(LIBRO) AGROECOLOGÍA CIENCIA Y POLÍTICA: La agroecología en una encrucijada

Consideramos la Agroecología como un modo fundamental de resistencia a un sistema económico que sitúa el beneficio económico por delante de la vida.  No podemos permitir que la agroecología se convierta en una herramienta al servicio del modelo de producción industrial de alimentos: la consideramos como una alternativa esencial a ese modelo y como un medio para transformar el modo en que producimos y consumimos los alimentos en algo mejor para la humanidad y para la Madre Tierra.

La agroecología se encuentra ante una encrucijada, frente a la importante batalla que entraña su posible cooptación por parte del sistema establecido Por parafrasear una cita atribuida en algunas ocasiones a Gandhi: “Primero, te ignoran; después se ríen de ti; más tarde luchan contra ti; después intentan cooptarte; y finalmente se adueñan de tu idea, vaciándola de su sentido original, reemplazándolo por el suyo y recibiendo méritos por ello”.

Durante los últimos años, la “agroecología” se ha convertidoen el término más empleado en los debates sobre tecnología agrícola, aunque su significado exacto varía mucho, dependiendo de quien lo esté utilizando.

Aunque a muchas personas les gustaría negarlo, la agroecología tiene un componente político muy fuerte, inseparable de sus aspectos técnico-biológicos. La propia naturaleza del debate deja patente que ha llegado la hora de redactar un libro que sintetice la ciencia y la política en este ámbito tan controvertido.

La agroecología se explica de diferentes maneras como la ciencia que estudia e intenta explicar el funcionamiento de los agroecosistemas, y que se ocupa primordialmente de mecanismos, funciones, relaciones y diseño biológicos, biofísicos, ecológicos, sociales, culturales, económicos y políticos; como un conjunto de prácticas que permiten cultivar de manera más sostenible sin utilizar productos químicos peligrosos; como un movimiento que intenta que la agricultura sea más sostenible ecológicamente y más justa socialmente .

El sistema alimentario corporativo global está basado fundamentalmente en prácticas de agricultura industrial no sostenibles, es una fuente destacada de emisiones de gases de efecto invernadero, está controlado por un puñado de grandes multinacionales y produce alimentos cada vez menos saludables . La agroecología ofrece varios puntos de entrada a la transformación del sistema. Sin embargo, durante décadas, las y los “agroecólogos”, como se denomina a las personas investigadoras, académicas, organizaciones no gubernamentales, agricultoras ecológicas, campesinas y otras personas militantes de la agroecología, se vieron ignoradas, cuando no ridiculizadas, por la corriente dominante, y tildadas de ilusas, predicadoras, radicales, charlatanas o calificativos peores.

La situación, sin embargo, ha cambiado ahora drásticamente. Como por arte de magia, las principales universidades, los centros de investigación, la empresa privada, los gobiernos y las instituciones multilaterales han “descubierto” la agroecología como una posible fuente de soluciones a los problemas acuciantes del sistema alimentario global, desde las emisiones de gases con efecto invernadero y el cambio climático hasta la erosión de los suelos y la caída de la producción.

Las versiones de la agroecología que promueven, con títulos evocadores, como “agricultura climáticamente inteligente” o la “intensificación sostenible” suelen diferir claramente de la agroecología propuesta por sus defensoresiniciales  tanto en el contenido técnico como en el político, lo que origina controversia y debatesobre lo que es de verdad la agroecología.

En Roma (Italia), del 18 al 19 de septiembre de 2014, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentacióny la Agricultura (FAO) celebró su primer evento oficial entorno a la agroecología. En el Simposio Internacional sobre la Agroecología para la Seguridad Alimentaria y la Nutrición, alrededor de 400 participantes escucharon las intervencionesde más de 50 expertas y expertos, entre ellos académicos,catedráticos, investigadores, el sector privado, responsablesgubernamentales y líderes de las organizaciones de la sociedadcivil y los movimientos sociales. “Hoy se ha abierto una ventana en la que durante 30 años ha sido la catedral de la Revolución Verde”1, dijo el Director General de la FAO, José Graziano da Silva, en su discurso de clausura del simposio.

“La agroecología sigue creciendo, tanto en ciencia como en políticas. Es un enfoque que ayudará a enfrentar el desafío de la erradicación del hambre y la desnutrición en todas sus formas, en el contexto de la necesaria adaptación al cambio climático”. Añadió que los problemas que el mundo enfrenta son tan graves que hemos de explorar todos los enfoques, afirmando que “la agroecología representa una opción prometedora y que constituye una posibilidad entre otras, como los transgénicos y la reducción del uso de los agrotóxicos”(FAO 2015), haciéndose eco de esta manera de la posición del Banco Mundial y de Monsanto.

Esta visión es diametralmente opuesta a la de las y los agroecólogos, que suelen defender que los transgénicos y la agroecología son incompatibles y no pueden coexistir. Destacando el alto nivel del nuevo debate en torno a la agricultura, la mesa redonda final contó con intervenciones de los ministros de agricultura de Francia, Senegal, Argelia, CostaRica, Japón, Brasil y la Unión Europea. Y destacando también la naturaleza controvertida de la agroecología, la representaciónde los Estados Unidos en la FAO intentó en un primer momentobloquear la celebración del simposio, para después permitir que tuviera lugar, eso sí, llegando con la FAO al acuerdo de que sería “de naturaleza técnica y no política” y de que no habríasesiones que tratasen ni las políticas de comercio internacional, ni los cultivos transgénicos, ni el concepto de “soberanía alimentaria”defendido por los movimientos sociales.

Durante este evento señero pudo verse claramente cómo la agroecología está actualmente dividida más o menos en dos bandos. El bando institucional la entiende como un conjunto de herramientas adicionales para una producción industrial de alimentos que ha sido puesta en entredicho por sus emisiones de gases de efecto invernadero y que está sufriendo una caída de la productividad y una subida de los costos de producción debido a la degradación ecológica que provoca en los recursosproductivos como el suelo, el agua, la biodiversidad funcional, etc. Consideran las herramientas agroecológicas como medios para lograr que este “modelo dominante” sea un ápice más sostenible, sin cuestionar ni las relaciones de poder subyacentes, ni la estructura de los monocultivos a gran escala.

Mientras que el otro bando, compuesto por numerosas científicas, activistasy militantes, agricultores ecológicos, ONG y movimientos sociales, entiende la agroecología como una alternativa a la producción industrial de alimentos y como una palanca para la transformación del sistema alimentario en algo mejor para las personas y para el medio ambiente.

La agroecología se encuentra ante una encrucijada, frente a la importante batalla que entraña su posible cooptación por parte del sistema establecido. Por parafrasear una cita atribuida en algunas ocasiones a Gandhi: “Primero, te ignoran; después se ríen de ti; más tarde luchan contra ti; después intentan cooptarte; y finalmente se adueñan de tu idea, vaciándola desu sentido original, reemplazándolo por el suyo y recibiendo méritos por ello”.

La agroecología ha avanzado a lo largo de esta secuencia, pasando por los estadios de ignorancia, burla y lucha, y ahora mismo está sufriendo intentos de apropiación. Si bien quienes querrían adueñarse de la agroecología prefieren negar que esta posea un contenido político, quienes defienden la agroecología siempre han destacado su carácter inherentemente político. Esto quedó patente justo cinco meses después del evento de la FAO. Como contraposición a aquel simposio, los movimientos sociales, liderados por la alianza global campesina La Vía Campesina (LVC), celebraron su propio Foro Internacional sobre la Agroecología del 24 al 27 de febrero en Nyéléni (Mali), en África Occidental (CIP 2015). Se trataba de responder a la amenaza de apropiación percibida mediante el desarrollo de una visión compartida de la agroecología para la transformación, así como de ponerse de acuerdo para trabajar juntos de manera transectorial (campesinas y campesinos, trabajadores, pueblos indígenas, nómadas, pescadores, consumidores,pobres urbanos, etc.) y transcontinental para defender la agroecología y construirla “desde abajo”.

En la declaración resultante del encuentro, las personas delegadas afirmaron que: “La Agroecología es política; exige que desafiemos y transformemos las estructuras de poder en la sociedad. Debemos poner el control de las semillas, la biodiversidad, la tierra y los territorios, el agua, el conocimiento, la cultura y el bien común en manos de los pueblos que alimentan al mundo.” .

Compusieron una visión de la agroecología que difiere mucho de las visiones institucionales del Simposio de la FAO: La Agroecología es la respuesta a la pregunta de cómo transformar y restablecer nuestra realidad material en el contexto de un sistema alimentario y un mundo rural que se han visto devastados por la producción industrial de alimentos y sus llamadas Revoluciones Verde y Azul. Consideramos la Agroecología como un modo fundamental de resistenciaa un sistema económico que sitúa el beneficio económico por delante de la vida. […]Las soluciones reales a las crisis del clima, de la desnutrición, etc. no vendrán por una conformación al modelo industrial. Hemos de transformarlo y construir nuestros propios sistemas alimentarios locales que establezcan nuevos vínculos campo-ciudad, con base en una producción de alimentos verdaderamente agroecológica por parte de las campesinas y campesinos, pescadores artesanales, pastoralistas, pueblos indígenas, agricultores urbanos, etc.

No podemos permitir que la agroecología se convierta en una herramienta al servicio del modelo de producción industrial de alimentos: la consideramos como una alternativa esencial a ese modelo y como un medio para transformar el modo en que producimos y consumimos los alimentos en algo mejor para la humanidad y para la Madre Tierra.

La agroecología está recibiendo una notoriedad creciente tanto por parte de las instituciones desde arriba como por parte de los movimientos desde abajo; las universidades están apresurándose a ofrecer planes de estudios de agroecología, y los ministerios están creando departamentos, programas y políticas de agroecología. Pero, ¿qué clase de agroecología será la elegida? ¿Cuál será la que reciba los fondos de investigación y los créditos para la producción agrícola? ¿Quién obtendrá esos fondos: los gigantes corporativos del sistema alimentario o los agricultores familiares y campesinos? ¿Se transformará el sistema alimentario, con más alimentos saludables para todo el mundo, o bien seguirá el sistema como hasta ahora, añadiendo una ligera capa de “barniz verde” y un discurso “de boquilla” sobre cambio climático, con alimentos orgánicos procesados por las multinacionales y dirigidos al nicho de mercado de los consumidores pudientes que desean y pueden permitirse alimentos más sanos?

para descargar el libro: Agroecología y Política

 

fuente . SOCLa

 

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