cambiar lo que consideramos estructuras sociales e institucionales desiguales en estructuras igualitarias y justas, para los hombres y las mujeres.

Otro punto relevante remarcado, en un contexto de urbanización acelerada y creciente, es la necesidad de realzar la importancia estratégica de las áreas rurales como escenario irreemplazable para la transformación productiva, anclada en la competitividad, la inclusión y el desarrollo de la ciencia y la tecnología con la sostenibilidad como horizonte.

Esta obra contribuye también a cubrir insuficiencias de información sobre los problemas que afectan a las mujeres rurales, carencias que restringen el análisis y limitan la extensión de la conciencia social sobre los problemas que las atañen.

Su publicación brinda nuevos elementos y mayor precisión sobre quiénes son y cómo viven las mujeres rurales latinoamericanas, adultas y niñas: con bajo nivel de escolaridad, alto porcentaje de analfabetismo, sobrecargadas de trabajo, con ingresos nulos o magros, trabajadoras en la informalidad y temporales, con escasa cobertura de los sistemas de protección social, con mínimas posibilidades de acceso a la propiedad de la tierra, a tecnología y al conocimiento técnico, y doblemente discriminadas en los casos de las mujeres rurales indígenas.

Es imprescindible y urgente, tomando en cuenta los avances logrados, ir más rápido y llegar más lejos. La meta es el cumplimiento cabal del Objetivo de Desarrollo Sostenible 5 de la ONU, el logro de la igualdad entre los géneros y empoderar a las mujeres y las niñas. Conquistarlo depende de los gobiernos, los organismos internacionales y de nuestras sociedades.

Una de las obligaciones de las democracias modernas es la creación de más y nuevos espacios para que las camadas de la población que son discriminadas dejen de serlo. Una manera de abrirlos es encender los reflectores sobre estas cuestiones para comprender, paso inicial de la transformación. Esta nueva edición de Luchadoras – Mujeres rurales en el mundo ofrece todas las herramientas para eso y ese es justamente su aporte más significativo.

Las palabras claves son empoderamiento y equidad. Ese es nuestro objetivo. Esta publicación, una gran conjunción de conocimiento y voluntad, es antes que nada una contundente estrategia para alcanzarlo.

Fuente ; Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA)

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