«La alimentación es una manera de aprender»

¿Saben de dónde viene la palabra alumno? De alimento, viene de cría. O sea, alumno es el que está permanentemente alimentándose. Linda metáfora porque no termina nunca de alimentarse, ¿no?. Porque la condición humana no es para alimentarnos sino para estar bien carentes; somos todos porque nacimos para morir y porque además si no comemos no se nos va ese hambre. Es un hambre que por un lado nos alimenta en términos orgánicos -también para usar una de las metáforas más deliciosas que ha tenido Occidente- es un hambre del alma, y uso el adjetivo delicioso para hablar del alma porque en Occidente al alma se la come. Nos la comimos y creemos que esta adentro.

Alumno viene de alimento. Todos somos alimento, todos nos alimentamos y el principal alumno en cualquier clase debe ser para mí el docente. Me gusta convertir la etimología y decir que si de alguna manera alumno viene de alimento, y cuando aprendemos -de algún modo- nos estamos alimentando, también pensar que cuando nos alimentamos estamos aprendiendo. Digámoslo al revés, asociémoslo a la inversa: La alimentación es una manera también de ser alumnos, de aprender. Entonces no da lo mismo alimentarse de un modo o de otro, como no da lo mismo estudiar Medicina en la Universidad de Buenos Aires que estudiar medicina en la Universidad Austral. No da lo mismo, y no da lo mismo alimentarse de un modo o de otro, porque también es una manera de encarar el modo en que aprendemos. El alimento es, entonces, información: no es lo mismo comer una cosa o comer otra.

El gran enemigo de la filosofía es el sentido común y el sentido común indica que hay que comer para sobrevivir y que en nombre de la comida todo vale, punto y se acabó. Y está tan instalada esa especie como de apología del egoísmo donde la comida es lo primero.

Hay una cuestión con el alimento que tiene que ver con dos dimensiones: una con lo nutritivo y otra con el placer. Esa que tiene que ver con el placer no solo es olvidada sino que es mercantilizada. Y los que somos peronistas sabemos que el placer es un derecho a ser socializado.

El placer tiene que ver con una cuestión que está siendo enajenada. Nosotros vemos solo un aspecto, como sociedad, de la naturaleza y del alimento. Y nos relacionamos con los alimentos desde una de las tantas versiones posibles.

Los alimentos para nosotros son cosas, y están administrados bajo la lógica de la cosificación. Eso de la cosificación significa que hay una faceta que se presenta como más importante por sobre el resto. ¿Cuál? La que puede ser manipulada, financiada, industrializada. Recuperar la pregunta por el ser del alimento es recuperar ese otro aspecto. ¿Cuál es el ser del alimento? «La pregunta por el ser es siempre una pregunta imposible, decía Martín Heidegger, porque siempre cuando preguntamos por el ser respondemos como si fuera una cosa”. Lo pensamos en función de una utilidad para el ser humano. Su verdadero ser se nos escapa. 

A mí me parece fundamental recuperar algo de eso en nuestra relación con los alimentos. No quedarnos solo con el aspecto cosificador. Que también resulta necesario para la producción, pero no puede quedarse solo en eso.

Me resulta importante también decir que la fuerza de trabajo está totalmente enajenada en el proceso de industrialización alimentaria. En ese acto en que una persona se está comiendo una hamburguesa no solo hay una vaca, no solo hay todo un proceso previo que uno olvida; también hay explotación, también hay plusvalía. Es muy probable, incluso, que quienes hicieron esa hamburguesa estén privados de poder comer una hamburguesa porque el salario que se les paga jamás va a coincidir con el trabajo que han hecho.

Por Darío Sztajnszrajber*  *Discurso del filósofo en la charla que organizó la Unión de Trabajadores de la Tierra en el Aula Magna de la Facultad de Medicina (UBA), el jueves 8 de agosto.

 

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