La nueva normalidad: el clima extremo

A medida que el planeta se calienta, las olas de calor son más agresivas, los incendios forestales se mueven más rápido y queman áreas más grandes, y las tormentas e inundaciones se vuelven más fuertes, es decir el clima de todo el planeta ahora es: más caliente, más rápido y más fuerte. Esto es lo que le está haciendo el cambio climático a muchos fenómenos meteorológicos ya de por sí, extremos.

Estos efectos ya no son una preocupación futura o a largo plazo: nos están afectando a todos, aquí y ahora.

Una pregunta salta a nuestra mente cuando ocurre un fenómeno meteorológico fatal; ¿es esto resultado del cambio climático o simplemente un muy mal tiempo?

Ya vivimos en un mundo dos grados Fahrenheit más cálido de lo que era al comienzo de la Revolución Industrial. Eso significa que cada evento meteorológico ya se superpone al fondo de un clima cambiado.

La pregunta más precisa sería la siguiente: ¿El cambio climático alteró la gravedad, frecuencia o duración de estos eventos? Cada vez es más claro, la respuesta es un sí rotundo. Y gracias a la ciencia de vanguardia, también estamos empezando a ponerle algunos números. Este tipo de investigación se llama ‘atribución’.

¿Cómo puede la ciencia desentrañar la contribución exacta del cambio climático causado por los humanos a un evento dado en el mismo sitio, por lo demás idéntico, pero antes, libre de humanos con la que compararla? El primer paso es caracterizar el evento usando observaciones: cuánto tiempo y cuán caliente fue la ola de calor, o cuánta lluvia cayó durante la tormenta, o qué tan fuerte fue el huracán.

Luego, pasamos a los modelos climáticos, sofisticadas simulaciones basadas en la física de la atmósfera, el océano y la superficie terrestre ejecutadas en potentes supercomputadoras. Usando esos modelos, podemos identificar qué tan fuerte, cuánto tiempo, qué tan grande y qué tan probable sería el mismo evento en ese mundo imaginario.

El efecto del cambio climático es la diferencia entre lo que sucede en un mundo sin influencia humana y lo que sucedió en el mundo real. Cuando los científicos descubren que, digamos, lo que ahora es un evento de uno en 100 años en el mundo real habría ocurrido solo una vez cada 200 años sin el cambio climático, este riesgo duplicado puede atribuirse al cambio climático.

La atribución importa porque nuestro cerebro humano prioriza la inmediatez. Estamos programados para sentirnos más preocupados por una pequeña fuga en nuestro techo que por un aumento de unos pocos grados en la temperatura del océano a 50 o 500 millas de distancia. Pero cuando tu hogar se encuentra en Houston, donde un aumento de algunos grados en la temperatura de la superficie del océano convierte un problema distante en una catástrofe inmediata, como cuando la lluvia de una tormenta como el huracán Harvey inunda su hogar durante días y días. Esa tormenta azotó Houston en agosto del 2017.

La nueva normalidad: el clima extremo

Sin embargo, no fue hasta diciembre de ese año que se publicó el primer estudio de atribución mostró que el cambio climático provocaría una tormenta con tanta lluvia como el huracán Harvey, y estadísticamente era tres veces más probable que ocurriera. Los científicos tardaron hasta 2020 en calcular que la tormenta fue resultado de las cantidades adicionales de lluvia atribuidas al cambio climático causado por el hombre. Este es un número asombroso, pero en ese momento, la información muy lenta. Por eso son tan importantes los nuevos análisis rápidos de atribución.

A medida que el clima extremo se convierte cada vez más en la nueva normalidad, así es como el análisis rápido y la ciencia de la atribución pueden ayudarnos a etiquetar y calcular de manera más clara y rápida las formas en que el cambio climático multiplica la amenaza del clima extremo y nos pone a todos en riesgo. La evidencia y los datos ya son claros: cuanto más rápido reduzcamos nuestras emisiones, mejor estaremos todos.

Publicado originalmente en The New York Times

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