Los mataderos locales luchan por mantener viva la ganadería ética

La pandemia ha vuelto a poner de relieve las cadenas de suministro regionales y los peligros de la ganadería industrial. Pero sin mataderos locales a pequeña escala, la ganadería ecológica está en peligro.

En el clímax del confinamiento debido a la pandemia, la calle principal galesa donde se encuentra la carnicería de William Lloyd Williams estaba desierta. Sin embargo, la tienda Williams estaba llena de clientes deseosos de comprar carne con una cadena de suministro totalmente rastreable.

Williams sacrifica el ganado local en su pequeño matadero junto a las tierras de cultivo en el bucólico Valle Dyfi de Machynlleth, donde mantiene sus propias vacas y ovejas. La tienda misma se encuentra a solo un corto paseo de distancia.

«Williams mantiene a los animales en un campo abierto para que no tengan ningún tipo de estrés”, cuenta Joy Neal, de la cercana Glandyfi. «Es amable con los animales y proporciona buena carne a la gente local y creo que es muy apreciado”.

Los consumidores a menudo prefieren no pensar en cómo se mata al animal, cuya carne compran. Pero a Neal le tranquiliza saber que proviene de un matadero local. «Quedan muy pocos y estoy contenta de que tengamos este”, dice.

Un negocio en declive

El matadero de Williams ha sido propiedad de la familia desde los años 50. Aprendió el oficio de su padre, desde su infancia. A los 17, inició una formación profesional.

Su negocio ha sobrevivido a la fiebre aftosa del ganado y a la EEB (encefalopatía espongiforme bovina, también conocida popularmente como la «enfermedad de las vacas locas”), que costaron a la industria agrícola del Reino Unido miles de millones de libras. Y ahora al COVID-19, pero no sin esfuerzo.

En la década de 1980, había siete mataderos locales en el condado de Montgomeryshire; hoy en día solo queda el de Williams. En todo el Reino Unido, el número de mataderos locales se redujo un 99 por ciento entre 1930 y 2017, según Sustainable Food Trust (SFT), una organización que promueve la alimentación sostenible y lanzó la campaña a favor de los mataderos locales en 2018.

Estos pequeños negocios no son lo suficientemente rentables para competir con los supermercados, y la creciente carga de papeleo y regulación tampoco ha ayudado. Según SFT, gran parte de la reglamentación se elabora teniendo en cuenta los grandes mataderos y es «innecesaria o inapropiada para los pequeños mataderos”.

«Hemos destruido la red de infraestructura local que existía”, dice el fundador de STF, Patrick Holden. «Eso no significa que no podamos reconstruirla de una nueva manera después de la crisis del COVID-19. Pero no se podrá lograr, a menos que existan los vínculos entre el productor primario y el consumidor. Los mataderos son particularmente críticos porque no se puede tener carne local y de ganadería ecológica a menos que existan mataderos locales”, aclara.

Más respetuoso con el ganado y el planeta

Según datos de la Agencia de Normas Alimentarias del Reino Unido, la mayoría de los problemas de bienestar animal surgen durante el transporte de la granja al matadero. Las normas establecidas por la Sociedad Real para la Prevención de la Crueldad contra los Animales establecen que el ganado debe ser sacrificado lo más cerca posible de su punto de origen.

El modelo de ganadería intensiva no solo es malo para el bienestar de los animales. Depende en gran medida de los antibióticos, debido al riesgo de enfermedades cuando los animales se hacinan en espacios reducidos, y de las enormes cantidades de cereales y soja rica en proteínas, que se cultivan en monocultivos dependientes de agroquímicos. Esto conduce a la degradación del suelo, la contaminación y la pérdida de biodiversidad.

Los ganaderos cuya carne vende Williams están listados en un cartel en su escaparate, que se actualiza cada semana. Todo el ganado que mata proviene de granjas en un radio de 20 millas; la mayoría se encuentran a menos de 10 millas de distancia.

«Los animales descansan una noche en mi granja tras su llegada. Tienen paja limpia y agua. Es un paseo corto desde el campo hasta el matadero”, explica. «Debido a la naturaleza de la tarea, una de las cosas más importantes es evitar cualquier tipo de crueldad”

Reconocimiento político

Si bien históricamente ha habido poco apoyo del gobierno británico para mantener los mataderos locales, el Grupo Parlamentario de Todos los Partidos para el Bienestar de los Animales (APGAW, por sus siglas en inglés) publicó un informe en junio de 2020, reconociendo su importancia.

Un portavoz del Departamento de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales del Reino Unido declaró a DW que actualmente «se está llevando a cabo una revisión de la legislación pertinente, teniendo en cuenta el informe del APGAW”.

En 2018, el gobierno galés introdujo el Plan de Inversiones en el Negocio de Pequeños Mataderos de Alimentos para ayudar al sector, mientras que una enmienda realizada al Proyecto de Ley de Agricultura Británica, que se está debatiendo actualmente, añade el sacrificio a la lista de actividades auxiliares que pueden recibir apoyo financiero.

«Es un gran sentimiento haber conseguido este valioso reconocimiento”, admite Williams. «Pero todavía queda mucho por hacer”, añade.

La pandemia ha evidenciado esta urgencia. «Si se observa la ganadería industrial, se puede ver que está contribuyendo a la aparición, propagación y amplificación de enfermedades”, explica Peter Stevenson, de la organización para el bienestar animal, Compassion in World Farming.

Las fábricas de procesamiento cárnico en todo el mundo se han convertido en focos de COVID-19, probablemente debido a las bajas temperaturas y condiciones de hacinamiento, según el grupo de derechos de los animales Peta UK.

Williams espera que la pandemia haya ayudado a los clientes a entender por qué la comida local es tan importante. «Y para tener carne local, se necesitan mataderos locales”, dice.

Vendiendo una historia

Las granjas locales no pueden competir con la ganadería industrial en cuanto al precio. Sin embargo, hay innumerables costes que no aparecen en las etiquetas de los precios de los supermercados, tanto ambientales como en términos de las economías locales que sufren cuando la producción de alimentos se traslada a grandes explotaciones centralizadas.

«Se habla de economías de escala, pero en realidad esta industria alimentaria está perjudicando a la gente y al tejido social local”, critica Holen. «Es una ganancia a corto plazo y un coste a largo plazo, del que estamos empezando a darnos cuenta”.

La ganadería es responsable del 14,5 por ciento de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero y la explotación de bovinos para la producción de carne y lácteos representa el 65 por ciento, según las Naciones Unidas. Sin embargo, si se hace bien, la cría de ganado puede contribuir a crear suelos más sanos que extraigan el dióxido de carbono de la atmósfera y lo mantengan en el suelo.

Reducir el consumo cárnico y abastecerse de productos éticos puede reducir drásticamente su impacto ambiental. Para un número cada vez mayor de consumidores, es importante saber de dónde vienen los productos. Esta historia de la procedencia es una que Williams, y anteriormente su padre, han contado durante décadas.

«Los ganaderos no venden el producto, sino la historia. Estos son ‘mis hijos’, y este es el matadero a cinco millas de distancia. Una vez que esa historia involucra una distancia mayor de 20 millas, el producto ya no es respetuoso con los animales y su valor es menor”, concluye Williams.

Información de: dw.com

Autora Alexandra Genova

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