Comemos deforestación

España es uno de los grandes productores de carne porcina, de hecho según la FAO en 2019 ocupamos el cuarto puesto por detrás de grandes productores como China, Estados Unidos y Alemania. Para poder mantener este nivel de producción se ha impuesto el modelo de ganadería industrial intensiva, muy dañino para el medio ambiente.

Durante más de seis meses, Carro de Combate ha analizado, rastreado e investigado las cadenas de suministro de piensos para dar respuesta a estas preguntas. Fruto de esta investigación han publicado un informe llamado “Engordados con deforestación”, en él exponen la conexión entre las grandes marcas de porcino en España con la soja proveniente de zonas con un alto riesgo de deforestación, como las regiones brasileñas de la Amazonía y el Cerrado.

El problema viene al no existir en España un volumen suficiente de materias primas (cereales y oleaginosas) para dar respuesta a la demanda de piensos que exige la industria porcina de nuestro país –​​según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, durante el año 2020 la producción ha crecido en torno a un 8,2% en toneladas y un 6,5% en número de cabezas–, haciendo inevitable la necesidad de importar esta materia prima de otros países que cuentan con una gran producción: Brasil, Estados Unidos y Argentina. De hecho solo en 2020, dos tercios de los 3,5 millones de toneladas de habas de soja importadas en España procedían de Brasil, de las cuales un 87% fueron utilizadas en la producción de piensos.

En la actualidad también tiene consecuencias la guerra en Ucrania, uno de los grandes productores de cereales en Europa. Esto ha hecho que áreas que ya de por sí soportan mucha presión, se vean abocadas a la destrucción si no se toman medidas.

Un ejemplo es La Amazonía y el Cerrado, dos espacios de un alto valor ecológico, muy ricos en biodiversidad, que se están viendo ahogados por la deforestación causada por el aumento de los monocultivos de soja.

Según el informe de Carro de Combate, cada año España “importa” 32.900 hectáreas de deforestación, lo que nos posiciona en el tercer puesto de países europeos que más contribuyen a este problema medioambiental. En este sentido desde la Comisión Europea se busca acabar con ello y se ha propuesto prohibir las importaciones de materias primas –en las que se incluye la soja– que pudieran estar asociadas a la deforestación. El problema de esta propuesta es que solo protegería partes de la selva amazónica, mientras que otros territorios de gran valor ecológico, como las sabanas del Cerrado en Brasil, si se podrían seguir explotando sin ningún control.

Si se toma el Cerrado como ejemplo, solo en 2018 alrededor del 23% de las exportaciones de soja desde Latinoamérica a Europa procedieron de esta sabana tropical –la más grande de América del Sur– que alberga el 5% de la biodiversidad del mundo –entre la que encontramos especies amenazadas– y podría colapsar en 30 años si no se para la deforestación en pro de la expansión de la agricultura.

No todo está perdido

La buena noticia es que otra producción es posible. La ganadería extensiva y de pastoreo apuesta por una manera de producir más respetuosa con el medio ambiente y con el medio rural.

Como consumidores, cada vez que compramos un alimento es importante que nos preguntemos qué hay detrás y cuáles son las consecuencias de nuestra compra. Solo así podremos llevar a cabo elecciones conscientes y responsables, con las que exigir cambios que beneficien a las personas y el planeta. Optando por productos provenientes de la ganadería extensiva y del pastoreo de proximidad apostamos por productos que ayudan a mantener nuestros paisajes y los de otros territorios y favorecemos un medio rural vivo.

Fuente: Carro de Combate 

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