La Unión Europea utiliza estudios amañados para no aumentar la peligrosidad del glifosato

El Comité de Evaluación de Riesgos de la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA) ha clasificado una vez más el glifosato como una sustancia que causa graves daños oculares y que es tóxica para la vida acuática, pero volvió a descartar su relación con distintos tipos de cáncer. El uso del glifosato está prohibido en Austria y en distintas regiones de Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Escocia, España, Australia, Nueva Zelanda, Malta, Eslovenia y Suiza. Además, su uso está limitado en una veintena de países de todo el mundo, entre ellos Francia, Bélgica, Dinamarca, Portugal o los Países Bajos. Alemania lo prohibirá a partir de 2023.

Con esta decisión, este comité dependiente de la UE descarta la evidencia presentada por múltiples estudios científicos que vinculan este herbicida creado por Bayer-Monsanto con problemas de fertilidad, malformaciones y casos de cáncer, que llevaron a esta compañía a tener que pagar en indemnizaciones 10.000 millones de euros solo en Estados Unidos en una cadena de denuncias que afectan a más de 125.000 personas.

La ECHA se ha negado a aumentar la peligrosidad del glifosato en el catálogo europeo, señalan desde Ecologistas en Acción, a pesar de que las pruebas científicas son aún más sólidas que en 2015, cuando el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer de la OMS clasificó el glifosato como “probablemente carcinógeno para los humanos”.  Según esta entidad, existía entonces “suficiente evidencia de carcinogenicidad en animales de experimentación y evidencia limitada de cáncer en humanos para el linfoma no Hodgkin”. 

Para llegar a esta conclusión, acusan desde Ecologistas en Acción, este comité de la UE “tuvo que descartar o ignorar un gran número de pruebas de apoyo procedentes de diversas publicaciones nuevas y ya existentes revisadas por expertos”

“Es triste ver que la ECHA ha repetido obviamente su mala conducta científica de 2017. Para llegar a su conclusión, la ECHA tuvo que descartar los hallazgos tumorales observados en cinco ratones y siete estudios de carcinogenicidad en ratas. Al hacerlo, la ECHA no solo violó las buenas prácticas científicas, sino también sus propias directrices e incluso la normativa europea, como se demuestra en varios artículos revisados por pares”, señala Peter Clausing, toxicólogo y miembro de la coalición de ONG Prohibir el Glifosato.

Para llegar a esta conclusión, acusan desde Ecologistas en Acción, la ECHA “tuvo que descartar o ignorar un gran número de pruebas de apoyo procedentes de diversas publicaciones nuevas y ya existentes revisadas por expertos”. Entre estas omisiones, dicen desde esta organización, el Comité pasó por alto estudios de laboratorio que describen el mecanismo cancerígeno del glifosato, así como trabajos epidemiológicos que informan de un mayor riesgo de daños en el ADN y de cáncer en las personas expuestas al glifosato.

Según denuncian, esta entidad europea “se basó unilateralmente en los estudios y argumentos de la industria”. Unos estudios que están seriamente cuestionados después de que una revisión de estos trabajos por parte del Instituto de Investigación del Cáncer de Viena concluyó que solo dos de los 35 estudios de la industria revisados pueden considerarse fiables.  

El glifosato es uno de los agrotóxicos más utilizados en el mundo, en Europa y en España, donde es el herbicida más utilizado. Múltiples estudios realizados por las organizaciones ecologistas con ayuda del Ministerio de Transición Ecológica concluyen que este producto considerado en múltiples países como un disruptor endocrino que afecta al sistema hormonal animal y humano, es el principal contaminante en las cuencas del Tajo, Miño-Sil, Cantábrico Occidental y Oriental, Duero, Guadiana, Cuencas Internas Andaluzas, Júcar y Segura. En todas estas cuencas, la cantidad de glifosato encontrada supera el límite que se considera seguro.

Fuente: El Salto

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