Las acequias de careo de Sierra Nevada.

Hace más de 1.300 años que los paisanos de la Sierra Nevada granadina comenzaron a recoger el agua del deshielo con acequias y para conducirla hacia los acuíferos subterráneos. Un ingenioso sistema para infiltrar agua en el terreno y conseguir que esta aflorara lentamente en los meses posteriores, especialmente durante el verano. Una investigación arqueológica acaba de certificar que no hay un referente anterior en Europa

Sierra Nevada es el sistema montañoso más alto de la Península Ibérica, un macizo con paisajes nevados que se levanta sobre el cálido sur andaluz. La singularidad geográfica de este espacio le hace ser uno de los paisajes más ricos en biodiversidad de España, además de en cultura y patrimonio hidráulico.

Un grupo multidisciplinar de científicos del Instituto Geológico y Minero de España (IGME) y de las universidades de Granada, Colonia y Lisboa ha demostrado que las acequias de careo de Sierra Nevada, un ancestral sistema para recoger las aguas de alta montaña y conducirlas a los acuíferos, constituyen el sistema de recarga de agua subterránea más antiguo de Europa.

Esta investigación, ha sido llevada a cabo mediante distintas técnicas de investigación arqueológicas, sedimentológicas, geofísicas e hidrogeológicas.

La siembra y la cosecha del agua es el proceso por el que el ser humano infiltra agua en el subsuelo de forma intencionada (siembra) con objeto de recuperarla tiempo después (cosecha), explica la UGR.

El agua se toma a través de acequias de derivación que se alzan a diferentes alturas. Las más altas se sitúan por encima de los dos mil metros de altura, debajo de los tajos y prados de las cumbres. Las presas y acequias son de tierra y piedra. Estas corren por las laderas de los profundos valles soltando el abundante agua proveniente de las nieves a través de lo que se denominan chortales o chorreras, esto es, aberturas en las acequias que dejan escapar el agua que riega las faldas de las laderas. A esta operación se la denomina “careo”. Estas acequias sólo funcionan durante el invierno y la primavera, pudiendo llegar incluso hasta junio, siempre y cuando el agua sea abundante.

El objetivo fundamental es que el agua se filtre empapando la montaña en sus niveles superficiales o más profundamente a través del sistema de fallas y fracturas del manto nevado-filábride, recargando los acuíferos que irán manando y resudando en la base de los ríos durante el verano, cuando más falta hace y más escasos son los recursos. Los manantiales pueden ser fuentes naturales o bien minas de agua excavadas artificialmente. De manera complementaria pero igualmente importante, los chortales o chorreras consiguen también crear praderas artificiales con abundante pasto o hazas para la cría de cereal de primavera y otros cultivos.

Este complejo sistema tiene su origen, como decimos, en época islámica. Resulta, sin embargo muy complejo poder establecer una cronología precisa. Como ya demostramos en otra ocasión, en el siglo XI debían ya de existir estas acequias de careo de las zonas más altas de Sierra Nevada. Así se deriva de la interpretación del pleito que se estableció en la centuria siguiente entre las alquerías de Lubros (Lugros) y Bartillana. El documento original data del año 1187, pero se refiere a derechos de uso del agua plenamente consolidados que pueden retrasarse sin problemas al menos un siglo antes. Los habitantes de la segunda localidad, habían robado el agua de la parte alta de la cuenca del río Alhama de Guadix, perteneciente a Lubros, mediante un trasvase a la cuenca del arroyo Bernal, perteneciente a Bartillana. Dicho trasvase se habría realizado mediante una acequia (¿al-Barraŷūl?), que los vecinos de Bartillana aseguraban haber “levantado en tiempos antiguos, junto a la fuente citada”

Todas las localidades aprovechan las aguas de Sierra Nevada que baja por las barranqueras y ríos. Provienen pues, sobre todo del deshielo, aprovechando la función de “pantano natural” a la que nos referíamos anteriormente. Sin embargo, el sistema para abastecerse de agua es algo más complejo y extremadamente ingenioso.

En Sierra Nevada se siembra y cosecha agua mediante las denominadas acequias de careo, que consisten en unos canales excavados en el terreno por los que los acequieros y ganaderos derivan el agua del deshielo para infiltrarla en la parte alta de los valles.

Una vez que el agua penetra en el subsuelo discurre ladera abajo para, tiempo después, alimentar a ríos y a manantiales, lo que aumenta su caudal durante la época seca, cuando más se necesita.

Los azudes para alzar las acequias principales de las vegas más altas se encuentran como mínimo a 1400 m de altitud. Lo normal es que haya al menos una por río, pero en realidad la situación se complica posteriormente. Muchos de los sistemas tienen una balsa. En ella desemboca la acequia principal. Sin embargo, por lo general, la balsa se encuentra en medio del sistema y no al comienzo. Su función es reguladora de los riegos que se realizan por debajo con el agua que se acumula a partir de la puesta de sol. De la acequia madre y de la balsa se toman los brazales o “parás” para cada uno de los alfoces o pagos en los que se dividen las vegas. El riego se realiza por riguroso turno prefijado por cada uno de los distritos, desde los más próximos a la balsa a los más lejanos o viceversa. Es decir, se rige por un orden estrictamente topográfico. Cada riego que se da a todos los pagos de la vega se llama tanda. La duración de esta varía según las disponibilidades de agua. En otoño e invierno, cuando el agua es abundante, el riego se hace “a tajo”, siguiendo el mismo orden pero sin límite de tiempo. Es entonces también cuando se riega las zonas de riego eventual. Por el contrario, cuando escasea, se reparte a minutos por superficie de tierra y sólo es para la vega. La unidad de medida más común es el marjal. El tiempo se calcula en función del agua disponible y esta a su vez se establece por golpes de agua. Lógicamente, las tandas se hacen más cortas en días, no sólo porque se controle el tiempo, sino también porque las elevadas temperaturas obligan a un aporte hídrico más regular.

Este procedimiento de recargar el agua en los acuíferos se realiza, de forma ancestral, en varias regiones del planeta, si bien donde existen más casos documentados es en las regiones alto-andinas de Perú y Ecuador.

La investigación arqueológica e histórica realizada permite constatar que ya había acequias de careo operativas en Sierra Nevada en el siglo XI.

Las novedosas técnicas de datación empleadas en este estudio, que permiten conocer cuántos años llevan enterrados los granos de cuarzo de los sedimentos arrastrados por las acequias, han constatado que la siembra y cosecha de agua que se hace en esta montaña tiene unos 1.300 años de antigüedad.

Es decir, que ya se empezó a utilizar en el periodo de transición comprendido entre el final de la época visigoda y el comienzo de la de Al Andalus.

Los estudios se han concentrado en la cuenca hidrológica del río Bérchules, que es el afluente más oriental del río Guadalfeo, en la Alpujarra granadina.

El IGME, en colaboración con la Junta de Andalucía ha publicado un libro de carácter divulgativo titulado Careos: siembra y cosecha del agua en la cuenca del río Bérchules (Sierra Nevada, Granada).

En la publicación se describe cómo se realiza esta técnica de manejo del agua e información suficiente para poder realizar cinco itinerarios en los que el agua, las acequias, Sierra Nevada y su gente serán los principales protagonistas.

Este trabajo continúa otros anteriores de la Universidad de Granada, como la presentación en 2016 del documental La recuperación de las acequias de careo del Camarate de Lugros, dentro del proyecto europeo MEMOLA.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.