la trashumancia, pieza fundamental de los ecosistemas

El pastoreo es el uso de la tierra más extendido en el planeta. La dinámica de este tipo de explotación hace que se beneficie desde hace milenios de las inmensas extensiones de tierras áridas, montañosas o gélidas. Allí la agricultura es impracticable o no es competitiva, pero la movilidad del ganado aprovecha distintos picos de productividad vegetal en lugares distantes.

Sin embargo, su práctica va a menos a nivel global, afectada por políticas que lo socavan tanto en países industrializados como en aquellos en vías de desarrollo. Conocer las implicaciones ecológicas de una práctica tan extendida, así como las consecuencias de su abandono, es fundamental para confrontar los grandes desafíos del calentamiento global y de otros grandes cambios mediados por el desarrollo humano.

Evidencias de procesos ecosistémicos

En los ecosistemas globales, la humanidad ha reducido muchísimo el número de herbívoros silvestres y los ha sustituido por ganado. Pese a que es un proceso que ha durado milenios, sus impactos históricos han sido limitados dada la capacidad del ganado de sustituir funcionalmente a los herbívoros silvestres. Esto implica tener un impacto parecido en el territorio: dispersar semillas, modificar el paisaje para crear ambientes donde puedan existir otras especies, o repartir nutrientes. En este sentido, la similitud de las vías trashumantes en España con las rutas migratorias de antiguos herbívoros silvestres es muy reveladora.

Los beneficios que da la ganadería tradicional a los ecosistemas incluyen cuestiones muy variadas. El ganado mitiga incendios forestales, convierte materia orgánica en minerales disponibles para que sean utilizados por las plantas, facilita la existencia de animales importantes como carroñeros o insectos comedores de estiércol, y evita que algunas plantas dominen las comunidades vegetales hasta llegar a extinguir a otras.

Pero para conseguir máximos efectos beneficiosos es fundamental que la práctica ganadera siga pautas sostenibles. La gestión del paisaje debe dejar los tres estratos de la vegetación (hierba, arbustos y árboles) y también es fundamental que las plantas puedan descansar de la presión de los herbívoros, como en el caso de la regeneración de encinas en dehesas. En todo ello, la movilidad del ganado tiene un papel fundamental.

Dispersión de semillas y refugio de polinizadores

Hay dos cuestiones donde el papel de los corredores ganaderos es especialmente destacado: la dispersión de semillas y la creación de refugios en paisajes hostiles.

La humanidad, en especial por la agricultura, ha transformado muchos paisajes en zonas hostiles para plantas y animales. Los corredores ganaderos de la cuenca mediterránea, el Sahel o la India atraviesan zonas agrícolas. Así, permiten que se dispersen semillas de plantas, tanto por el estiércol como por el pelaje de los animales. Pero además, representan un refugio para plantas, hormigas o abejas, estas últimas muy importantes para polinizar los cultivos que rodean a estos corredores.

Todo esto es aún más importante si se considera que los corredores ganaderos se distribuyen por el territorio a modo de red (fractal), con múltiples niveles.

Evidencias en la genética de las plantas

Aunque estos procesos se hayan observado, resulta difícil saber hasta qué punto son relevantes en el conjunto de los ecosistemas. Por ejemplo, aunque la dispersión de semillas observada sea intensa, eso no revela si tiene efectos a escala de población o si es capaz de mitigar la fragmentación que provocan las actividades humanas.

Para averiguarlo, estudiamos en un trabajo que se acaba de publicar si existían diferencias entre la genética de poblaciones de Plantago lagopus, una pequeña planta de pastizal, dependiendo de si estaban en una vía pecuaria, entre los cultivos que dominaban el paisaje y más o menos cerca de asentamientos urbanos.

Nuestros resultados sugieren que los corredores ganaderos tienen un efecto genético observable tanto en crear ambientes favorables para polinizadores como en dispersar semillas. Resulta muy llamativo que el uso activo de estos corredores por parte del ganado multiplica su papel de refugio de polinizadores en comparación con otras manchas de pastizal fuera de la cañada y sometidas a ritmos de pastado diferentes.

Asimismo, el efecto de dispersión del ganado resulta equilibrado respecto a las zonas cultivadas, donde las poblaciones de plantas se van empobreciendo paulatinamente, y respecto a las zonas urbanas, donde una dispersión excesiva está probablemente potenciando la dispersión de especies invasoras.

Implicaciones para la gestión del paisaje

Los efectos que observamos en la genética de las plantas muestran que los beneficios tanto de la ganadería extensiva como de los corredores ganaderos se potencian si estos son usados por rebaños trashumantes.

Se confirma la urgencia de actuar políticamente en favor de la trashumancia, como destacaba el Libro blanco de la trashumancia en España, pero también otras voces en EE. UU. o Australia que reclaman no solo la conservación física de los corredores, sino la continuidad de su uso. Mantenerlos abiertos puede también facilitar la dispersión de plantas por parte de, por ejemplo, elefantes que puedan así atravesar paisajes agrícolas como los del Sahel.

En un contexto de cambio global, cambio climático y paisajes fragmentados, la urgencia de actuar en favor de la trashumancia no es sólo una cuestión española, sino de los paisajes pastoriles a nivel mundial.

Fuente: The Conversation

documentos trashumancia:

pastoreo movil en el mediterraneo

corredores herbivoros

Libro blanco de la trashumancia   LIBRO BLANCO 2013_tcm30-131212 

Los mapas de la trashumancia   http://www.pastos.es/nosotros-mapas/

Cuadernos de la trashumancia  https://www.mapa.gob.es/es/desarrollo-rural/temas/politica-forestal/vias-pecuarias/rvp_cuadernos_trashumancia.aspx

La trashumancia frente al cambio climático y para la conservación de la biodiversidad

por Jesús Garzón. Asociación Concejo de la Mesta

La trashumancia milenaria, con grandes rebaños de ganados recorriendo España cada primavera hacia las montañas del norte, para regresar en otoño a los pastos del sur, está considerada por la mayoría de los técnicos y especialistas modernos como una actividad anacrónica, condenada a una rápida y deseable desaparición. Sin embargo, la actual problemática ambiental y social que afecta a nuestro planeta, cada vez más super poblado y amenazado por el calentamiento global, hacen que la trashumancia española cobre especial relevancia, como ejemplo de aprovechamiento sostenible y de adaptación para enfrentarse a los grandes retos que afectarán a la humanidad durante las próximas décadas: garantizar agua y alimentos para 9.000 millones de personas, sin degradar más los recursos naturales y la fertilidad de los suelos, conservando la biodiversidad y las culturas tradicionales, reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero, mitigando y adaptándonos al cambio climático y a la subida del nivel del mar, que inundará muchas de las regiones más productivas y pobladas del planeta.

Las Naciones Unidas han hecho un llamamiento por ello a todos los países industrializados para que reduzcan el laboreo agrícola y el empleo de abonos y de pesticidas, grandes emisores de gases de efecto invernadero. La alternativa es fomentar una ganadería extensiva, basada en los pastos naturales como sumideros de carbono y evitando la importación de cereales y de harinas para los cebaderos de ganadería intensiva. Estos recursos serán imprescindibles para la alimentación humana de los países empobrecidos, donde mil millones de personas ya pasan hambre y otros dos mil millones malviven sin suficientes recursos, prácticamente la mitad de la actual población de nuestro planeta.

En respuesta, la Comisión Europea ha iniciado una reforma de la Política Agraria Común que persigue para el período 2009-2012 una gestión sostenible de los recursos naturales, en especial del suelo y del agua, fomentando la ocupación equilibrada del territorio, la preservación del paisaje rural, el mantenimiento de los espacios naturales y deteniendo la pérdida de la biodiversidad. En este contexto, la trashumancia tradicional española cobra una dimensión de excepcional importancia, pues permite el aprovechamiento sostenible de grandes extensiones de nuestro territorio, condenadas de lo contrario a la desertización y al abandono. Al poder adaptarse inmediatamente a las condiciones climáticas cambiantes, el ganado trashumante puede evitar las situaciones adversas, disponiendo para ello de una infraestructura ganadera única en el mundo: la red nacional de vías pecuarias, con más de 125.000 Km de longitud y 400.000 Ha de superficie, que enlaza entre sí prácticamente todas las comarcas del país.

Por otra parte, tanto las dehesas del sur como los puertos de montaña del norte están divididos desde hace siglos en “millares”, terrenos de unas 500 ha de extensión que se aprovechan alternativamente en invierno y en verano con un millar de ovejas o con cien vacas madres. Paredes de piedra, setos vivos, fuentes, pozos, abrevaderos, tenadas y majadas, razas autóctonas seleccionadas durante generaciones y un depurado conocimiento de su manejo y aprovechamiento, completan un patrimonio ganadero y cultural de excepcional importancia para garantizar el desarrollo sostenible de nuestras comarcas rurales.

Hay que considerar que España será uno de los países más afectados por el cambio climático, que ya se hace patente sobre todo en las zonas de alta montaña, en el arbolado y en los humedales. Durante las últimas décadas las lluvias han disminuido un 20%, con un aumento de las temperaturas de 1,4ºC, el doble de la media mundial, provocando una crisis hídrica que se agravará progresivamente. El 35 % del territorio sufre procesos erosivos graves, y los incendios forestales abrasan cada año grandes extensiones. Se estima que entre el 15 y el 30% de las especies se extinguirán próximamente si no logran adaptarse a las condiciones cambiantes del entorno. Para ello serán imprescindibles las vías pecuarias, pues permiten la migración altitudinal de las especies desde los pastizales meridionales hasta las cumbres de los grandes sistemas montañosos.

Pero su funcionalidad como corredores ecológicos requiere que sean pastadas y abonadas regularmente por el ganado. Cada mil ovejas o cada cien vacas aportan diariamente al terreno por el que transitan más de tres toneladas de estiércol con unos cinco millones de semillas, de las que germinarán posteriormente más del 30%. Por tanto, durante una trashumancia tradicional de un mes de duración y 500 km de recorrido, pastando las hierbas y ramoneando los arbustos, cada rebaño fertiliza las cañadas con más de cien toneladas de abono y doscientos millones de semillas, que son trasladadas durante decenas de kilómetros desde los valles y laderas hasta las cumbres y mesetas, facilitando así que las plantas, y las especies animales que de ellas dependen, puedan adaptarse y sobrevivir a las nuevas condiciones climáticas.

Durante los últimos años, la mejora, deslinde y amojonamiento de muchas vías pecuarias por parte de la mayoría de Comunidades Autónomas, en cumplimiento de la Ley 5/95, y la difusión de modernas tecnologías como los sistemas de posicionamiento global (GPS), están permitiendo a los ganaderos recorrer con seguridad las principales cañadas sin necesidad del conocimiento previo de las mismas. Otros avances importantes han sido la utilización generalizada de rediles y pastores eléctricos, para sestear y dormir en cualquier paraje adecuado, los vehículos todo terreno con vivienda incorporada, la telefonía móvil y el apoyo decidido de la guardia civil en situaciones conflictivas. La colaboración de varios propietarios para realizar la trashumancia, reuniendo grandes rebaños de unas 3.000 ovejas o 500 vacas, hacen que la trashumancia del siglo XXI pueda convertirse en una actividad gratificante y rentable, si se eliminan las absurdas dificultades administrativas que agobian actualmente a los ganaderos.

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