Cuando la alimentación se hace inmaterial: Afrontar la era digital

La edición de este año del Observatorio del Derecho a la Alimentación y la Nutrición  explora los efectos de la desmaterialización, la digitalización y la financiarización en nuestros sistemas alimentarios. Analiza la forma en que estos procesos están alterando la concepción del mercado de alimentos y cómo se están viendo afectados los hábitos de consumo de alimentos en los centros urbanos y otros lugares. Asimismo, examina cómo están cambiando los objetivos de la acción política en la búsqueda de la soberanía alimentaria, y se interroga sobre cómo se abordará la realización del derecho humano a una alimentación y nutrición adecuadas.

Con motivo del Día Mundial de la Alimentación, la Red Mundial por el Derecho a la Alimentación y la Nutrición publicó el informe “Cuando la alimentación se hace inmaterial; Enfrentando la era digital”, en el que explora el impacto de las tecnologías en qué y cómo comemos, así como en cómo son producidos los alimentos

En el transcurso de unas pocas décadas, el mundo ha sido testigo de una revolución tecnológica, que ha generado cambios económicos y sociales a un ritmo sin precedentes. Hoy, una aplicación en su teléfono inteligente puede ayudar a crear conciencia sobre una causa social en todo el mundo y ayudar a un agricultor a regar sus cultivos en un área remota. Sin embargo, no todos los cambios han traído una ventaja: como se refleja en el Observatorio del Derecho a la Alimentación y la Nutrición de este año, el uso dominante de las tecnologías está aportando beneficios cuestionables a la justicia social, y más concretamente a la disminución de las tasas de hambre y malnutrición.
La brecha de desigualdad entre los más ricos y los que viven en la mayor pobreza se ha ampliado, con ocho hombres que poseen la misma riqueza que la mitad de la humanidad. Las tasas de hambre y malnutrición han aumentado en los últimos tres años de 784 millones en 2015 a 821 en 2017, y se espera que sigan ese camino, llevándonos a las cifras alarmantes de hace una década. Mientras tanto, los sistemas alimentarios son capturados cada vez más por el gran negocio, que ahora dicta qué y cómo comemos.

Dentro de esta nueva era de tecnologías emergentes   la comida, un componente clave de la vida, la identidad y las relaciones sociales, se está transformando en una mercancía inmaterial y en una fuente de datos que abre una caja de beneficios de Pandora para las corporaciones y los mega ricos. Esto, a cambio, está afectando a las comunidades rurales al quitarles más recursos, dañar el medio ambiente y cambiar nuestras dietas para peor.

Los actores que promovieron el modelo agroindustrial ahora reconocen su fracaso, pero afirman haber encontrado una “solución innovadora”, bajo el paraguas de la llamada Cuarta Revolución Industrial.

Esto implica una fusión de tecnologías que está borrando las líneas entre las esferas física, digital y biológica. En este contexto, tres dinámicas entrelazadas están marcando nuestra era: desmaterialización, digitalización y financiarización

La desmaterialización de los alimentos promueve la disminución de la sustancia física de los alimentos y el aumento del valor de mercado de sus dimensiones inmateriales.

Este último es cada vez más grande que el valor real de los alimentos, desde el costo de la publicidad, las remuneraciones financieras hasta los inversores, los beneficios de los grandes canales de distribución y los intentos sofisticados de utilizar las compras de alimentos para recopilar información sobre los consumidores.
La digitalización de los alimentos conduce a un proceso cada vez más automatizado, deslocalizado e informatizado de producción y comercialización de alimentos. Esto comienza en el nivel de los insumos agrícolas, con las semillas y otros materiales fitogenéticos transformados en conjuntos de información digitalizados, mientras que los campesinos son cada vez más criminalizados por su intercambio. Esto también se aplica a las personas denominadas “consumidores”, ahora reconvertidos en objeto de mecanismos de recopilación de datos por parte de corporaciones de alimentos quienes emplean algoritmos para clasificarl y generar ofertas personalizadas para los alimentos que consumen. Los criterios que se aplican tienen poco que ver con la prevención de la obesidad y la diabetes y otras enfermedades relacionadas con la dieta, sino con la obtención de beneficios y el control de las dietas de las personas.
La financiarización de los alimentos se debe al papel dominante que desempeñan los mercados financieros para determinar qué alimentos se producen y cómo se producen. Se manifiesta a través de la especulación con productos financieros vinculados a los alimentos, como la soja, o la inversión de capital en la agricultura, la producción de alimentos, la industria alimentaria y la logística de los alimentos. Esto también impulsa la transformación de recursos agrícolas, como la tierra, en activos financieros que pueden ser objeto de adquisiciones y reventas con fines de lucro en centros financieros internacionales. Sin embargo, las comunidades locales y rurales se encuentran desposeídas de estos recursos sin consulta.

Las tecnologías no son perjudiciales para el derecho a la alimentación.el problema radica en cómo se utilizan y con qué propósito. El uso actual de las tecnologías está siendo impulsado por intereses creados, a menudo por grandes corporaciones, cuyo objetivo principal y único es el beneficio. Mientras tanto, las personas cuyos derechos humanos están en mayor riesgo, simplemente no tienen voz ni acceso a estas tecnologías.

 

Os invitamos a que leáis el Observatorio  rtfn-watch-2018_esp

 

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