Las actuales ayudas agrícolas distorsionan los precios y perjudican la naturaleza y la salud

Los modelos de apoyo son cruciales para la producción agrícola y existen en todo el mundo; sin embargo, un nuevo estudio revela que la gran mayoría del apoyo se usa en medidas de impacto negativo en los ámbitos económico, sanitario y ambiental y que benefician a las grandes empresas frente a los pequeños agricultores. La ONU llama a redirigir los recursos hacia la transformación de los sistemas alimentarios.

El sector agrícola mundial recibe cada año un total de 540.000 millones de dólares en ayudas, una cantidad que representa el 15% de la producción agrícola global. Un nuevo informe de tres agencias especializadas del sistema de la ONU encontró que de esa suma, 470.000 millones, o el 87%, distorsiona los precios y es perjudicial para el medio ambiente, la sociedad y la salud.

Estos son los hallazgos de un nuevo informe de la ONU publicado hoy y el cual pide redirigir los incentivos dañinos para contribuir al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y las metas del Decenio de las Naciones Unidas sobre la Restauración de los Ecosistemas.

El informe, Una oportunidad multimillonaria: La readaptación del apoyo agrícola para transformar los sistemas alimentarios, es lanzado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

De acuerdo con el informe,  el apoyo actual a los productores agrícolas consiste principalmente en incentivos de precios, como aranceles de importación y subsidios a la exportación, así como subsidios fiscales que están vinculados a la producción de una materia o insumo específico. Estos son ineficientes, distorsionan los precios de los alimentos, dañan la salud de las personas, degradan el medio ambiente y, a menudo, no son equitativos, pues colocan a las grandes empresas agrícolas por delante de los pequeños agricultores, una gran parte de los cuales son mujeres.

En 2020, alrededor de 811 millones de personas en el mundo luchaban contra el hambre crónica y casi una de cada tres personas (2.370 millones) no tenía acceso a una alimentación adecuada durante todo el año. En 2019, alrededor de 3.000 millones de personas no podían permitirse una dieta saludable en todas las regiones del mundo.

Si bien la mayor parte de la ayuda agrícola en la actualidad tiene efectos negativos, alrededor de US$ 110.000 millones contribuyen a la infraestructura, la investigación y el desarrollo, y benefician al sector de la alimentación y la agricultura en general.

Redirigir las ayudas a los productores agrícolas, en lugar de eliminarlas, ayudaría a acabar con la pobreza, erradicar el hambre, lograr la seguridad alimentaria, mejorar la nutrición, promover la agricultura sostenible, fomentar el consumo y la producción sostenibles, mitigar la crisis climática, restaurar la naturaleza, limitar la contaminación y reducir las desigualdades.

El director general de la FAO, Qu Dongyu, dijo: «Este informe, publicado en vísperas de la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios de las Naciones Unidas, es una llamada de atención para que los gobiernos de todo el mundo reconsideren los planes de apoyo agrícola con el fin de adecuarlos al propósito de transformar nuestros sistemas agroalimentarios y contribuir al cumplimiento d ellos ‘Cuatro Mejores’: mejor nutrición, mejor producción, mejor medio ambiente y una vida mejor «.

La agricultura es uno de los principales motores del cambio climático a través de las emisiones de gases de efecto invernadero de diferentes fuentes, incluido el estiércol en los pastizales, los fertilizantes sintéticos, el cultivo de arroz, la quema de residuos de cultivos y el cambio de uso de la tierra. Al mismo tiempo, los productores agrícolas son particularmente vulnerables a los impactos de la crisis climática, como el calor extremo, el aumento del nivel del mar, la sequía, las inundaciones y las plagas de langostas.

Continuar con el apoyo de siempre empeorará la triple crisis planetaria y, en última instancia, dañará el bienestar humano. Para cumplir los objetivos del Acuerdo de París se requiere un cambio en las ayudas que dan los países de altos ingresos a la gran industria cárnica y láctea, que es responsable de 14,5% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. En los países de bajos ingresos, los gobiernos deben considerar reorientar su apoyo a los pesticidas y fertilizantes tóxicos o al crecimiento de monocultivos.

«Los gobiernos tienen ahora la oportunidad de transformar la agricultura en un importante impulsor del bienestar humano y en una solución para las amenazas inminentes del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación», dijo Inger Andersen, directora ejecutiva del PNUMA. «Al optar por ayudas agrícolas más positivas, equitativas y eficientes para la naturaleza, podemos mejorar los medios de vida y, al mismo tiempo, reducir las emisiones, proteger y restaurar los ecosistemas, y reducir el uso de agroquímicos».

El informe destaca casos en los que se inició un proceso de este tipo: el estado indio de Andhra Pradesh, que adoptó una política de agricultura natural de presupuesto cero; la reforma de 2006 de las políticas agrícolas en China que apoya la disminución del uso de fertilizantes minerales y pesticidas químicos; el régimen de pago único en el Reino Unido que eliminó las subvenciones en acuerdo con el Sindicato Nacional de Agricultores; la Unión Europea, donde se ha incentivado la diversificación de cultivos mediante la reforma de la Política Agrícola Común (PAC); y el programa senegalés
Al optimizar el apoyo al sector agrícola mediante un enfoque transparente, personalizado y basado en evidencias, nuestro planeta se beneficiará de un sistema agroalimentario mundial más saludable, sostenible, equitativo y eficiente.

El informe se lanza antes de la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios de 2021 (septiembre), la COP15 sobre biodiversidad (octubre) y la COP26 sobre cambio climático (noviembre). Estos eventos permitirán a los gobiernos asumir compromisos multilaterales para repensar los subsidios agrícolas obsoletos, avanzar mejor para la era pos- COVID-19, comprometerse con dicha estrategia, y coordinar y monitorear su implementación.

Buenas prácticas y recomendaciones

Entre las subvenciones menos “distorsionantes”, el documento menciona las que no están vinculadas a la producción de un cultivo específico y las transferencias fiscales para la prestación de servicios. Este tipo de apoyos no influyen en el tipo o volumen de la producción agrícola, lo que permite decisiones que son más eficientes, recalca.

El director general de la FAO, Qu Dongyu, consideró que las revelaciones del informe, publicado en vísperas de la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios de las Naciones Unidas, “es una llamada de atención para que los gobiernos de todo el mundo reconsideren los planes de apoyo agrícola con el fin de adecuarlos al propósito de transformar los sistemas agroalimentarios y contribuir a mejorar la nutrición, la producción, el medio ambiente y la vida”.

Si los países continúan con los mismos modelos de apoyo, la triple crisis económica, ambiental y sanitaria empeorará en detrimento del bienestar de la humanidad, advirtió.

Las agencias de las Naciones Unidas reconocieron que no existe una estrategia única para reorientar las ayudas a los productores agrícolas, aunque sí emitieron seis recomendaciones:

  • medir el apoyo otorgado
  • comprender sus impactos positivos y negativos
  • identificar opciones de reorientación de las ayudas
  • pronosticar sus impactos
  • perfeccionar la estrategia propuesta y detallar su plan de implementación
  • dar seguimiento a la estrategia implementada

Fuente: Noticias ONU

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