Justicia Alimentaria denuncia que el NutriScore permitirá vender muchos alimentos altos en azúcar, grasa y/o sal como saludables

El Ministerio de Consumo anunció el pasado mes de junio la implementación del NutriScore en el primer cuatrimestre de 2021. Sin embargo, lo que tendría que ser una buena noticia en términos de regulación del etiquetado, puede convertirse incluso en un paso atrás, ya que se va a utilizar este sistema como reclamo nutricional de alimentos insanos y se cerrará la puerta a legislar a favor de un buen etiquetado. Se trata de un sistema de clasificación de 5 letras y colores basado en un algoritmo, en el que la A de color verde oscuro es la mejor opción y la E roja es la peor, pasando por la B, la C y la D. Justicia Alimentaria es clara en su posición y muestra su descontento con esta medida, porque considera que la única beneficiada es la industria, ya que, gracias al cálculo que hace el algoritmo, la mayor parte de los productos obtienen una clasificación verde a pesar de contener altos niveles de azúcar, grasa o sal.

En los lineales del supermercado es difícil distinguir qué producto es mejor. Simplemente leyendo las etiquetas de los productos envasados es complicado entender la información nutricional que aparece en ellas, lo que dificulta la tarea de elegir la opción más saludable. Por este motivo, una de las principales demandas de Justicia Alimentaria durante los últimos años ha sido la implementación de un etiquetado obligatorio para todos los productos alimenticios que permita diferenciar claramente los alimentos que pueden considerarse insanos. Sin embargo, frente a un sistema de detección indirecta como el algoritmo propuesto en el Estado español, existen otros métodos más directos y eficaces. En estos sistemas, si un alimento es alto en azúcar, se indica claramente, como el sistema del semáforo o el de los hexágonos que se está implementando en Chile, en los que simplemente muestran si el producto en cuestión lleva mucho azúcar, grasa o sal. Son sistemas simples, claros y directos. En el caso del NutriScore, el consumidor o consumidora no puede saber la cantidad de azúcar, sal o grasa que contiene el alimento si no se observa, como se ha hecho hasta ahora, la tabla nutricional.

El algoritmo NutriScore está pensado para poder comparar alimentos dentro de una misma categoría, no alimentos sin más, lo que genera diversas distorsiones en la percepción de compra saludable, como que unas galletas ultraprocesadas tengan mejor puntuación que un queso fresco natural. En condiciones de compra real, esa disfunción supone un problema y, de nuevo, vuelve a complicar el proceso de compra, ya que obliga a la persona consumidora a un ejercicio extra de concentración y estado de alerta constante, por ejemplo, para saber si el alimento etiquetado como verde (A o B) tiene o no mucho azúcar. Con el NutriScore no se puede saber. Por esa razón, Justicia Alimentaria denuncia que NutriScore permite esconder muchos alimentos altos en azúcar, grasa y/o sal. Las zonas naranjas y rojas del NutriScore se pueden esquivar fácilmente, basta con no superar, por ejemplo, el 22 % de azúcares, moderar las grasas insalubres y añadir fibra y proteína, por ejemplo. Lo mismo sucede si el ingrediente crítico que no queremos tocar es el sodio o la grasa insalubre. Se trata de jugar con las cifras de manera que, añadiendo cierta cantidad de fibra, proteína o fruta, el resultado nos dé verde; aunque el alimento tenga una cantidad considerable de uno o más ingredientes críticos. El resultado de todo ello es un producto insano, pero categorizado como saludable.

El sistema, al generar muchos falsos positivos (es decir, alimentos que aparecen como verdes, aunque contengan cantidades altas de uno o varios ingredientes críticos), genera también una falsa sensación de salud alimentaria en el proceso de compra. El problema de la alimentación insana es grave y requiere medidas igualmente contundentes. No es lo mismo observar en un lineal un montón de sellos alertando del contenido alto en azúcares, que ver el 80 % de color verde. Por ejemplo, en Chile, alrededor del 75-80 % de los alimentos ofertados en el supermercado presenta al menos 1 o 2 sellos de advertencia. Si comparamos lo que pasará en el Estado español con el NutriScore, el nivel de alimentos naranjas o rojos será muy inferior.

Según Javier Guzmán, director de Justicia Alimentaria, «el NutriScore puede generar un efecto perverso en la compra, ya que anteriormente, si tenías la duda de si un alimento era más o menos sano, ibas a la tabla nutricional y buscabas el contenido de azúcar o sal. Ahora, con NutriScore, la sensación de seguridad de que aquel alimento tiene un buen perfil nutricional es más alta, aunque en realidad un alimento B puede tener cantidades altas de azúcar o sal o grasas insalubres». Por su parte, Ferran Garcia, responsable de investigaciones de Justicia Alimentaria, asegura que el NutriScore «es el sistema menos malo para la industria alimentaria que comercializa alimentos insanos», y reclama que «el Gobierno nos debería explicar por qué ha descartado el sistema de sellos chileno o instrumentos de alerta similares y mucho más eficaces. Creemos que con esta decisión se da el portazo definitivo a un etiquetado nutricional realmente exigente, acorde al problema de salud pública que pretende abordar».

Los problemas de la alimentación insana en datos

La dieta inadecuada es el factor de riesgo que más problemas causa en nuestra salud y es responsable del 21 % de las muertes evitables. Por cada día de salud que perdemos a causa del tabaco, perdemos cinco a causa de la alimentación insana y sus riesgos asociados. Por cada día perdido por el alcohol, perdemos nueve por la alimentación insana; y por cada uno que perdemos por las drogas, perdemos once por una mala dieta. El tratamiento de las enfermedades asociadas a la alimentación insana (dolencias cardiovasculares, diabetes, algunos tipos de cáncer o afecciones como el sobrepeso o la obesidad) supone el 20 % del presupuesto público de sanidad. Estos datos obvian que se trata de un fenómeno estructural y sistémico, no de una mala elección individual.

Fuente: Justicia Alimentaria

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