Comunidades de África resisten a la expansión del cultivo intensivo de palma aceitera

África Occidental y África Central son el centro de origen de la palma aceitera. En esa región del mundo, decenas de pueblos viven en relación muy estrecha con la palma, también llamada “árbol de vida”, que no sólo proporciona aceite para la cocina sino también bebidas, medicamentos, alimento animal, textil, materiales de construcción, además de tener muchos usos espirituales y ceremoniales.

Marie-Crescence Ngobo, integrante de la Red de Actores del Desarrollo Sostenible (RADD por sus siglas en francés), destaca por ejemplo que en Camerún todas las partes de la palma son usadas para la fabricación de remedios tradicionales.

Así, el pueblo Yambasa utiliza sus hojas para tratar las caries, prepara un vino de palma útil para curar tanto problemas estomacales como el sarampión. Para el pueblo Mvele, el corazón de la palma es el alimento más indicado para las mujeres después del parto. En el pueblo Bantu, el aceite negro llamado “manyangua” sirve para proteger la piel y el cabello, para reforzar el sistema inmunológico de los recién nacidos, para bajar la fiebre, la tos y curar la malaria.

En el Sur del país, se queman las ramas de la palma, para luego hervir las cenizas hasta acabar el liquido para producir una sal, utilizada ancestralmente antes de la llegada de la sal yodada.

En África Central y Occidental, las grandes plantaciones industriales de palma siguen siendo minoritarias: la mayoría de las palmas aceiteras son silvestres. Y cuando son cultivadas, lo son principalmente en pequeñas parcelas junto con otros cultivos como el plátano, el cacao, el café, los cacahuates y los pepinos.

Territorios en África donde se pretende expandir el cultivo industrial de palma aceitera.

La palma aceitera cultivada en África es también diferente de las variedades cultivadas en otras geografías: se cuida la palma tradicional, no las variedades modificadas. Aunque la palma tradicional presenta un rendimiento inferior a las palmas modificadas, ofrece un aceite de mejor calidad que se vende a mejor precio en los mercados locales. Además, es privilegiada por los campesinos ya que produce menos sombra y permite el cultivo de otras plantas alrededor.

Sin embargo, el cultivo y uso tradicional de la palma aceitera y sus productos derivados están bajo amenaza: en los últimos 15 años, empresas extranjeras han firmado más de 60 contratos y concesiones en más de 4 millones de hectáreas para el cultivo intensivo de palmas de aceite en África central y occidental.

Esa expansión del cultivo industrial de la palma aceitera pone en peligro los sistemas de producción tradicionales, las tierras y bosques, la biodiversidad así como los modos de vida y la soberanía alimentaria de las comunidades afectadas.

Un mercado en constante expansión

Aunque sea nativa del centro y oeste de África, la palma aceitera fue importada al sudeste asiático a mediados del siglo XIX y actualmente, el 85% de la palma a nivel mundial se cultiva en Malasia e Indonesia, aunque también se encuentran cultivos industriales en Tailandia, Nigeria, Colombia, Papua Nueva Guinea, Honduras, México, Costa de Marfil, Guatemala, Brasil, Ecuador, Costa Rica, República Democrática del Congo, China o Camerún.

A lo largo de las últimas cinco décadas, la producción mundial de aceite de palma ha aumentado constantemente. Según una investigación publicada por el periódico The Guardian, entre 1995 y 2015, la producción anual se cuadruplicó, pasando de 15,2 millones a 62,6 millones de toneladas, y las plantaciones para producirla representan el 10% de las tierras de cultivo mundiales permanentes. Para el año de 2050, se espera que se cuadruplique nuevamente su producción, llegando a 240 millones de toneladas.

Las excavadoras deforestan cientos de hectáreas de bosque en Borneo, Indonesia, para el cultivo de la palma de aceite (Gavin Parsons / Getty)

Su éxito se debe a que la palma aceitera es un cultivo altamente productivo que es capaz de producir más aceite con menos tierra que cualquier otro aceite vegetal existente: una plantación de palma aceitera produce ocho veces más aceite que un campo de soja y seis veces más que un campo de colza, según la Alianza Francesa para el Aceite de Palma Sostenible.

Además, el fruto de la palmera aceitera (Elaeis guineensis) permite la producción del aceite vegetal más versátil del mundo. El aceite de palma y sus derivados se utilizan en la fabricación de alimentos, cosméticos o velas. Proporciona el agente espumante en prácticamente todos los champús, jabones líquidos o detergentes, eleva el punto de derretimiento del helado y se utiliza cada vez más como materia prima barata para agrocombustibles aptos para autos, barcos y aviones, especialmente en la Unión Europea. La almendra de la palma también se usa como alimento para animales.

Ante el alza de la demanda, las empresas productoras de aceite de palma se han enfrentado a condiciones cada vez más difíciles para comprar tierras y expandir su negocio en Malasia e Indonesia, por lo que han empezado a recurrir nuevamente a África para producir aceite barato destinado a la exportación.

Grandes empresas y bancos de desarrollo impulsan la expansión

La expansión de las plantaciones industriales de palma aceitera en África está dominada por un puñado de grandes compañías multinacionales. Según información de la organización GRAIN, sólo cinco compañías controlan tres cuartas partes del área plantada de las plantaciones industriales de palma aceitera en el continente.

Algunas de estas empresas corresponden a grandes compañías de plantaciones de palma aceitera del sureste asiático: es el caso de Olam y Wilmar, esa ultima siendo la más activa con plantaciones en cinco países de África (Costa de Marfil, Gana, Liberia, Nigeria, Uganda), con 83 mil 714 hectáreas plantadas.

Las otras compañías, SOCFIN y SIAT, son antiguas compañías coloniales europeas de agronegocios.

“Actualmente, SOCFIN y SIAT tienen un total de 123 mil 336 hectáreas plantadas con palma aceitera en África (91 mil 081 hectáreas de SOCFIN y 32 mil 255 de SIAT). Estas dos compañías, por consiguiente, controlan un cuarto de todas las grandes plantaciones de palma aceitera en el continente”, explica la organización GRAIN.

Además de esas transnacionales, numerosos bancos de desarrollo están involucrados en el impulso a la expansión de las plantaciones a gran escala.

El Banco Mundial, especialmente a través de la Corporación Financiera Internacional, es un actor fundamental. Otras instituciones financieras importantes provienen de países europeos, en particular el Fondo Europeo de Desarrollo (European Development Fund, EDF), la Comunindad Economica Europea (European Economic Community, EEC), el Banco Europeo de Inversión (European Investment Bank, EIB) o la misma Union Europea.

Finalmente, también hay instituciones financieras de Estados Unidos, China y África que intervienen, como el Banco de Desarrollo Chino, el Banco de Desarrollo Africano o el Banco de Desarrollo de África Occidental.

Palma y colonización

No es la primera vez que potencias exteriores al continente tratan de controlar y expandir el cultivo de palma. Durante la ocupación colonial, las potencias europeas empezaron a codiciar el aceite de palma para la fabricación de lubrificantes industriales y velas.

En Benin, las familias estaban obligadas a pagar un impuesto llamado “takouè” a las autoridades coloniales, el cual se pagaba con aceite y nueces de palma. En Congo, el rey de Bélgica obligaba todos y todas las campesinas a plantar 10 palmas al año. Por otro lado, las potencias coloniales desarrollaron grandes plantaciones de palma y empezaron a modificar las variedades tradicionales para mejorar su rendimiento.

A la hora de las independencias, la realidad no cambió a favor de las comunidades de la región. Bajo el impulso del Banco Mundial, las plantaciones existentes fueron nacionalizadas por los recién creados Estados africanos y expandidas de manera brutal.

“Las compañías podían ampararse en los gobiernos para hacer uso de decretos presidenciales y de la fuerza bruta del ejército para desplazar a las comunidades locales de las mejores tierras, para destinarlas al cultivo de la palma aceitera”, relata la organización GRAIN en su investigación llamada “Comunidades africanas luchan contra el acaparamiento de tierras para el cultivo de palma aceitera”.

A fines de la década de 1990, el Banco Mundial y otros inversores impusieron programas de ajuste estructural y obligaron a los gobiernos africanos a privatizar sus empresas. Mientras muchas compañías nacionales colapsaban, compañías europeas con viejos lazos coloniales aprovecharon las situación para asumir las actividades más lucrativas.

Como lo detalla GRAIN en otro articulo, “SOCFIN, controlada por los multimillonarios Vincent Bolloré de Francia y Hubert Fabri de Bélgica, asumió el control de empresas nacionales en Camerún, República Democrática del Congo (RDC), Guinea y Nigeria. SIAT, propiedad de la familia del magnate de diamantes sudafricano Ernest Oppenheimer y la familia belga Vandebeeck, tomó el control de las plantaciones en Gabón, Ghana y Nigeria, mientras que otra antigua fortuna belga, SIPEF tomó una participación en las plantaciones estatales de palma aceitera en Costa de Marfil. Unilever, una de las empresas agroalimentarias más grandes y antiguas del mundo, también ganó plantaciones en la RDC, Ghana y Costa de Marfil”.

Un regreso al pasado colonial

La actual oleada de plantaciones industriales de palma aceitera en África es una continuación de esa historia. Como lo resalta GRAIN, “la mayoría de los proyectos industriales recientes de palma aceitera que se han implementado, comprenden viejas concesiones, plantaciones abandonadas y antiguos conflictos por tierra”.

Aunque las empresas pretendan que las plantaciones aportarán grandes beneficios a las comunidades locales, apoyando el “desarrollo” y respetando criterios para ser “inversionistas responsables” y promoviendo la “deforestación cero”, la realidad es muy diferente.

Las prácticas de las empresas para llegar a sus fines también reflejan sus viejas prácticas coloniales: despojo de tierras a la fuerza, destrucción de la biodiversidad, condiciones laborales dramáticas en las plantaciones, uso continuo de la violencia.

En contexto, Guatemala: el trabajo esclavo detrás de la palma aceitera

“De manera semejante a la época colonial, los habitantes que viven alrededor y al interior de las áreas concesionadas, son constantemente acosados y golpeados por los guardias de seguridad de las compañías, que los acusan de robar los frutos de las palmas de las plantaciones. Los que se oponen a las compañías también son golpeados de manera continua, arrestados e intimidados y, a veces, asesinados. Pero las mujeres son las que más sufren y, casi siempre, en silencio. El nivel de violencia sexual que enfrentan las mujeres que viven en las cercanías de las plantaciones o trabajan en las plantaciones, en general, es horroroso”, detalla GRAIN en “Comunidades africanas luchan contra el acaparamiento de tierras para el cultivo de palma aceitera”.

Resistencias

A pesar de la violencia desplegada por las compañías aceiteras, la expansión del cultivo industrial de palma no se hace sin resistencia por parte de las comunidades locales.

“Nuestras estimaciones actualizadas muestran una disminución significativa, a lo largo de los últimos cinco años, en el número y el área total de tierras afectadas por los diversos tipos de contratos para establecer plantaciones industriales de palma aceitera en África, disminuyendo de unos 4 millones 700 mil hectáreas a un poco más de 2 millones 700 mil hectáreas. Y solo una pequeña fracción de esta área, 220 mil 608 hectáreas, la han convertido a plantaciones de palma aceitera o fue replantada con nuevas palmas. Pensamos que la fuerte resistencia de las comunidades ha sido la clave para desacelerar esta expansión de las plantaciones industriales de palma aceitera en la región”, explica GRAIN.

La organización recopila al menos 27 proyectos de plantación de palma aceitera a gran escala que se anunciaron o de las cuales se informo a lo largo de la última década y que fueron abandonados o fracasaron.

“Las comunidades en África han tenido, por el momento, una experiencia más que suficiente con las grandes plantaciones de palma aceitera para saber que no son necesarias y que tampoco se les quiere. Los sistemas tradicionales de cultivo de la palma aceitera y de producción del aceite de palma de las comunidades son mucho más dinámicos y mucho más capaces de satisfacer las necesidades del continente. Es el momento de detener por completo la expansión de las plantaciones industriales de palma aceitera y devolver las tierras ocupadas por las compañías de plantaciones de palma aceitera a las comunidades afectadas”, concluye el documento.

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