¿Marcará el año 2022 un punto de inflexión en la regulación o la prohibición de la pesca de arrastre de fondo?

Ante la que suele denominarse “la peor técnica de pesca del mundo”, cada vez son más las voces de activistas que piden poner fin a la pesca de arrastre de fondo, así como una profunda transformación de este sector; aun cuando se calcula que una cuarta parte del pescado que se consume en el mundo es capturada con este método que destruye gravemente los fondos marinos.

A fin de proporcionar una base de trabajo sólida para la regulación de la práctica, unos cuarenta científicos, ONG, académicos y consultores ambientales se han unido para redactar un informe publicado en diciembre de 2021 con el título New perspectives on an old fishing practice: Scale, context and impacts of bottom trawling (Nuevas perspectivas sobre una antigua práctica pesquera: escala, contexto e impactos de la pesca de arrastre de fondo).

Un estudio que llega en un momento en el que la Unión Europea está desarrollando su Plan de acción para la conservación de los recursos pesqueros y la protección de los ecosistemas marinos y cuando la ONU ha hecho de 2022 el Año Internacional de la Pesca y la Acuicultura Artesanales.

La producción de la pesca de arrastre de fondo se estima en casi 30 millones de toneladas anuales. Una cifra que ha ido disminuyendo desde 1989, excepto en Asia, una región responsable de casi el 50% de las capturas legales realizadas cada año en todo el mundo. “A diferencia de otras técnicas de pesca que permiten la captura de determinados peces, el producto del arrastre de fondo se utiliza en numerosos sectores”, explica Daniel Steadman, uno de los autores del informe y antiguo responsable de la pesca de la ONG medioambiental Fauna & Flora International. “Se utiliza para peces de alto valor, como el bacalao o el carbonero y para especies que tienen poco valor, pero que comemos, como el camarón. Finalmente, también se utiliza para las especies procesadas en harina animal”.

Si bien ahora se sabe que la técnica contribuye a la destrucción del fondo marino, que no hace ninguna selección en los peces capturados y consume gran cantidad de combustible, los científicos también advierten de su impacto en el cambio climático. “Estudios recientes muestran que la pesca de arrastre de fondo participa en la liberación de carbono a la atmósfera y los océanos”, afirma Steve Trent, presidente de la Fundación de Justicia Ambiental (EJF).

¿Marcará el año 2022 un punto de inflexión en la regulación o la prohibición de la pesca de arrastre de fondo?
La competencia es feroz entre los pequeños pescadores y los arrastreros en las costas de África occidental. (Garth Cripps/Bottom Trawling Coalition)

El “triple daño” de la red de arrastre de fondo

Varios informes publicados por ONG como Oceana ya han mostrado los efectos de esta práctica en las poblaciones de los países en los que está más extendida. El documento publicado en diciembre reafirma así que las cuestiones ambientales y sociales están íntimamente vinculadas y deben abordarse a la par para encontrar una solución sostenible.

“Cuando los científicos piensan en los daños [causados por la pesca de arrastre de fondo], lo hacen pensando en tres tipos, lo que denominan el triple resultado final: daños ambientales, daño sociales contrarrestados por los beneficios económicos”, asegura Steve Rocliffe, asesor técnico principal de Blue Ventures.

Además, el costo social es preocupante, especialmente cuando las flotas de larga distancia van a pescar, legal o ilegalmente, en aguas territoriales distintas a la suya. Ya que la pesca de arrastre de fondo suele realizarse a menos de 12 millas de la costa, donde los barcos realizan el 20% de sus capturas. Por consiguiente, sitúa a los pesos pesados de la industria en competencia directa con los pequeños pescadores cuya supervivencia a menudo depende de los recursos capturados en el mar.

Gigantes que crean situaciones catastróficas en los Estados donde faenan. Los impuestos pagados a los países a los que pertenecen las aguas en las que pescan a menudo son insignificantes. Según los datos de 2019 publicados en el informe West Africa’s Coastal Bottom Trawl Fishery, los acuerdos que permiten a los operadores extranjeros venir a beneficiarse de las aguas de África occidental generaron ingresos que oscilan entre el 2% y el 8% del valor estimado de los peces y crustáceos en el momento de desembarque.

“La pesca de arrastre de fondo tiene un enorme costo social”, precisa Daniel Pauly, especialista del programa Sea Around Us de la Universidad de Columbia Británica, en Canadá. “Solo un senegalés debería tener derecho a pescar en aguas senegalesas. No un español, ni un ruso, ni un chino”.

Un punto de vista rotundo que no encuentra unanimidad. Aun cuando el costo para los pescadores artesanales es innegable (más de 100 millones de personas dependen de la pesca costera para vivir en todo el mundo), una interrupción abrupta de la pesca de arrastre de fondo sin un cuidadoso análisis podría generar, a corto plazo, cierta inseguridad alimentaria mundial al privar a granjeros y ganaderos de una harina de pescado muy asequible para alimentar a sus animales y a las personas de pocos recursos de una fuente de alimentación barata y accesible en grandes cantidades. “Es un debate abierto”, opina Rocliffe. “Pero no cabe duda de que a la larga se destruyen los caladeros y se agrava la inseguridad alimentaria”.

El reto de las zonas de exclusión costera

Las cuestiones económicas explican en parte que no se observen avances en la regulación de esta práctica. En un intento por encontrar soluciones, la Transform Bottom Trawling Coalition, que reúne a pequeños pescadores, empresas pesqueras, ecologistas y científicos, ha formulado cuatro propuestas para tratar de limitar las repercusiones ambientales y sociales de la pesca de arrastre de fondo.

La coalición pide así a todos los Estados costeros que creen, amplíen y fortalezcan las zonas de exclusión costera en las que toda la pesca de arrastre de fondo estaría completamente prohibida y a las que tendrían acceso exclusivo los pescadores artesanales. “Los conflictos surgen cuando los arrastreros de fondo y los pescadores a pequeña escala faenan en la misma zona”, explica Tom Collinson, coordinador de la Transform Bottom Trawling Coalition.

Los testimonios recogidos en Liberia o en Senegal muestran los conflictos que pueden surgir entre los pequeños pescadores y los grandes arrastreros, particularmente debido a colisiones en las zonas de encuentro. Se calcula que cada año pierden la vida 250 pescadores artesanales en África occidental en estas colisiones, un número que podría subestimarse en gran medida. Ya se están examinando soluciones en varios países para fortalecer estas zonas de exclusión costera, especialmente en Guinea Bissau, donde la zona de exclusión se ha ampliado a 12 millas de la costa, así como en Liberia, que desde 2010 tiene prohibido a las redes de arrastre el acceso a menos de 3 millas de su costa.

La Transform Bottom Trawling Coalition también pide a los organismos internacionales que prohíban toda pesca de arrastre de fondo en las zonas marinas protegidas (donde todavía no está prohibido este tipo de pesca) y que amplíen su superficie.

La tercera cuestión es la supresión de las subvenciones asignadas y la reorientación de estos recursos para apoyar la transición a métodos de pesca de bajo impacto. A menudo, la industria sobrevive solo gracias a esta ayuda concedida por los Estados miembros en forma de exención del impuesto sobre los carburantes o ayuda a la motorización. Subvenciones que la Organización de las Naciones Unidas ha pedido oficialmente prohibir desde 2015, porque la práctica fomenta la sobrepesca, la pesca INDNR (ilegal, no declarada y no regulada) y los excesos que la acompañan, tales como el trabajo forzoso. “Si se suprime el dinero, se suprime el problema”, según Rocliffe, porque impediría, por ejemplo, que un barco francés viniera a pescar frente a las costas de Liberia, puesto que la práctica ha dejado de ser rentable. Por último, las asociaciones piden la congelación de las autorizaciones para toda nueva zona de arrastre nunca antes explotada.

En este sentido, la Transform Bottom Trawling Coalition hace un llamamiento a “todos los Estados costeros para que den una solución a la pesca de arrastre de fondo para 2030 e implementen estas cuatro instancias”, apunta Tom Collinson antes de continuar: “Reconocemos que poner fin a la pesca de arrastre de fondo es extremadamente complejo y está cargado de matices. Por consiguiente, no pedimos una prohibición inmediata de la pesca de arrastre de fondo, sino una transición justa a métodos de bajo impacto”.

La hora de actuar

“Si queremos una verdadera transformación y transición de este sector, a largo plazo, debemos asegurarnos de que sea justa”, explica Daniel Steadman. “Necesitamos tener en cuenta no solo los derechos de las personas que se ven afectadas por la práctica, sino también los de las personas que trabajan en esta industria. Por eso comparamos esta transición con la de los combustibles fósiles, el giro económico es el mismo”.

Soluciones y vías de reflexión que los dirigentes mundiales podrían aprovechar este año, especialmente en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Océanos, que se celebrará en Portugal en junio de 2022. Sin embargo, en la actualidad, más allá de grandes declaraciones, aún no se han tomado medidas concretas. “Necesitamos ver que se está avanzando a nivel gubernamental”, explica Collinson. “La destrucción de los fondos marinos y las repercusiones sobre los pequeños pescadores no solo se producen en países lejanos con escasos recursos en África occidental, sino que también están afectando a las pesquerías de los países europeos y los Estados Unidos. Necesitamos ver una política global y coherente para un cambio real en la pesca de arrastre de fondo”.

Una esperanza que no convence a todas las organizaciones, muchas ONG y numerosos científicos continúan haciendo campaña por una prohibición total de la pesca de arrastre de fondo. “Es imposible mejorar la práctica”, considera Daniel Pauly. Una opinión compartida por Steve Trent. “Los pescados baratos son en realidad los que más caro nos cuestan, ya que dan lugar a la destrucción de los caladeros”, afirma. “De continuar así, no podremos alimentar al creciente número de personas en nuestro planeta, tampoco podremos mantener la integridad de nuestros ecosistemas oceánicos”.

“De introducirse hoy día, jamás se autorizaría la pesca de arrastre de fondo. La única razón por la que se tolera actualmente es porque se introdujo hace 200 años”, concluye Daniel Pauly.

Este artículo ha sido traducido del francés por Patricia de la Cruz

publicado originalmente en ; https://www.equaltimes.org/marcara-el-ano-2022-un-punto-de#.Yme4mtNBxD8

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