Comunidades africanas luchan contra el acaparamiento de tierras para el cultivo de palma aceitera

Durante la última década, las compañías de agronegocios han ido aumentado su producción de aceite de palma para satisfacer la demanda global de aceite vegetal a bajo precio, utilizado en la fabricación de alimentos procesados, biocombustibles y cosméticos. En muchos países de África, el blanco principal de la expansión de las plantaciones de palma aceitera son las tierras de las comunidades.

En 2016, GRAIN informó acerca de más de 65 acuerdos de concesiones, arriendos o compras de tierras a gran escala para plantaciones de palma aceitera que fueron firmados entre 2000 y 2015, cubriendo más de 4 millones 700 mil hectáreas.i Las compañías multinacionales, en colaboración con élites locales y bancos de desarrollo, arremetieron en gran escala contra comunidades en África, desde Sierra Leona en África Occidental hasta la República Democrática del Congo en África Central, para apoderarse de sus tierras y destinarlas a plantar palma aceitera.

Las cosas, sin embargo, no han sido del todo como lo esperaban las compañías. Nuestras estimaciones actualizadas muestran una disminución significativa, a lo largo de los últimos cinco años, en el número y el área total de tierras afectadas por los diversos tipos de contratos para establecer plantaciones industriales de palma aceitera en África, disminuyendo de unos 4 millones 700 mil hectáreas a un poco más de 2 millones 700 mil hectáreas. Y solo una pequeña fracción de esta área, 220 mil 608 hectáreas, la han convertido a plantaciones de palma aceitera o fue replantada con nuevas palmas. Pensamos que la fuerte resistencia de las comunidades ha sido la clave para desacelerar esta expansión de las plantaciones industriales de palma aceitera en la región.

Las comunidades en África han tenido, por el momento, una experiencia más que suficiente con las grandes plantaciones de palma aceitera para saber que no son necesarias y que tampoco se les quiere. Los sistemas tradicionales de cultivo de la palma aceitera y de producción del aceite de palma de las comunidades son mucho más dinámicos y mucho más capaces de satisfacer las necesidades del continente. Es el momento de detener por completo la expansión de las plantaciones industriales de palma aceitera y devolver las tierras ocupadas por las compañías de plantaciones de palma aceitera a las comunidades afectadas.

El estado actual de las plantaciones de palma aceitera en África

De acuerdo a nuestros base de datos actualizada, actualmente hay 49 concesiones para plantaciones a gran escala de palma aceitera en África, que cubren 2 millones 740 mil hectáreas (ver Anexo I)

Muchos de los proyectos de plantaciones de palma aceitera que fueron proclamados durante la última década fracasaron o fueron abandonados, como se puede ver en la tabla adjunta (ver Anexo II). Otros proyectos se redujeron. Si bien ha habido algunos nuevos proyectos y expansiones desde 2014, el ritmo, ciertamente, ha disminuido, sin que haya habido anuncios de nuevos proyectos de plantaciones de palma aceitera durante los dos últimos años.ii

El área geográfica de interés también se redujo. Casi todos los proyectos de las corporaciones de plantaciones de palma aceitera en África, ubicados fuera de África Central y Occidental, han sido abandonados. El interés está ahora en unos cuantos países, siendo la prioridad Camerún, la República Democrática del Congo, Congo-Brazzaville, Costa de Marfil, Gabón, Gana, Liberia, Nigeria y Sierra Leona. También hay actividad, pero en menor medida, en la República Centroafricana, Guinea, Santo Tomé y Príncipe, Togo y Uganda.

Otro punto importante que surge de los datos actualizados, es la desmedida diferencia entre el área que las corporaciones han adquirido mediante concesiones y el área que han convertido en plantaciones industriales de palma aceitera. Solamente 463 mil hectáreas —17% del área total adquirida bajo concesiones (2 millones 740 mil hectáreas)— está plantada con palma aceitera, y otras 55 mil hectáreas dentro de estas concesiones están plantadas con caucho y otros cultivos. Más aún, la mayoría de estas plantaciones son antiguas plantaciones que provienen de los proyectos paraestatales de los años 1970 y 1980 o, aún más antiguas, de la era colonial. Estimamos que solamente 220 mil 608 hectáreas fueron convertidas en plantaciones de palma aceitera industrial o replantadas durante la última década.iii

El caso más claro está en Congo-Brazzaville. De las 520 mil hectáreas que el país entregó en concesión a las compañías de aceite de palma, menos de mil hectáreas, o el 0.2%, se han convertido en plantaciones. Es probable que estas concesiones fueran sólo fachadas para facilitar las operaciones de tala ilegal, convirtiendo tierras forestales en tierras agrícolas.iv Liberia es otro ejemplo. Durante la administración del Presidente Sirleaf, el primer gobierno electo luego de la terrible guerra civil en el país, 775 mil hectáreas fueron entregadas en concesiones a empresas de plantaciones de palma aceitera. Pero hoy, menos de 54 mil hectáreas (7% del total del área de concesión) se ha desarrollado como plantación industrial, a pesar de que quienes obtuvieron estas concesiones están entre las compañías más grandes del mundo de plantaciones de palma aceitera.

Las grandes empresas impulsan la expansión

Los datos del 2016 identifican una larga lista de compañías, algunas grandes, muchas de ellas pequeñas, con poca experiencia en agricultura, que han obtenido tierras en África para plantar palma aceitera a nivel industrial. Los datos actualizados muestran que muchos de estos pequeños operadores, poco experimentados, han desaparecido. Hoy, la expansión de las plantaciones industriales de palma aceitera en África está dominada por sólo un puñado de grandes compañías multinacionales. Sólo cinco compañías controlan tres cuartas partes del área plantada de las plantaciones industriales de palma aceitera en el continente. (Ver Tabla 1).

Algunas de estas empresas corresponden a grandes compañías de plantaciones de palma aceitera del sureste asiático como Sime Darby, Golden Agri, KLK, Salim Group y Olam. Cada una de estas compañías tiene un importante proyecto de plantación de palma aceitera en África. Wilmar, con sede en Singapur, es la más activa de las compañías del sureste asiático en plantaciones de palma aceitera. Tiene plantaciones de palma aceitera en cinco países de África (Costa de Marfil, Gana, Liberia, Nigeria, Uganda), con 83 mil 714 hectáreas plantadas.

Las otras compañías importantes que operan plantaciones de palma aceitera en África son las antiguas compañías coloniales europeas de agronegocios. Las dos más importantes son SOCFIN de Luxemburgo y SIAT de Bélgica. Ambas compañías han construido su imperio de plantaciones sobre las ruinas del programa del Banco Mundial para el desarrollo de plantaciones de palma aceitera y caucho, en varios países de África Occidental y Central, en la década de los años 1970 y 1980. Ese programa fue llevado a cabo en estrecha colaboración con la firma consultora de SOCFIN, SOCFINCO. El fundador y copropietario de SIAT , era miembro del equipo de SOCFINCO en esa época.

Con este programa del Banco Mundial, SOCFINCO supervisó el desarrollo de los planes de los programas nacionales de plantación de palma aceitera y caucho, ayudando a identificar las tierras que se reconvertirían en plantaciones industriales y se le pagó por administrarlas y, en algunos casos, supervisar las ventas de caucho y aceite de palma de las compañías estatales que estaban a cargo de las plantaciones establecidas a través del programa (ver recuadro: Los proyectos de plantación en Nigeria del Banco Mundial y SOCFINCO/SIAT). El Banco Mundial entregó préstamos a los gobiernos de África para esos proyectos y luego, en la década de 1990, con las compañías estatales altamente endeudadas, presionó por la privatización. SOCFIN y SIAT se quedaron con varias de las plantaciones de mayor valor.v

Actualmente, SOCFIN y SIAT tienen un total de 123 mil 336 hectáreas plantadas con palma aceitera en África (91 mil 081 hectáreas de SOCFIN y 32 mil 255 de SIAT). Estas dos compañías, por consiguiente, controlan un cuarto de todas las grandes plantaciones de palma aceitera en el continente.

Tabla 1. Las cinco principales compañías con plantaciones en África

Compañía

Área plantada con palma aceitera (ha)

Países

SOCFIN (Luxemburgo)

93 mil 764*

Camerún, Costa de Marfil, RDC, Gana, Guinea, Nigeria, Santo Tomé y Príncipe, Sierra Leona

Wilmar (Singapur)

83 mil 714**

Costa de Marfil, Gana, Liberia, Nigeria, Uganda

Olam (Singapur)

71 mil 500

Gabón

SIAT (Bélgica)

32 mil 415

Gana, Nigeria

Feronia (Canadá)

23 mil 500

RDC

* Incluye plantaciones de propiedad de SOGUIPAH en Guinea.

** Incluye plantaciones de propiedad de SIFCA en Liberia. Wilmar tiene 27% de la propiedad de SIFCA.

El Banco Mundial continúa siendo un importante actor en el impulso a la expansión de las plantaciones industriales de palma aceitera en África, especialmente a través de la Corporación Financiera Internacional. Pero no es el único banco de desarrollo activo en la región. Hay numerosas instituciones financieras de desarrollo (IFDs) que están involucradas en las plantaciones de palma aceitera de corporaciones en África. La mayoría de ellas son de países europeos, pero también hay IFDs de Estados Unidos y China que intervienen, así como también varios bancos de desarrollo de África, tales como el Banco de Desarrollo Africano y el Banco de Desarrollo de África Occidental. A menudo, las IFDs canalizan su dinero hacia las compañías de plantaciones mediante fondos de capital privados que tienen su domicilio en paraísos fiscales en el extranjero, como el African Agricultural Fund con domicilio en Mauricio, que tiene participación en Goldtree (Sierra Leona) y Feronia (República Democrática del Congo).

Normalmente estas IFDs entregan préstamos en condiciones favorables a compañías de plantaciones de palma aceitera. En algunos casos, han entregado apoyo al inicio del proyecto, mientras que en otros casos han intervenido para permitir que una compañía expanda sus plantaciones o evitar que lleguen a la quiebra. En algunos casos, las IFDs han adquirido acciones en las compañías de plantaciones y han tenido participación en los directorios, como ocurrió con Feronia Inc. en la República Democrática del Congo y con Goldtree en Sierra Leona, en las que las IFDs se han constituido como propietarios mayoritarios de las compañías.

Es probable que sin la participación, actual e histórica, del Banco Mundial y otras IFDs, muchas de las plantaciones industriales de palma aceitera que existen hoy en África nunca hubieran podido despegar. Para aquellos de nosotros que trabajamos para detener el acaparamiento de tierras que emprenden las compañías de aceite de palma es importante seguir presionando a las IFDs para que suspendan el financiamiento entregado a estas plantaciones industriales.

Resistencia frente al acaparamiento de tierras

Hay por lo menos 27 proyectos de plantación de palma aceitera a gran escala que se anunciaron o de las cuales se informo a lo largo de la última década y que fueron abandonados o fracasaron. Otros numerosos proyectos se redujeron o se estancaron. Se suponía que estos proyectos transformarían en plantaciones industriales más 3 millones 100 mil hectáreas de tierras, pero no han llegado cerca a estas cifras.

Una de la razones para este fracaso es que muchos de los proyectos fueron realizados por compañías con poca o ninguna experiencia en agricultura a gran escala. Algunas de estas compañías simplemente querían obtener ganancias a costa del interés por las tierras agrícolas en África. La mayoría estaba interesada en asegurar contratos de arriendo o concesiones sobre grandes áreas de tierras que luego podrían vender a otra compañía después de hacer pequeñas inversiones o ninguna inversión. Otras compañías como ZTE, de China, en la RD del Congo; el grupo Siva, con domicilio en Singapur, en Camerún y Sierra Leona; y Karuturi, de India, en Etiopía, no tenían la capacidad para desarrollar los proyectos en los cuales se habían embarcado.

Pero una explicación más importante para las dificultades que las compañías tuvieron para avanzar en sus proyectos, es la resistencia que encontraron por parte de las comunidades afectadas y de los grupos que las apoyan. Las protestas de los habitantes, en el distrito de Rufiji de Tanzania, acabaron con un proyecto de plantación de palma aceitera de 20 mil hectáreas de la compañía inglesa African Green Oil Ltd.vi La intensa lucha de las comunidades en el suroeste de Camerún, apoyada por las organizaciones locales, grupos nacionales e internacionales, forzaron al gobierno a reducir la concesión que entregaron a la firma Herakles Farms, estadounidense, de 73 mil hectáreas a menos 20 mil hectáreas. Finalmente la compañía estadounidense que respaldaba la inversión se retiró y los nuevos inversionistas no han podido seguir adelante con el proyecto.vii

Otros lugareños en Camerún han frenado la expansión de las plantaciones de Pamol o mantienen largas luchas para recuperar sus tierras y frenar la expansión de Socapalm, subsidiara de SOCFIN.viii

En Liberia, el clan Joegbahn impidió que la compañía Equatorian Palm Oil, del Reino Unido, ahora propiedad de una de las mayores compañías de plantaciones de palma aceitera en el mundo, se apoderara de sus tierras para plantaciones, no obstante que el gobierno había entregado esas tierras a la compañía bajo un acuerdo de concesión.ix Las grandes compañías de aceite de palma restantes que operan en Liberia, también se enfrentan a una resistencia feroz por parte de los habitantes locales y de las organizaciones que los apoyan, ante sus intentos de llevar a cabo sus planes de plantación industriales.x

Los conflictos por tierras tienen un alto costo para las compañías. El hecho de que tantos proyectos de plantación industriales de palma aceitera estén con problemas en África, tiene como efecto el desalentar a las compañías en sus intenciones de inversión. La resistencia a Herakles Farms, por ejemplo, seguramente influyó en las decisiones de las corporaciones internacionales de alimentos, Cargill y Sime Darby, para retirarse de las plantaciones de palma aceitera en Camerún. La crítica internacional hacia los bancos de desarrollo por su financiamiento de las plantaciones de Feronia en la República Democrática del Congo, probablemente ha sido la razón del rechazo al financiamiento para otros proyectos de plantaciones industriales de palma aceitera en África. Si bien no tenemos medios para asegurar qué proyecto o cuántos proyectos fueron archivados debido a los riesgos de conflictos por tierras, o debido a la resistencia local, sí sabemos, por nuestra experiencia en diferentes luchas, que la resistencia está teniendo un gran impacto en sus decisiones y en su capacidad de sacar adelante proyectos de plantación industriales.

El capítulo final para las plantaciones industriales de palma aceitera en África

África Occidental y África Central son el centro de origen de la palma aceitera. Está profundamente arraigada en la cultura y la historia de la mayoría de los países de la región. Ha proporcionado no sólo una importante fuente de aceite de cocina para muchas generaciones en las comunidades locales, sino que también ha proporcionado bebidas, alimento animal, textil, materiales de construcción, medicamentos y todo tipo de usos espirituales y ceremoniales.xi La producción local de aceite de palma prosperaba hasta que fue brutalmente interrumpida por la ocupación colonial, en la que muchos de los huertos fueron puestos al servicio de las compañías extranjeras e inmensas áreas de tierras fueron despojadas violentamente para dar lugar a las primeras plantaciones a gran escala de palma aceitera en el mundo.

Los gobernantes europeos de las colonias seleccionaron entre las distintas palmas africanas y, con la misma fuerza bruta, establecieron plantaciones masivas de palma aceitera en el sureste asiático. El aceite de palma barato producido en las plantaciones de Asia, virtualmente con trabajo esclavo, sería enviado de vuelta a África, convirtiendo a la región —que una vez no tuvo problemas para producir excedentes de aceite de palma—, en un gran importador.

El periodo poscolonial no fue mucho mejor para las comunidades de la región. Bajo la cobertura de los programas de plantación del Banco Mundial, en las décadas de los años 1970 y 1980, las antiguas compañías coloniales de plantaciones pudieron restablecer su presencia en la región (ver recuadro: El Banco Mundial y los proyectos de plantación de SOCFIN/SIAT en Nigeria). En efecto, debido a que la expansión de las plantaciones de palma aceitera durante esos años fue dirigida por compañías paraestatales que afirmaban actuar por el interés nacional, las compañías podían ampararse en los gobiernos para hacer uso de decretos presidenciales y de la fuerza bruta del ejército para desplazar a las comunidades locales de las mejores tierras, para destinarlas al cultivo de la palma aceitera. Los gobiernos africanos también usaron dineros públicos para pagar por esta expansión, por intermedio de préstamos del Banco Mundial, y luego transfirieron las plantaciones a las compañías extranjeras en las décadas de los años 1990 y 2000, mediante procesos de privatización forzados por el Banco Mundial, como parte de los así llamados programas de ajuste estructural.

Recuadro: El Banco Mundial y los proyectos de plantación de SOCFIN/SIAT en Nigeria

El Banco Mundial llevó a cabo en Nigeria un programa para desarrollar la producción de aceite de palma a gran escala, entre las décadas de los años 1970 y 1980, junto con el gobierno del país. Este programa financiado por préstamos multimillonarios en dólares del Banco Mundial y otros bancos de desarrollo y al final pagados por el presupuesto público de Nigeria, fue diseñado y ejecutado por SOCFINCO, una firma consultora creada por la compañía belga de plantaciones coloniales SOCFIN, en asociación con la compañía holandesa HVA. La persona que dirigía las operaciones de SOCFINCO en Nigeria era el fundador de SIAT, Pierre Vandebeeck. Desde 1974 hasta fines de los años 80, SOCFINCO elaboró los planes maestros para al menos 7 proyectos de palma aceitera respaldados por el Banco Mundial, en 5 diferentes estados. Cada proyecto implicó la creación de compañías paraestatales que podían tomar el control de las plantaciones estatales existentes y desarrollar nuevas plantaciones y molinos de aceite de palma así como sistemas de cultivos bajo contrato a gran escala.

Después, SOCFINCO fue contratada para asumir la administración del proyecto, a cambio de altas sumas. Todos los proyectos generaron conflictos de tierras de larga duración con las comunidades locales, como lo fue con la comunidad Oghareki en Delta State o los habitantes de Egbeda en Rivers State. Después de despojar de sus tierras a numerosas comunidades e incurrir en grandes pérdidas para el gobierno de Nigeria, las compañías paraestatales fueron entonces privatizadas, terminando con los activos más valiosos de las plantaciones en las manos de SOCFIN o SIAT, la que Vandebeeck formó en el año 1991 para tomar el control de las plantaciones de Oil Palm Company Ltd. de Benel State (ahora dividido en Edo State y Delta State). Estas plantaciones ahora son operadas por Presco, subsidiaria de SIAT. En 2011, otra subsidiaria de SIAT en Nigeria, SIAT Nigeria Limited, adquirió 16 mil hectáreas de plantaciones de la compañía de aceite de palma de River State, Risonpalm, a la cual Vandebeeck, como empleado de SOCFINCO, había supervisado como administrador de la plantación durante el programa del Banco Mundial desde 1978 a 1983.

SOCFIN, por su parte, se hizo cargo de las plantaciones de palma aceitera en el área de Okomu, que fueron desarrolladas bajo el programa del Banco Mundial. Fue SOCFINCO quien identificó por primera vez esta área para el desarrollo de plantaciones como parte del estudio de evaluación para el que fue contratado en 1974. En consecuencia se creó Okomu Oil Palm Company Plc. (OOPC) como compañía paraestatal en 1976 y 15.580 hectáreas de tierra dentro de la reserva forestal de Okomu de Edo State perdieron su estado de reserva y fueron despojadas a las comunidades para dar lugar a plantaciones de palma aceitera. La compañía contrató a SOCFINCO como agente administrador para supervisar sus actividades desde 1976 a 1990. Los informes varían, pero en un punto entre los años 1986 y 1990, OOPC fue vendida a la subsidiaria de SOCFIN, Indufina Luxembourg.xii

La nueva oleada de plantaciones industriales de palma aceitera que tuvo lugar en África durante los últimos 15 años está construida, literalmente, sobre las espaldas de esta historia brutal. La mayoría de los proyectos industriales recientes de palma aceitera que se han implementado, comprenden viejas concesiones, plantaciones abandonadas y antiguos conflictos por tierra.

Para las comunidades de los países africanos, los proyectos de plantaciones industriales de palma aceitera actuales son percibidos como un regreso de la ocupación colonial.xiii Les están quitando sus tierras, a menudo por la fuerza, sin consulta o consentimiento. Las plantaciones industriales destruyen sus bosques, la biodiversidad local y contaminan sus fuentes de agua. Pierden el acceso a las tierras para cultivar alimentos y sus tradicionales arboledas de palma y se le prohibe producir su propio aceite de palma. Las empresas pueden producir aceite de palma a bajo precio sólo porque las condiciones laborales en sus plantaciones son muy malas, a menudo peores aún que las que había en épocas coloniales, con salarios, cuando son pagados, que apenas cubren los costos básicos de vida, y la gran mayoría de los puestos de trabajo son para trabajadores por día, sin ninguna seguridad laboral. Apenas hay inversión social, como escuelas, clínicas e infraestructura, que podrían representar alguna compensación – y los aldeanos, raramente reciben algún pago por arrendamiento que las compañías afirman realizar.

De manera semejante a la época colonial, los habitantes que viven alrededor y al interior de las áreas concesionadas, son constantemente acosados y golpeados por los guardias de seguridad de las compañías, que los acusan de robar los frutos de las palmas de las plantaciones. Los que se oponen a las compañías también son golpeados de manera continua, arrestados e intimidados y, a veces, asesinados. Pero las mujeres son las que más sufren y, casi siempre, en silencio. El nivel de violencia sexual que enfrentan las mujeres que viven en las cercanías de las plantaciones o trabajan en las plantaciones, en general, es horroroso.xiv

Sin embargo, el agrocolonialismo de hoy está oculto en el relato de “una misión para ayudar a África, tal como lo fue durante el periodo colonial. Todas las compañías afirman ser “inversionistas responsables”, varios de ellos adhieren a los principios del acuerdo conocido como Mesa Redonda sobre Aceite de Palma Sostenible (RSPO) y prometen “deforestación cero”. Aunque los criterios de certificación RSPO no pueden ser considerados sustentables, ya que promueven la plantación industrial, es interesante ver cómo sólo unas pocas compañías han logrado la certificación RSPO para sus plantaciones industriales en los países de África. Sólo 9 de las 52 grandes plantaciones de palma aceitera en operación en África, tienen certificación RSPO.

La mayoría de los proyectos de plantación corporativos incluyen mecanismos de tercerización o agricultura por contrato, donde las compañías organizan a pequeños propietarios para que los abastezcan con frutos de palma aceitera. A veces, las compañías atraen a los agricultores hacia estos programas proporcionándoles semillas y prometiéndoles que estos mecanismos son el camino para que las personas se “enriquezcan rápidamente”. Estos programas son a veces incluidos en los acuerdos de concesión con los gobiernos y las compañías a menudo reciben financiamiento de parte de los gobiernos africanos, instituciones de las Naciones Unidas, donantes o bancos de desarrollo para estos programas de tercerización o con pequeños propietarios. En muchos casos, estos sistemas son implementados con la colaboración de ONGs. Algunos sistemas de tercerización han existido por décadas, y fueron establecidos a través de programas de palma aceitera industrial financiados por el Banco Mundial de las décadas de 1970 y 1980. Este es el caso de Gana, donde el área bajo sistemas de agricultura bajo contrato es mayor que el área bajo plantaciones industriales.xv En la mayoría de los casos recientes, sin embargo, la producción bajo contrato no es prioritaria para las compañías, y canalizan la mayor parte de sus recursos hacia sus propias plantaciones, en las cuales pueden mantener un control más estricto sobre la producción.

Olam, por ejemplo, estableció una empresa conjunta con el gobierno de Gabón para desarrollar programas de cultivos bajo contrato en nueve provincias para, supuestamente, apoyar la seguridad alimentaria del país. El programa, llamado GRAINE, debe supuestamente desarrollar plantaciones de palma aceitera y otros cultivos con pequeños propietarios, cubriendo 200 mil hectáreas e involucrando 1 600 lugareños para el año 2020. Sin embargo, a fines del 2017, esta empresa conjunta había invertido 40 millones de dólares en el programa GRAINE, en contraste con los 643 millones de dólares que la plantación de Olam gastó en las plantaciones industriales propias. Incluso más que aumentar la producción de alimentos, el programa GRAINE, ha destinado el financiamiento que recibe del African Development Bank, al desarrollo de grandes plantaciones de palma aceitera en una concesión de 30 mil hectáreas en la zona de la sabana en Ndendé, en la provincia de Ngounié.xvi ¡Un informe reciente indicaba que esta plantación de palma aceitera de GRAINE podría ser entregada a la compañía de plantaciones de Olam!xvii

Allí donde las compañías actualmente están implementando programas de cultivos bajo contrato o manteniendo los sistemas de trabajo con pequeños propietarios, iniciados por los anteriores propietarios de la plantación, los resultados no son mucho mejores. Los habitantes que participan en estos programas tienen que cultivar palma aceitera industrial de forma exclusiva, en parte o en el total de sus tierras, y deben producir exclusivamente para la compañía. La experiencia muestra que las compañías normalmente fijan los contratos para garantizar sus utilidades, mientras que los habitantes terminan con deudas al final de cada año. La gente, además, sacrifica tierras que podrían haberse usado para producir alimentos para sus familias y comunidades.

Los proyectos de palma aceitera de las corporaciones son, claramente, un desastre para las comunidades locales donde se establecen. El número de proyectos fracasados y las pérdidas de sus operaciones en África, de muchas compañías activas en plantaciones, parece indicar que las compañías tampoco están ganando. Pero la realidad es que los ejecutivos y directores de las plantaciones de palma aceitera que tienen pérdidas, siempre se aseguran de ser remunerados de manera correcta, mediante salarios, bonos, opciones de compra y todo tipo de “tarifas por servicios” o gastos exagerados que cobran a las compañías. Compañías como Feronia Inc., que es financiada fuertemente por bancos de desarrollo, se queja de que no puede pagar a sus trabajadores siquiera el salario mínimo legal o construir clínicas de salud decentes dentro de sus concesiones en la República Democrática del Congo, sus principales ejecutivos recibieron más de 2 millones de dólares en salarios y opciones de compra en el año 2017.xviii Más aún, cuando hay utilidades (declaradas), como con algunas compañías de plantación de propiedad de SOCFIN en África, la mayor parte de las utilidades son distribuidas entre los accionistas y no son usadas para mejorar los salarios de sus trabajadores o construir proyectos sociales que fueron prometidos a las comunidades.xix

Dando vuelta la página

La experiencia con la última oleada de plantaciones industriales de palma aceitera en África deja en claro que este modelo de agricultura corporativa es totalmente inapropiado e ineficaz para el continente. Los lugareños en muchas partes de la región tienen una larga historia de cultivo de la palma aceitera y de producción de aceite de palma, sin la participación de grandes compañías y las mujeres son, generalmente, las principales protagonistas en estos sistemas en pequeña escala. Actualmente, los pequeños propietarios en los países de África, que abastecen a molinos pequeños, dan cuenta de la mayor parte del aceite de palma que es producido en el continente y son mucho más capaces de expandir la producción para cubrir la creciente demanda local si se les da acceso a la tierra y al mercado.xx También producen aceite de palma que es de más alta calidad y más apropiada para las culturas alimentarias locales, mientras que las plantaciones industriales producen un aceite de palma altamente refinado, diseñado para usos industriales, incluyendo los no saludables alimentos ultraprocesados y los biocombustibles.

A pesar del apoyo que reciben de los gobiernos, bancos y donantes, las plantaciones de las grandes compañías de aceite de palma dan cuenta de sólo el 10% del total del área cosechada de palma aceitera en África.xxi La mayor parte del aceite de palma que las grandes compañías venden en África es importada desde Malasia e Indonesia y este aceite, de bajo precio y de baja calidad, deteriora los mercados locales del aceite de palma local de mayor calidad y producido por pequeños productores.

La producción a pequeña escala y diversificada, con su larga historia, es la que hay que promover como la base del futuro de la producción de aceite de palma en el continente. Las comunidades no necesitan a las compañías para administrar sus tierras y para producir aceite de palma. Como vimos a través de las últimas décadas, las compañías sólo extraen las utilidades y las envían al extranjero y su modelo de producción deja únicamente miseria y contaminación para los habitantes locales.

Por todas estas razones, se necesita que haya una inmediata prohibición de todos los proyectos futuros de plantaciones de palma aceitera a gran escala y detener aquellos que están siendo actualmente implementados. Donde ya existen plantaciones a gran escala, las tierras deben ser devueltas al control de las comunidades locales, quienes pueden desarrollar una visión de cómo desean utilizar y organizar estas tierras, ahora y en el futuro. Los acuerdos de concesión que los gobiernos han firmado con las compañías, la mayoría en violación a las leyes y los derechos de las comunidades locales, deben ser terminados.

¡Es el momento de dar vuelta la página para las plantaciones coloniales en África y devolver la palma aceitera a manos de las comunidades!

En coautoría: ADAPPE-Guinea, CDHD (Congo-Brazzaville), COPACO (RDC), Culture Radio (Sierra Leona), Joegbahn Land Protection Organization (Liberia), JVE (Costa de Marfil), MALOA (Sierra Leona), Muyissi Environnement (Gabón), NRWP (Liberia), RADD (Camerún), REFEB (Costa de Marfil), RIAO-RDC (RDC), SEFE (Camerún), SiLNoRF (Sierra Leona), UVD (Costa de Marfil), Synaparcam (Camerún), YETIHO (Costa de Marfil), YVE Gana, Pan para Todos, WRM y GRAIN

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