Del acaparamiento de tierras de cultivo al acaparamiento de suelos: la captura de carbono, un nuevo negocio

  • Las compañías agroquímicas más grandes del mundo quieren hacer uso de los programas de créditos de carbono como una cortina de humo para ocultar las emisiones de las grandes corporaciones tecnológicas, del petróleo y de los alimentos.
  • Los sistemas de captura del carbono propuestos son inadecuados y refuerzan un modelo industrial de producción agrícola y de alimentos que erosiona el suelo y es responsable de más de un tercio de las emisiones globales de gases con efecto de invernadero.
  • Organizaciones campesinas y grupos de la sociedad civil, en varios países, están luchando para impedir que los gobiernos aprueben leyes que podrían convertir a estos sistemas corporativos de captura de carbono en parte central de los planes nacionales de reducción de emisiones.
  • Solamente a través de un programa amplio de agroecología, de redistribución de la tierra y volviendo a sistemas alimentarios locales, podemos volver a restituir el carbono en los suelos y detener las emisiones en el sistema alimentario.

La agricultura industrial es muy parecida a la minería. Para obtener grandes rendimientos, los nutrientes deben ser extraídos de la tierra y luego, cantidades crecientes de fertilizantes químicos son aplicados para compensar la extracción. A su vez, los fertilizantes químicos se producen mediante la extracción de minerales y la extracción de combustibles fósiles en otras zonas.
Existen formas de hacer agricultura sin agotar los suelos, pero, a lo largo de los años, las corporaciones agroindustriales y los gobiernos han desechado estas alternativas. Se ha desalojado de sus tierras a campesinas y campesinos en pequeña escala, gente que tiene los saberes, las prácticas y las semillas para mantener los suelos saludables y se les ha criminalizado. Se margina también a quienes estudian formas para reducir los fertilizantes mediante el fortalecimiento de las raíces de las plantas o mediante la biodiversidad del suelo, se les ha quitado financiamiento y se han cerrado sus investigaciones. Mientras tanto, millones de hectáreas de bosques, sabanas y tierras de cultivos, praderas campesinas fértiles, se “limpian” para dar lugar a plantaciones estériles de sólo unas pocas variedades de cultivos dependientes de productos químicos y destinadas a producir materias primas.

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El resultado es una pérdida catastrófica de materia orgánica del suelo —el componente principal para el desarrollo de suelos saludables. Más de la mitad de la materia orgánica del suelo de los suelos agrícolas del mundo ya se ha perdido, con más de 2 mil millones de hectáreas de tierras de cultivo afectadas gravemente. Esto se traduce en rendimientos decrecientes de los cultivos, aumento de la contaminación de los sistemas hídricos debido al escurrimiento de fertilizantes y, debido a que la materia orgánica está compuesta principalmente por carbono, en la liberación de enormes cantidades de carbono hacia la atmósfera.
No obstante, Las compañías, principales culpables tras la catástrofe de los suelos se están reinventando como salvadoras de los suelos. La principal compañía de fertilizantes del mundo, Yara, creó hace poco una alianza para buscar “una nueva solución a nuestro desafío por el carbono, basada en el suelo”. El comercializador de materias primas Cargill despliega varias nuevas iniciativas para apoyar lo que ellos llaman “agricultura regenerativa”. “Con la salud del suelo todos ganan”, afirma Cargill. Durante el último par de años, casi todos los grandes actores corporativos de los agronegocios han iniciado o se ha unido a iniciativas para restaurar el carbono en los suelos agrícolas. (ver Tabla 1).
La razón es simple: ahora es posible ganar dinero con el almacenamiento de carbono en el suelo. Los gobiernos y las corporaciones están desesperados por encontrar nuevas formas para evitar hacer reducciones reales de sus emisiones debido al uso de combustibles fósiles y están dispuestos a pagarle a otros para que retengan el carbono, de manera que puedan continuar quemando combustibles fósiles. El desafío es encontrar lugares para realizar la retención de este carbono —¿y qué mejor lugar que las tierras agrícolas del mundo cuyo carbono ya se agotó? Algunos estiman la capacidad de retener carbono de las tierras agrícolas de hasta 3,4Gt por año —lo cual es más o menos un tercio de las emisiones anuales provenientes de los sectores de los combustibles fósiles y del cemento. Con un precio en el mercado actual de los créditos de carbono, de alrededor de 20 dólares por tonelada de carbono retenido, es una gran cantidad de dinero la que, potencialmente, se puede obtener. Suficiente para atraer a los más destacados mineros de los suelos.
Si este “todos ganan” suena demasiado bueno para ser verdad, es porque efectivamente lo es. Sin duda, como La Vía Campesina y muchas otras organizaciones han argumentado durante mucho tiempo que necesitamos devolver el carbono al suelo para enfrentar la crisis climática. Pero esto requiere un programa de agroecología amplio, la redistribución de la tierra y volver a los sistemas alimentarios locales. Y ciertamente esto no se puede hacer a costa de permitir más emisiones de combustibles fósiles. Los programas de captura de carbono, por los que las corporaciones están presionando activamente, están llenos de problemas y equivalen a un acaparamiento de suelos. Estos programas están diseñados para un lavado verde de imagen de la contaminación y para consolidar el control sobre los alimentos y la agricultura, en manos de un pequeño número de corporaciones, cuyas actividades están integradas, cada vez más, a través de plataformas digitales.


El ABC del cultivo de créditos de carbono
El programa típico del cultivo de carbono tiene la siguiente forma.
La gente dedicada a la agricultura se registra haciendo uso de Internet. Luego tienen que comenzar a implementar ciertas prácticas agrícolas que se supone captan carbono en sus suelos. Esto se limita, generalmente, a plantar coberturas vegetales y a realizar menos, o nada, de labranza de suelos, pero también puede incluir la integración de árboles o aplicar fertilizantes con eficiencia.
agricultoras y agricultores registran sus prácticas en las plataformas digitales corporativas, pero sus campos son vigilados con aviones o satélites. Algunos programas requieren que estas personas envíen muestras de suelo; otros se basan totalmente en sistemas de verificación remota. La gente interesada en este programa generalmente tiene que mantener estas prácticas y se hace responsable de mantener el carbono retenido en sus suelos, entre 5 a 10 años, para cumplir con su contrato. Sin embargo, los plazos se pueden extender a 20 o 25 años.
Luego, a la gente con establecimientos agrícolas se les paga con base en la cantidad calculada de carbono retenido en el suelo y en el precio del carbono en el mercado global de los créditos de carbono. Normalmente, se deduce un 20 a 25% debido a las pérdidas futuras de carbono que podrían ocurrir después que el programa termine y debido a catástrofes como sequías e incendios. La compañía, normalmente, se queda con otro 25% como comisión.
Hay un número creciente de estos programas de cultivo de carbono, la mayoría de ellos dirigidos por una corporación multinacional de agronegocios, o conectados con ellas. Casi todos ellos están ubicados donde la agricultura está dominada por grandes explotaciones agrícolas, que producen pocos cultivos para materias primas, como en EUA, Brasil, Australia y Francia. Se enfocan casi totalmente en la adopción de dos simples prácticas: rotaciones con coberturas de cultivos y una labranza reducida o nada de ésta (labranza cero), la cual, esencialmente, involucra matar malezas con herbicidas de amplio espectro como el glifosato.
Hay pocas excepciones. Yara está evaluando un programa piloto en India a través de su organización Agora Carbon Alliance, y el financista holandés de agronegocios, Rabobank se asoció con Microsoft que paga a las pequeñas fincas agrícolas en Asia, África y América Latina por plantar árboles en sus tierras. Rabobank tiene la intención de firmar contratos con 15 millones de campesinas y campesinos dentro de la próxima década.

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Pensamiento mágico
Las corporaciones presionan para avanzar con estos programas de créditos de carbono, aun cuando hay muchos problemas y limitaciones muy bien conocidas

El problema más notorio es que estos programas están todos basados en neutralizaciones. Las compañías financian sus programas mediante la venta de créditos a corporaciones o gobiernos para neutralizar sus emisiones reales provenientes de combustibles fósiles. Pero no es posible para los suelos absorber suficiente carbono como para neutralizar de manera significativa las emisiones globales de los combustibles fósiles. En el escenario del mejor de los casos, los suelos podrían absorber más o menos la cantidad de carbono que históricamente se ha perdido debido a la agricultura industrial, después de lo cual no habría retención adicional. La retención de carbono en el suelo no puede, de ninguna manera, sustituir lo que lograría una reducción inmediata e importante de las emisiones provenientes de los combustibles fósiles. Además, dado que los suelos son uno de los únicos grandes reservorios de carbono que existen, los debemos usar sólo para permitir las emisiones producidas por las fuentes inevitables para nuestra sobrevivencia, no para neutralizar las emisiones de corporaciones como Walt Disney o PepsiCo.
Otro gran problema con estos programas corporativos es la falta de permanencia. Las limitaciones a las emisiones de combustible fósiles son reales e inmediatas, sin embargo no hay garantías de que el carbono retenido por el cultivo de créditos de carbono no será liberado de vuelta a la atmósfera. La mayoría de los programas de cultivo de créditos de carbono dura diez años, pero se necesita que el carbono se almacene al menos durante 100 años para hacer una diferencia significativa en el calentamiento global. Una vez que el programa termina, la tierra puede ser transformada en un estacionamiento o puede ararse o rociarse con fertilizantes químicos sin ninguna penalización. Lo más seguro, es que el cambio climático traiga consigo más eventos climáticos, como sequías e incendios, que aumentan enormemente el riesgo de que el carbono sea liberado desde el suelo. Para enfrentar esta falta de conservación, los programas de cultivo de créditos de carbono, usualmente deducen 20 a 25% de los créditos conseguidos por quienes participan, como una garantía —pero no hay evidencia científica para esta cifra. En realidad, como lo admite una compañía estadounidense de cultivo de créditos de carbono, los créditos que se basen en 100 años de retención de carbono en el suelo costarían más de diez veces. Ningún comprador de créditos de carbono está dispuesto a pagar tanto.
Luego está el problema de cómo medir el carbono retenido. Los análisis anuales de suelos y las visitas en terreno son caras y, en la práctica, prohibitivos sin subsidios o si no hay un precio del carbono mucho más alto. La OCDE estima que estos costos, junto con los pagos de comisiones financieras, pueden llegar a significar hasta 85% del valor total de los créditos de carbono. El sistema LifeCarbonFarming de la UE calcula los costos para cada finca, para la validación, la verificación y el inscripción en el mercado ¡de 110 mil-240 euros (124 mil 483-271 mil 600 dólares) a lo largo de los primeros cinco años!. En algunos casos, el agricultor o agricultora tienen que pagar por estos costos; en la mayoría de los casos los costos son integrados en el programa. De cualquier manera, los altos costos significan que la verificación rigurosa está completamente fuera del alcance cuando se trata de fincas pequeñas y es apenas económica, incluso, para las fincas más grandes.

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Para bajar los costos, las corporaciones están enfocando sus esfuerzos en el desarrollo de sistemas de verificación remota, donde el monitoreo satelital y mediante aviones, registros históricos de los suelos y modelos, son utilizados para estimar el carbono retenido. La verificación remota, sin embargo, nunca podrá ser tan exacta como el análisis de suelos. Por ejemplo, investigadores que analizaron los créditos de carbono comprados por Microsoft, de fincas de praderas a gran escala en Australia, donde se usó la verificación remota, encontraron que los niveles de carbono retenido fueron altamente sobreestimados. La verificación remota se hace incluso menos exacta cuando no se trata de monocultivos a gran escala ni de prácticas industriales uniformes. No se pueden medir de manera efectiva los cambios del carbono en el suelo en sistemas agrícolas agroecológicos, complejos, donde están integrados múltiples cultivos, ganado y árboles. De hecho, incluso el análisis de suelo tiene sus limitaciones. Una encuesta reciente a nivel global encontró que la agricultura de labranza cero solamente aumenta la materia orgánica a nivel de la superficie del suelo, donde se toman las muestras, pero cuando las muestras se toman a una mayor profundidad, no hay cambios significativos en el carbono.
Otro problema con la captura corporativa de carbono, es el tema de la “adicionalidad”. Para calificar como neutralización de carbono, quienes participan en los programas de créditos de carbono tienen que demostrar que están captando carbono que, de otra manera, no habría sido captado. Por ejemplo, si un programa es iniciado en un área donde la gente ya había comenzado una plantación de cultivos “de cobertura”, por otras razones (por ejemplo, para restaurar la salud del suelo), no será posible determinar cuánta siembra “adicional” de cultivos de cobertura se debe al programa. Esto es especialmente cierto para los programas corporativos, ya que se basan casi exclusivamente en que las fincas adopten prácticas como los cultivos “de cobertura” y la labranza reducida. Sin embargo, muchas agricultoras o agricultores ya las han adoptado sin estar necesariamente en los sistemas de captura de carbono y es probable que adopten estas prácticas a medida que otros incentivos se presenten, como programas públicos o nuevos mercados para los cultivos de cobertura. En Brasil, por ejemplo, el gobierno afirma que ya ha convertido 8 millones de hectáreas a cero labranza a través de un plan de reducción de emisiones que otorga préstamos de bajo interés a quienes participan —sin necesidad de créditos de carbono.
Además, está el problema de la emisión de gases con efecto de invernadero que generan estos programas de créditos de carbono. Casi todos los programas se enfocan solamente en el carbono retenido en el suelo y no consideran el total de emisiones que produce la agricultura industrial. No toman en cuenta la cantidad de insumos químicos que se aplican en una finca o la cantidad de combustibles fósiles que son quemados para operar tractores y otra maquinaria, o el aumento de emisiones que puede resultar en los primeros años de transición a la labranza cero. Tampoco contabilizan las emisiones producidas por sus sistemas de verificación remota —desde la energía necesaria para almacenar los datos que estos sistemas generan hasta los aviones o satélites que usan para monitorear las fincas. Y se basan en ajustes a un modelo de agricultura industrial que depende fuertemente de los insumos químicos y que abastecen a un sistema corporativo de producción de alimentos que es enormemente generador de residuos y altamente contaminante.
Al considerar todos estos problemas, simplemente no hay forma de que el carbono que estos programas dicen retener en el suelo, pueda ser igualado con el efecto de reducciones reales de las emisiones de gases con efecto de invernadero. Y, sin embargo, los agronegocios corporativos continúan adelante con más proyectos, mientras quienes contaminan el clima como Shell y Nestlé compran créditos de manera voraz —y la UE, los EUA, Brasil y otros gobiernos buscan imitar a Australia y hacer que estos programas sean parte de sus planes nacionales por el clima (ver recuadro sobre Australia).

Acaparamiento global de suelos
El interés corporativo en el cultivo de carbono va más allá de simplemente ser un lavado de imagen verde de la agricultura industrial o de neutralizar emisiones. Esto proporciona un poderoso incentivo para empujar a la gente dedicada a la agricultura hacia las plataformas digitales que las corporaciones de los agronegocios y las grandes compañías tecnológicas están desarrollando en conjunto, para influir en cómo se eligen insumos y prácticas agrícolas. La mayoría de los programas corporativos de captura de carbono ya exigen a las fincas que se registren en las aplicaciones de las compañías de agronegocios y los programas que operan de manera independiente son comprados con gran rapidez. Más aun, estas plataformas, así como los sistemas de verificación remota, se basan a menudo en sociedades con las grandes compañías tecnológicas como Microsoft e IBM, quienes, por su parte, son los mayores compradores de créditos de carbono. Las compañías intentan que sus plataformas digitales sean un sistema integral de compra, donde se compren los créditos de carbono, las semillas, los pesticidas y fertilizantes y la asesoría agronómica, todo proporcionado por la compañía, que obtiene el beneficio adicional de controlar los datos recolectados desde las fincas participantes.
Las fincas, por otro lado, tienen poco que ganar. Los pagos por tonelada de carbono retenido no justifican el costo adicional, a menos que la finca tenga miles de hectáreas. A nivel de finca, los mejores posicionados para beneficiarse de estos programas son los fondos de pensiones y las entidades multimillonarias que, durante los últimos años, han estado comprando grandes áreas de tierras de cultivo. Les otorga un flujo adicional de ganancias y puede ser considerado dentro del valor de sus tierras. También puede ser incorporado a sus portafolios de inversiones “verdes”. Las administraciones financieras pueden usar ahora las plataformas digitales para comprar fincas en Brasil, contratar créditos de carbono y manejar sus operaciones, todo desde sus oficinas en Wall Street.

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Soluciones bien fundamentadas
El sistema alimentario es la fuente de más de un tercio de las emisiones globales de gases con efecto de invernadero y las acciones por el clima se deben centrar, primero y principalmente, en reducir las emisiones, no neutralizarlas. Los programas que ayuden a las fincas a devolver el carbono a sus suelos son necesarios y deben contar con el apoyo público. Incluso, para enfrentar efectivamente la crisis climática, deben estar firmemente integrarse a acciones mayores para eliminar las emisiones de gases con efecto de invernadero en las fincas y a través de todo el sistema alimentario. Esto requiere de una rápida y progresiva reducción de los fertilizantes nitrogenados y de otros insumos químicos. Esto significa un cambio generalizado hacia la agricultura agroecológica, junto con el apoyo de los mercados locales de alimentos que puedan llevar estos alimentos a quienes los consumen en cercanía y a la promoción de las acciones que aseguren el acceso de campesinas y campesinos a la tierra y al agua. Esto significa revitalizar los sistemas de semillas campesinas, centrados en desarrollar variedades adaptadas a los contextos locales y no dependientes de los insumos químicos. Esto significa establecer políticas para eliminar los excedentes de producción y el consumo de alimentos generadores de altas emisiones, como la carne y los lácteos, y los alimentos no saludables, ultra procesados, generadores de desechos, que las grandes corporaciones de alimentos promueven fuertemente.
Las corporaciones y los agronegocios que obtienen ganancias del sistema alimentario global actual no tolerarán estas soluciones reales. Las empresas son engranajes de la rueda y, a menos que se cuestione su poder, seguirán bloqueando las acciones necesarias y nos empujarán a distorsiones como el cultivo de créditos de carbono. Ningún lavado verde de cara puede alterar esta realidad.

El acaparamiento de suelos en Australia y amenazas similares en otros países
Australia creó a nivel nacional el Carbon Farming Initiative, en 2011, para lograr que la neutralización alcance sus metas de reducción de emisiones. Los proyectos que cumplan con las pautas de la Iniciativa pueden vender unidades de créditos de carbono de Australia (ACCUs) al gobierno o a las corporaciones australianas a través del fondo Climate Solutions Fund. Hasta ahora, el gobierno ha sido, por mucho, el mayor comprador de ACCUs. Entre algunas de las corporaciones que participan en estos proyectos está Shell, a través de su subsidiaria Select Carbon y TotalEnergies, a través de un vínculo con la compañía australiana de captura de carbono, Agriprove.
La iniciativa ha tenido dificultades para generar suficientes créditos de carbono para cubrir la demanda de los mayores generadores de emisiones de Australia, quienes prefieren neutralizar emisiones en lugar de reducirlas. De manera que para aumentar la oferta, el gobierno ha optado por disminuir los estándares para los créditos de carbono, como la reducción en la obligación de asegurar un periodo de permanencia, de 100 años a 25 años, para los proyectos de captura de carbono. Sin embargo, con el precio de los créditos de carbono en aumento, ahora Australia está enfrentada a un acaparamiento de tierras para créditos de carbono. A inicios del 2022, el gobierno presentó una legislación para poder vetar los proyectos de captura de carbono de más de 15 hectáreas, y así impedir que las compañías financieras siguieran comprando tierras de cultivo para convertirlas en plantaciones de árboles para créditos de carbono. El gobierno necesitaba el veto, porque quienes invierten estaban comprando grandes extensiones de tierra agrícola productiva para después “simplemente marcharse e impedir cualquier otro uso”.
Otros advierten que la compra por parte de Australia de millones de créditos de carbono para proyectos de neutralización del carbono que no pueden garantizar su permanencia, pondrá en peligro todos sus objetivos de emisiones. El vice presidente del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, Mark Howden, señala que, teniendo en cuenta las señales del clima, la dependencia de Australia respecto al carbono en el suelo para disminuir las emisiones, es “problemático y riesgoso”. “A medida que haya más calor y más sequía, lo que se pronostica para el sur de Australia, es probable que el carbono del suelo disminuya,” señala.
Sin embargo, otros gobiernos con sectores agrícolas altamente contaminantes parecen estar resueltos a seguir el cuestionable camino de Australia. El grupo The National Family Farm Coalition y otras organizaciones de la sociedad civil en los EUA están inmersos en una lucha para impedir que el gobierno de Biden promulgue leyes que podrían crear un mercado nacional de cultivos destinados a créditos de carbono. De igual manera, la Coordinación Europea de la Vía Campesina y otros grupos en Europa están batallando para detener a la Comisión Europea de seguir adelante con sus propios planes para el amplio programa europeo de cultivos para créditos de carbono. Incluso Brasil, donde el sector agrícola es responsable de dos tercios de las emisiones nacionales (si se incluye la deforestación), el gobierno de Bolsonaro tiene intenciones de crear un Mercado Nacional de Reducción de Emisiones que podría liberar de los límites nacionales a la mayor parte de las emisiones agrícolas y así permitiría la venta de créditos de carbono provenientes de cultivos a compañías y gobiernos extranjeros.

Fuente: GRAIN

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