Interferencia entre los insecticidas usados en agricultura y la efectividad del control de plagas con métodos de lucha biológica

Estudio de laboratorio liderado por la Universidad de Lleida con la colaboración de la UVic-UCC

Los insecticidas neonicotinoides -restringits por la Unión Europea para proteger las abejas y otros pol·linitzadors- interfieren con los métodos biológicos de control de plagas, incluso en dosis residuales. Así lo revela una investigación liderada por la Universidad de Lleida (UdL), recientemente publicada en la revista Scientific Reports , del grupo Nature. El estudio de laboratorio alerta que con niveles extremadamente bajos del neonicotinoides Thiacloprid – que únicamente matarían 10 individuos de cada millón- ya se observan efectos perjudiciales en las respuestas de navegación de los insectos a las feromonas

Los investigadores de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agraria (ETSEA) de la UdL, encabezados por el profesor César Gemeno y con la colaboración del biólogo de la UVic-UCC José Bau, han estudiado el impacto de los neonicotinoides en tres especies de lepidópteros plaga: el gusano de las manzanas o carpocapsa ( Cydia pomonella ), la polilla oriental de la pesca ( Grapholita molesta ) y el polilla del racimo ( Lobesia botrana ). Esta investigación pone de relieve que, a dosis subletales, el Thiacloprid reduce la capacidad del insecto para localizar las feromonas sexuales, lo que puede mermar la eficacia de los sistemas de control con este tipo de atrayentes.

Las feromonas son una herramienta muy eficaz en el control con confusión sexual y la monitorización con trampas, especialmente de las diversas especies de polilla que en su fase de oruga afectan a los árboles frutales y otros tipos de cultivo.

Combinados con otros métodos de control bio-racional (sin insecticidas), estas sustancias químicas pueden ayudar a disminuir sustancialmente el uso de productos fitosanitarios que tienen un impacto ambiental y sanitario «especialmente acusado en zonas agrícolas periurbanas, como por ejemplo la Huerta de Lleida «, destaca Gemeno. Además, las feromonas tienen la particularidad de no generar resistencia en las poblaciones de insectos plaga y ser totalmente inocuas para el entorno.

El estudio demuestra que aplicando dosis de insecticida mucho más bajas de las que se utilizan en el campo para controlar las poblaciones de insectos, el Thiacloprid reduce la capacidad de los machos de responder normalmente y orientarse a las plomadas de feromonas sexuales en condiciones de laboratorio. Para comprobarlo, los investigadores han realizado ensayos dentro de un túnel de viento. «Uno de los retos técnicos del estudio ha sido filmar la trayectoria de vuelo de insectos tan pequeños con baja intensidad de luz, ya que son de actividad crepuscular y nocturna», indica Gemeno.

Con el insecticida, el vuelo de las colmenas se vuelve más lento, con un ángulo diferente en relación con la línea del viento y más susceptible a la deriva; probablemente porque los afecta el sistema nervioso central.Además, las pruebas han revelado una sensibilidad especialmente pronunciada en una de las especies, la polilla del melocotón.

«Las cantidades mínimas de Thiacloprid alteran la comunicación química y, por tanto, los residuos de aplicaciones comerciales podrían afectar la eficacia de los métodos de gestión de plagas con semioquímicos «, basados en atrayentes y repelentes naturales como las feromonas, afirma el profesor de la UdL. Otro estudio reciente de los mismos investigadores de la ETSEA ya alertaba que las dosis subletales del mismo insecticida tienen efectos dramáticos sobre la liberación de feromonas sexuales en las tres especies de polilla tortricidae. Los investigadores creen que «hay que racionalizar el uso de estos compuestos habituales en la agricultura no sólo para reducir el impacto ambiental y humano, sino también para garantizar la eficacia de métodos biológicos complementarios».

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