Acciones temerarias: los impulsores genéticos y el fin de la naturaleza

“El proyecto de exterminar deliberadamente especies es un crimen contra la naturaleza y la humanidad… Desarrollar herramientas de exterminio con el pretexto de salvar al mundo es un crimen. Un crimen cuya continuación no debe permitirse”.
Vandana Shiva

Las implicaciones para el ambiente, la seguridad alimentaria, la paz e incluso la estabilidad social son significativas. Lidiar con esta desenfrenada tecnología ya se compara con el reto que implica controlar el poder nuclear. Las débiles regulaciones actuales que tienen los gobiernos para el uso de la ingeniería genética en la agricultura han permitido una enorme dispersión de la contaminación transgénica en la alimentación y el ambiente.”

Imaginemos que al liberar una sola mosca en el ambiente pudiéramos alterar genéticamente todas las moscas del planeta –ocasionándoles que se vuelvan amarillas, que transporten una toxina o se extingan. Esta es la premisa, terriblemente poderosa, que hay detrás de los impulsores genéticos, conocidos en inglés como gene drives: una nueva y controvertida tecnología de ingeniería genética que puede alterar permanentemente especies enteras al liberar al ambiente un solo individuo biodiseñado.

Los impulsores genéticos pueden rediseñar ecosistemas completos, ocasionar extinciones que se propaguen rápidamente e intervenir en sistemas vivos a una escala más allá de lo que cualquiera haya imaginado. Una vez que los impulsores genéticos se diseñen dentro de una especie que se reproduce velozmente, podrían alterar su población en un marco temporal muy breve, de meses a pocos años, y provocar rápidamente una extinción. A esta tecnología nueva también se le llama “reacción mutagénica en cadena” y es diferente de todo lo que hayamos visto antes. Combina la ingeniería genética extrema de la biología sintética y las nuevas técnicas de edición genómica, con la idea de que los humanos pueden y deben usar herramientas -tan poderosas e ilimitadas- como esta para controlar la naturaleza. Los impulsores genéticos cambian fundamentalmente la relación entre la humanidad y el mundo natural, para siempre.

Las implicaciones para el ambiente, la seguridad alimentaria, la paz e incluso la estabilidad social son significativas. Lidiar con esta desenfrenada tecnología ya se compara con el reto que implica controlar el poder nuclear. Las débiles regulaciones actuales que tienen los gobiernos para el uso de la ingeniería genética en la agricultura han permitido una enorme dispersión de la contaminación transgénica en la alimentación y el ambiente.

Con estas débiles restricciones sobre las técnicas existentes de ingeniería genética, ¿cómo podría alguien tener la cawwwpacidad para evaluar los riesgos de los impulsores genéticos? ¿El público será informado y podrá opinar sobre su uso? Y si ocurre un accidente, puesto que el daño es masivo e irreversible, ¿quién será responsable? Las implicaciones éticas, culturales y sociales de los impulsores genéticos son tan grandes como sus consecuencias ecológicas. Los grupos de la sociedad civil (incluso algunos investigadores de los impulsores genéticos) están alarmados por esta recién descubierta habilidad para reconfigurar el mundo natural. Sin embargo, un poder de control de la naturaleza tan omnipotente como este es una gran tentación para quienes no se limitan por el sentido común ni el respeto al bien común.

Los impulsores genéticos han capturado ya la atención de las organizaciones más poderosas del mundo militar, de los agronegocios y otras industrias. La tecnología se presenta como relativamente simple y barata, de tal modo que fácilmente puede caer en manos de quienes, incluyendo gobiernos, pueden utilizarla como arma.

¿Cómo funciona un impulsor genético?

Un carácter es una cualidad determinada genéticamente (por ejemplo, color de los ojos). En la reproducción sexual normal, un carácter tiene solamente 50% de oportunidad de ser expresado. Con un impulsor genético, sin embargo, ese carácter es “impulsado” dentro del ciclo reproductivo del organismo, de tal forma que todos los descendientes siempre llevan y expresan el rasgo específico de interés. Los impulsores genéticos fuerzan a que un carácter diseñado artificialmente se distribuya a través de la población natural, hasta que se vuelva ubicuo o haga que toda la población colapse.

Los primeros impulsores genéticos funcionales se mostraron al final de 2014, mediante el uso de una nueva técnica de edición genética conocida como CRISPR-CAS9. Funcionan estableciendo un mecanismo genético que obligatoriamente se copia a sí mismo del padre al vástago, pasando en cascada de una generación a la próxima mediante reproducción sexual. Los impulsores genéticos sólo se pueden aplicar a especies que se reproducen sexualmente. El proceso natural de la herencia a través de la reproducción sexual es la piedra angular de la diversidad biológica dentro de las especies. Pero los impulsores genéticos obligan a una especie a volverse uniforme o a extinguirse –un resultado claramente antiecológico y una violación de los fundamentos de la evolución.

Por ejemplo, cuando un impulsor genético “ordena” a un organismo que tenga fosforescencia verde, la “reacción mutagénica en cadena” que sigue asegura que toda la progenie futura de ese organismo, y todos sus descendientes, también expresen fosforescencia verde. Esto viola las reglas de la evolución de las especies, que usualmente limitan el paso de un nuevo rasgo solamente a algunos de los descendientes y limita la supervivencia a aquellos que tienen una ventaja selectiva.

Las implicaciones para las poblaciones naturales son demoledoras. Si seguimos las leyes de la herencia genética, podemos esperar que aproximadamente el 50% de la descendencia de un organismo tenga ese gen específico. Una vez que un organismo alterado se introduce en una población, el número de organismos afectados puede diluirse a lo largo de las generaciones. Pero con un impulsor genético (como el de la Figura 1b) se heredará al 100% el nuevo rasgo entre todos los descendientes. En vez de diluirse, el nuevo rasgo se apodera de la especie.

Si alguien quisiera que una especie colapsara y se extinguiera, simplemente tendría que diseñar un impulsor genético que, por ejemplo, haga que toda la descendencia sea masculina. Este es el enfoque que se está usando en el desarrollo de los impulsores genéticos para roedores llamados “sin hijas” (daughterless mice gene drive). El roedor, con el impulsor genético sin hijas, tendrá descendientes machos siempre, no importa con quien se cruce. A su vez, toda su progenie producirá solamente machos y ellos esparcirán el rasgo sin hijas hasta saturar esa especie de roedores y que la población colapse. Teóricamente, este mecanismo de “sólo machos” podría usarse en cualquier organismo que se reproduzca sexualmente.

Cómo pueden utilizarse los impulsores genéticos:

1. Agricultura industrial. Los desarrolladores de los impulsores genéticos reconocen que los agronegocios tienen interés en esta tecnología para usarla de muchas formas, incluida la erradicación de “malezas” o la eliminación de lo que se considere plaga. La investigación sobre impulsores genéticos en moscas de la fruta (Drosophila Suzukii) pretende erradicarlas globalmente y ahorrar en costos de plaguicidas y por cultivos perdidos. Otras plagas cuya extinción se podría impulsar para proteger la agricultura industrial incluyen roedores, polillas y langostas. Los impulsores genéticos se podrían usar para acelerar la introducción de un rasgo genéticamente modificado en semillas de cultivos.

2. Usos militares. Los impulsores genéticos son un caso clásico del uso “doble” de la tecnología, lo que significa que una vez desarrollados para un fin, los gene drives podrían también utilizarse como arma o agente de una guerra biológica. Por ejemplo, ya se trabaja en hacer gusanos parásitos con impulsores genéticos para erradicarlos. La misma tecnología podría usarse para hacer que esos gusanos diseminen enfermedades o toxinas. Ya se crearon en laboratorio impulsores genéticos en levaduras y se pueden diseñar para que sean dañinas para los humanos. La liberación de un impulsor genético en un campo agrícola podría atacar la producción alimentaria de un país entero. Y los impulsores genéticos en mosquitos y otros insectos se pueden usar para distribuir toxinas letales con su picadura.

3. Ataque a enfermedades. Mucho del entusiasmo en torno a los plaguicidas se debe a que supuestamente erradicaban pestes de forma segura, pero resultaron en lo que Rachel Carson llamó “biocidas”, pues matan indiscriminadamente. Mientras los beneficios que prometen quienes quieren usar impulsores genéticos se refieren a que se usarán contra ciertos organismos que acarrean enfermedad, no existe una base científica firme a partir de la que se pueda asegurar que su impacto no se esparcirá más allá del objetivo fijado. Tampoco de que la enfermedad no siga propagándose a través de nuevos vectores.

Los siguientes ejemplos de impulsores genéticos se están desarrollando bajo el disfraz de exterminadores de enfermedades:

Mosquitos: varios equipos trabajan en impulsores genéticos que erradicarían mosquitos o los rediseñarían para que no puedan transmitir malaria. Teóricamente los mosquitos que transmiten el Zika y el Dengue también podrían combatirse con sistemas de impulsores genéticos.

Gusanos parásitos: al menos un equipo trabaja en el desarrollo de impulsores genéticos para combatir los gusanos que causan la esquistosomiasis, y otros grupos proponen impulsores genéticos para el parásito que causa la tricuriasis y las lombrices intestinales.

4. Mejora artificial de la conservación. Un grupo reducido de conservacionistas argumentan que las herramientas que ocasionan deliberadamente la extinción podrían alterarse para propósitos buenos. Un consorcio de cinco socios (que incluye dos agencias de gobierno), encabezado por el grupo conservacionista Island Conservation, está desarrollando roedores manipulados con impulsores genéticos, para ser liberados en las islas, en 2020, para matar a los ratones que dañan a las aves. Es el proyecto GBIRd (Genetic Biocontrol on Invasive Rodents, en inglés).

Adicionalmente, hay una propuesta para desarrollar impulsores genéticos en mosquitos para liberar en Hawaii, donde una especies acarrea una forma de malaria que afecta a las aves nativas, a pesar de que al menos una de las especies de aves afectadas ya desarrolló naturalmente resistencia a la malaria aviar y de que aún existen áreas libres de la enfermedad. Este proyecto es promovido por The Long Now Foundation’s Revive y Restore Project.

¿Cuáles son los peligros de los impulsores genéticos para el ambiente?

 

La enorme amenaza de las consecuencias no deseadas. Los impulsores genéticos conllevan los mismos riesgos de bioseguridad que otros organismos genéticamente diseñados y más. Existen registros de organismos genéticamente modificados que se comportan de formas inesperadas y ocasionan una variedad de daños ambientales, al tiempo que no cumplen satisfactoriamente lo que prometen. Los impulsores genéticos están diseñados no sólo para distribuirse rápidamente, sino también con una eficiencia exponencialmente mayor. No hay nada en el mundo natural que se compare con ellos, lo cual limita nuestra capacidad para predecir su comportamiento. La eficiencia con la que un organismo equipado con un impulsor genético puede diseminarse también pone en serias dudas la supuesta bioseguridad de los experimentos en confinamiento, ya que con un solo individuo que escape se estaría en una situación fuera de control.

La ruptura del tejido ecológico. Los impulsores genéticos están diseñados para crear cambios poblacionales a gran escala y para impactar intencionalmente ecosistemas enteros. Sabemos muy poco sobre cómo es el tejido de la vida. ¿Estamos realmente listos para dar pasos tan radicales que alteran el curso de la evolución? Es imposible predecir las consecuencias ecológicas de un trastorno que no tiene precedentes, por su  rapidez y masividad. Eliminar una plaga puede parecer atractivo, pero incluso las plagas tienen un lugar en la cadena alimenticia. Adicionalmente, erradicar una especie puede abrir espacio para la expansión de otras especies que podrían transmitir enfermedades, afectar la polinización o amenazar la biodiversidad de otras formas.

¿Los impulsores genéticos podrían saltar entre especies?

Quienes promueven los impulsores genéticos los presentan como mecanismos precisos, igual que hicieron los promotores de los transgénicos. Pero los sistemas vivos y los procesos de reproducción sexual son complejos, azarosos e impredecibles. Sabemos que ocasionalmente ocurren transferencias genéticas horizontales (movimientos de genes entre especies diferentes) y que algunos genes se cruzan hacia especies relacionadas. El uso de impulsores genéticos en la agricultura intensificará las preocupaciones que ya existen sobre el uso de la ingeniería genética y los monocultivos en la agricultura industrial. Las estrategias de los impulsores genéticos podrían fortalecer el monopolio de mercado de los gigantes de los agronegocios, como Monsanto y Syngenta. La decisión de erradicar poblaciones silvestres enteras consideradas malezas podría también causar daño a cultivos con importancia cultural y especies indígenas.

¿Quién guía y financia el desarrollo de los impulsores genéticos?

Dos grandes agentes dirigen y estructuran el campo del desarrollo de los impulsores genéticos: la Fundación Bill y Melinda Gates y la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa (DARPA) del ejército de Estados Unidos . Adicionalmente, existen otros organismos filantrópicos que inciden en el desarrollo de impulsores genéticos, como The Tata Trusts , The Open Philanthropy Project (del cofundador de Facebook, Dustin Moskovitz) y la Fundación para los Institutos Nacionales de Salud. El cofundador de Microsoft, Paul Allen, también está entre los principales financiadores. El financiamiento para el desarrollo de impulsores genéticos actualmente rebasa los 250 mil millones de dólares.

Gobernar una tecnología casi desconocida y sumamente riesgosa

En menos de tres años desde los primeros experimentos, el tema de la gobernanza de los impulsores genéticos ha pasado rápidamente al centro de las negociaciones internacionales sobre biodiversidad, con el llamado de más de 170 organizaciones a establecer una moratoria sobre su experimentación y liberación. Los financiadores clave están gastando millones de dólares en agresivo cabildeo y relaciones públicas para evitar una moratoria . Se sabe que se han otorgado más de $2.35 millones de dólares a la Unión Africana para “promover el uso de impulsos genéticos” para la extinción del mosco que transmite la malaria.

Organizaciones internacionales de la sociedad civil recomiendan que el Convenio sobre Diversidad Biológica de Naciones Unidas imponga una moratoria inmediata a la investigación aplicada, desarrollo y liberación de impulsores genéticos, incluyendo los ensayos de campo (8), debido a la incapacidad que hay, por la naturaleza de la tecnología, para regular el movimiento transfronterizo; la ausencia de reglas de contención y manejo en laboratorio; la ausencia de procedimientos internacionalmente aceptados para monitorear y evaluar los impactos y rastrear la propagación en la naturaleza de organismos equipados con impulsores genéticos.

¿Puede haber ética cuando se habla de “diseñar” la evolución?

El tema de los impulsores genéticos genera importantes controversias sobre la equidad y la justicia entre grupos de personas y entre generaciones. Una sola liberación intencional o accidental en un solo lugar, de un solo individuo o grupo, podría modificar los ecosistemas y la biología de muchas geografías a lo largo del tiempo. Es un ejercicio de poder y algunos investigadores reclaman implícitamente la autoridad para redirigir el desarrollo de la evolución. Si la supresión o alteración de una especie, provocada por un impulsor genético, tuviera un impacto significativamente negativo después de varias generaciones, no habría forma de que los afectados reclamaran la reparación del daño y los responsables originales podrían estar más allá de la obligación legal.

Un aspecto ético mucho más básico tiene que ver con si los seres humanos tenemos el derecho de intervenir deliberadamente en los procesos evolutivos. Muchas culturas y cosmovisiones, especialmente entre las sociedades tradicionales e indígenas, tienen fuertes objeciones hacia la idea de jugar con la naturaleza y consideran como un deber sagrado proteger los equilibrios ecológicos.

Grupo de trabajo de la sociedad civil sobre impulsores genéticos
(Biofuelwatch, Grupo ETC, Econexus, Hawaii SEED, Amigos de la Tierra EUA y Navdanya)

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